Cort. Señora, como parí, la madre me anda por el cuerpo como sierpe.
Loz. Señora, sahumaos por abaxo con lana de cabron, y si fuese de frio ó que quiere hombre, ponelle un cerote sobre el ombligo de galbano y armoniaco, y encienso, y simiente de ruda en una poca de grana, y esto la hace venir á su lugar, y echar por abaxo y por la boca toda la ventosidad, y mire vuestra merced que dicen los hombres y los médicos, que no saben de qué procede aquel dolor ó alteracion, metelle el padre; y peor es que, si no sale aquel viento ó frio que está en ella, más mal hacen hurgándola, y con este cerote sana, y no nuez moscada y vino, que es peor, y lo mejor es una cabeza de ajos asada y comida.
Cort. Señora, vos no os habeis de partir de aquí, y quiero que todos os obedezcan y mireis por mi casa y seais señora della, y á mi tabla, y á mi bien, y á mi mal, quiero que os halleis.
Loz. Beso las manos por las mercedes que me hará y espero.
MAMOTRETO XXIV.
Cómo comenzó á conversar con todos, y como el auctor la conoció por intercesion de un su compañero, que era criado de un embaxador milanés, al cual ella sirvió la primera vez con una moza no vírgen, sino apretada. Aquí comienza la parte segunda.
Silvio. Quien me tuviera agora que aquella mujer que va muy cubierta no le dijera cualque remoquete por ver qué me respondiera, y supiera quién es, ¡voto á mí que es andaluza! en el andar y meneo se conoce; ¡oh qué pierna! en vella se me desperezó la complision, por vida del Rey, que no está vírgen; ¡ay qué meneos que tiene! ¡qué voltar acá! siempre que me vienen estos lances vengo solo, ella se pára allí con aquella pastelera, quiero ir á ver cómo habla y qué compra.
Auctor. ¡Hola! ¿acá? ¿acá? ¿qué haceis? ¿dó is?
Silv. Quiero ir allí á ver quién es aquella que entró allí, que tiene buen aire de mujer.