El Gouernador puso por escusa su enfermedad, diziendo que a causa della no auia podido hazer mas, pero que, pues el capitan Pedro Brauo hera de aquel parezer, que el se esforcaria a caminar e yria al canpo, y juntamente con esto le rrindio las gracias del socorro que le daua; y pareciendole que hera honvre de sufyciente juicio y autoridad para rregir y governar vien la jente de su canpo, le nonbro luego por su theniente general, asi en las cossas de la guerra como en las del gouierno, y por capitan de a cauallo, y desto le dio muy vastante poder y conduta. Los soldados del capitan Pedro Brauo no quysieran que su capitan hazetara estos cargos ni que se metiera devajo de la uandera del Gouernador, sino que, como capitan que uenia de otro distrito, se estuviera por si, y con su uandera y jente hiciera lo que deuia; mas al capitan le parecio que hera mas honrra y prouecho suyo y de sus soldados azetar los cargos que el Gouernador le daba, y al fyn lo hizo asi, y con ellos entendio durante el tienpo questuvo en el canpo, en seruir al Rrey muy bien.

Demas desto ofrecio el Gouernador a los soldados que auian ydo en su socorro con el capitan Brauo, que si tenia nezesidad de algunas cosas de auio para sus soldados y criados que se lo dijese y lo proueheria, algunos de los quales, mas por entender asta donde se entendia la liueralidad del Gouernador que por aprouecharse de lo que les podia dar, dijeron que les proueyesen de lo que auian menester y que hellos se obligarian a pagarsselo, porque gratis no querian nada, sino en todo seruir al Rrey y a ssu costa. El Gouernador les dijo que hera contento, y luego mando a vn mercader que a cada soldado le diese para su auio vna dozena de herraje, que son beinte y quatro herraduras con sus clauos, y no mas, y con esto le parecio que hirian los soldados bien pertrechados y a poca costa, los quales le rrindieron las gracias por el auio y no quysieron rreceuir cosa alguna del, y quedaron con alguna ocassion de pasatiempo o murmuracion de la largueza del Gouernador; y luego, el propio dia, se partieron el Gouernador y el capitan Brauo y los demas que de Merida avian salido, y otros que de otro pueblo llamado Trujillo, de la propia Gouernacion, se auian juntado, que hirian por todos mas de sesenta honbres, y caminando parte de la noche, el siguiente dia[504], en amaneciendo, yendo caminando hazia donde estaua el general Gutierre de la Peña, llego vn mensajero con vna carta que Lope de Aguirre screuia al Gouernador, y deteniendose a uer lo que hen ella dezia, fue leida de suerte que todos la entendieron, y lo que hen ella se contenia hera esto:

«Muy magnifico señor: Entre otros papeles que de vuestra merced en este pueblo se hallaron, estaua vna carta suya a mi dirigida, con mas ofrecimientos y preanbulos que estrellas ay en el cielo; y para conmigo y mis conpañeros no auia necesidad de que se tomase ese trauajo, pues se yo asta donde llega su ciencia, y en lo que toca hazerme mercedes y fauorezerme con el Rrey[505] fue superfluo lo que vuestra merced me ofreze, porque bien se yo que su priuanza ni pujanza no llega al primer nublado, y si el Rrey despaña ouiera de pasar por la lid que entre vuestra merced y yo se hiciera, yo lo hazetara y aun diera a vuestra merced las armas abentajadas; mas todos los tengo por ardides de los que vsa con ellos[506] caualleros que ganaron y poblaron esta tierra para que vuestra merced, con sus dos nominativos, les uiniese a rrouar su sudor, con titulo de dezir que viene hazer justicia; y la justicia que se le haze es ynquyrir como conquistaron la tierra, para por esta uia hazelles guerra.

»La merced que de vuestra merced quiero, es que no curemos de tentarnos las corazas, pues saue vuestra merced lo poco que hen ello puede ganar, porque mis compañeros se an dado tan poco por sus perdones quanto es rrazon, y tienen prosupuesto de uender las vidas muy vien bendidas.

»Yo no pretendo nada en esta tierra mas de que por mis dineros me provean de algunas caualgaduras y de otras cosas, que, demas de pagallas muy bien, rreseruara vuestra merced su Gouernacion y pueblos della de artos daños que yo y mis conpañeros le haremos si por otra uia nos quysieren lleuar, porque en las muestras que en la tierra emos uisto, nos an puesto alas y espuelas para no detenernos hen ella; que por vnas caperuzas o sonbreros y lanzas que por huir vnos soldados de vuestra merced dejaron en el camino, emos uisto quan medrados estan los demas.

»Y boluiendo a la carta, no ay para que vuestra merced diga que andamos fuera del seruicio del Rrey, porque pretender yo y mis conpañeros por las armas hazer lo que hizieron nuestros antepasados, no es yr contra el Rrey, porque al que nos hiziere las hobras ternemos por señor, y al que no, no le conozemos; y asi a muchos dias que nos desnaturamos de España y negamos al Rrey della, si alguna obligazion de seruille teniamos, y asi hizimos nueuo Rrey, al qual obedecimos, y como uasallos de otro señor vien podemos hazer guerra contra quyen emos jurado de hazella sin yncurrir en ninguna nota de las que por halla se nos ponen; y concluyendo en todo digo que como vuestra merced y sus rrepublicanos nos hizieren la uezindad, que asi les haremos las hobras; y que si nos buscaren, que aquy nos hallaran las manos en la masa, y mientras mas ayna nos dieren el auio que le suplico me den, con mas breuedad nos yremos desta tierra.

»No me ofrezco al seruicio de vuestra merced, porque lo terna por fynxido ofrescimiento. Nuestro Señor, la muy magnifica persona de vuestra merced &. Su servidor, Lope de Aguirre

Leyda esta carta, el Gouernador rrespondio a los questauan presentes: «Pluuiera[507] a Dios que el subceso desta guerra se dejara entre mi y Aguirre, que aunque el desgarra tan largo por su carta, yo hiciera con el lo quel dize que hiciera conmigo, y a buen sseguro que nos quedaramos con la uitoria. Mas, pues que Dios lo quiere asi, demosle gracias, que nuestros pecados deuen ser causa de tanto mal, que asta aquy viniesen alcanzarnos las centellas del Piru, y darnos estos desasosiegos, y ponernos en aprieto»; y todo esto tan aconpañado de lagrimas, que pusso admiracion a los questauan presentes en uer que[508] con quanto sentimiento hablaua el Gouernador; y asi se murmuro largo esta rrespuesta, lo qual sintio el Pablo Collado y despues se la pagaron todos acauada la guerra.

Y caminando aquel dia, a ora de mediodia llegaron a donde estaua el general Gutierre de la Peña con la demas jente, los quales, con la llegada del capitan Brauo y de los demas que con el yban, rreciuieron tanto animo y contento y alegria, que la duda que asta halli tenian de la uitoria se les convirtio en vna muy cierta esperanza de auella, y se tenian ya por tan vencedores como si tuuieran muerto al traidor.

El capitan Brauo, a fin de animar[509] la jente del Rrey y admedrentar los contrarios, entro diziendo y publicando que en su pueblo, que hera Merida, quedaua vn Oydor del Nueuo Rreyno con quinientos honbres, y que el benia con hobra de ducientos soldados a entender los desinios del Aguirre; y sucedio que luego, en aquel ynstante o aquella noche, se huyo vn sclauo del propio canpo del Rrey a donde estaua Lope de Aguirre, y le dijo que entonzes auia llegado vn capitan del Rreyno con ducientos honbres, y que el los auia visto y traian muchos aderezos de guerra. El Aguirre mostro no hazer caso de lo quel negro le dezia, pero sus soldados lo creyeron, y luego se les cayeron las alas, y no las tenian todas consigo, pareciendoles quera mucha jente la quel sclauo dezia, y que no podrian dejar de ser muertos o desuaratados, y asi propusieron muchos dellos den hallando oportunidad, huirse y pasarse al canpo del Rrey, para gozar de los perdones que el Gouernador les daua.