Viendo Lope de Aguirre la mucha nezesidad de comida que pasaban en el fuerte, y que cada dia se le huian algunos soldados, acordo de hecho dar la buelta, y un lunes por la mañana, que hera uispera de San Simon y Judas[520], auiendo ya comunicado ssu partida con sus amigos, quyto todas las armas a la mayor parte de sus soldados, y cargandolas con las demas municiones en las caualgaduras que alli tenian, dixo que diesen la buelta. Los soldados le dixeron que donde qneria yr y los queria lleuar sin harmas para que los matasen y dagnifycasen los contrarios, y que demas desto, no hera cosa honrrosa ni prouechosa para hellos boluer atras, sino pasar adelante; y esto le decia con[521] mucha osadia.

Lope de Aguirre, uiendo que la jente se le desuergonzaua y enojaua, acordo boluerles las armas, por uer si podia hacer del ladron, fyel, pidiendoles perdon, y diziendo que aquel yerro auia echo, y no otro, en toda la jornada, que le perdonasen, que teniendo entendido qne sus boluntades e yntenciones heran muy al contrario de lo que entonzes mostrauan, los auia desarmado. Algunos no quysieron rreceuir las armas, como honbres afrentados de lo que Aguirre auia hecho, a los quales el propio Aguirre en perssona yba a rrogalles que las tomasen, no atreuiendose a husar del rrigor que asta halli, por que ya no hallaua en sus secazes tanta calor para hazellas como de antes; y esto le parecio porque en esta sazon quyso matar a su capitan Juan Geronimo de Espindola, porque le rrespondio atreuidamente a ziertas quexas que el traidor daua de sus marañones, que quando se le huian en la Margarita y Burburata los soldados que ni los hiciera buscar y biera entonzes los que le auian quedado y le heran amigos[522], pero que el y sus amigos traian a muchos forzados en su conpañia; que no se marauillase de que le negasen, especialmente haziendoles las hobras que les hazia, y nunca hallo, como se a dicho, calor en sus amigos para matar a este Espindola.

Otros le dieron por parezer que ya que se queria boluer, que hera mejor caminar de noche que no de dia, porque no serian vistos del canpo del Rrey, y asi no les seguirian; y estando en esta grita y barahunda asomaron sobre el fuerte el capitan Brauo y el Maese de canpo con alguna parte de su jente, y comenzaron a dar bozes que se pasasen al Rrey y no siguiesen al traidor que los queria lleuar engañados; y estando en estas y en otras platicas, vieron que ciertas piezas del seruicio de Aguirre andauan en el rrio, y el Maese de canpo y el capitan Brauo acordaron yllas a tomar, lleuando consigo otros catorze o quinze soldados, y bajando escondidamente hazia donde las piezas estauan, dejaron mandado a las espias que si alguna jente saliese del fuerte hazia donde hellos yban, que con vna espada desnuda les hiziesen señal para que se guardasen.

Algunos de los amigos de Aguirre estauan con sus arcabuzes ojeando a los demas del Rrey que sobre la uarranca auian quedado, dandoles uoces y llamandoles que se pasasen, los quales vieron yr al Maese de canpo y a los demas que yban a tomar las piezas, y dando auiso dello a Lope de Agairre, enuio luego a su capitan Joan Geronimo de Espindola con asta quinze arcabuzeros a que fuesen a rrecoxer las piezas y que estoruasen a los del Rrey que no las tomassen. Las espias, como uieron yr a los arcabuzeros del Aguirre hazia donde el Maese de canpo estaua, comenzaron a hazer señal, y no curando el Maese de canpo de la señal que se le hazia, siguio su camino adelante hasta que llego a bista del capitan Espindola y de los demas que el Aguirre auia enuiado, y luego, como los uio, dio la buelta para rrecojerse, porque no le hiciesen algun daño con los arcabuzes.

El capitan Espindola y los demas, como los uieron rreboluer, apresuraron el paso para alcanzallos, y llegando algo zerca dellos, dijeron: biua el Rrey, caualleros; viua el Rrey, caualleros, a muy grandes uozes, y el Maese de Canpo y el capitan Brauo y los demas, como oyeron la boz del Rrey, esperaron y azercandose o juntandose los unos con los otros se saludaron muy amigablemente, y los de a cauallo rreciuieron a los otros a las ancas de sus cauallos y se suuieron con ellos a la uarranca. El capitan Espindola les dijo que se esperasen y estuuiesen por alli a uista del fuerte, que todos los mas se les pasarian; y tomando consejo el capitan Brauo a todos estos ssoldados, se fue con acuerdo del Maese de campo a dar quenta de hello al Gouernador y General, que estauan en el alojamiento con la demas jente.

Uisto por los otros alcabuzeros de Aguirre questauan ojeando a los de la varranca, la pasada del capitan Espindola al canpo del Rrey, acordaron hazer hellos lo mismo, porque les parecio que se les hazercaua su perdicion y que todos los demas auian de hazer lo mismo; y asi, estandolos mirando Aguirre y creyendo que yban hazer alguna aremetida, se fueron a donde estaua el Maese de campo y los demas, diziendo: viua el Rey, que a su seruicio venimos, y luego dijeron al Maese de campo que se auajase al fuerte, porque los que estauan dentro no se defenderian, sino que luego se le darian, que heran los de quyen Aguirre se temia. El Maese de canpo luego con los que alli estauan, comenzo a uajarse hazia el fuerte.

Viendo los que dentro del fuerte auian quedado que ya se azercauan sus contrarios, queriendo gozar de los perdones, delante de su capitan Lope de Aguirre se salieron del fuerte, y caminando hazia donde el Maese de campo uajaba, lo rreciuieron con la voz de «biua el Rey», y le dijeron como quedaua solo Lope de Aguirre y le auian desanparado todos, sino ssolo vn Anton Llamoso, que hera capitan de su guarnicion, que quedandose dentro del fuerte con Aguirre dixo quel auia sido su amigo en la uida que tanuien lo queria ser en la muerte; y asi todos estos soldados se boluieron aconpañando al Maese de canpo del Rrey para quytar la uida al traidor de su capitan.

El Maese de Campo, uiendo la uitoria que entre las manos tenia, enuio luego vn mensajero de los que alli estauan de a cauallo para que por la posta fuese a dar auiso de lo que pasaua al Gouernador y al General y a los demas; lo qual sauido por ellos, luego todos de tropel se partieron hazia el fuerte donde estaua Aguirre. Otros dizen que al tienpo quel traidor de Aguirre estaua fuera del zercado, mirando sus arcabuzeros el daño que hazian en los que sobre la uarranca les estauan dando bozes, que los soldados que auian quedado en el fuerte del salieron por vnas flacas paredes de bahareques que a las espaldas tenia, despues de auer uisto la pasada de los demas y que no tenia Lope de Aguirre quyen boluiese por el. Sea de la una manera o de la otra, hellos se fueron y le dejaron ssolo.

Uiendolos el yr delante de sus ojos, crehese que diria entonces Aguirre: «O marañones, que bien me dezia Antonico que me auiades de dejar en manos de mis enemigos», como otras vezes, lo auia dicho quando se le huia algun ssoldado.

CAPITULO NOUENTA Y UNO