CAPITULO ZYNQUENTA

Que trata de como el Gouernador de la Margarita fue auer Aguirre, y de lo que con el passo, y como lo prendio y sse vino al pueblo.

Amanecido el martes por la mañana, llego Don Joan de Uillandrando, ciego con su codicia el y sus conpañeros, con otros que en el camino se les auian juntado, a onde Lope de Aguirre estaua, el qual todauia tenia su gente de guarnicion metida en el uergantin debajo de la cuuierta del nauio, todos armados y puestos a punto de guerra; y biendo uenir al Don Juan, gouernador, y a los demas, salio al camino a el con algunos amigos suyos, y encontrandose los unos a los otros, los uezinos y el Gouernador se apearon de sus cauallos, y el Lope de Aguirre llego al Gouernador humillandosele y haziendole tan gran acatamiento que casi le queria vesar los pies, y lo mismo hicieron todos los que con el benian, asi el[360] Gouernador como los demas uezinos, y en señal de seruicio les tomaron algunos de los de Lope de Aguirre los cauallos a los uezinos y se los lleuaron atar algo lejos, porque no se pudiesen aprouechar dellos.

El Gouernador, conociendo por capitan de aquella gente a Lope de Aguirre, le abraco y se ofrecio a su seruicio, ofreciendole su casa y todo lo que hen ella tuuiese para el y para sus amigos y haziendole otros muchos jeneros de cumplimientos. Lope de Aguirre, asi mesmo, daua gracias a Don Juan con muy encarecidas palabras por la merced que se le ofrecia, y a cauo de buen rrato questuuieron hablando alli en pie vien fuera del proposito del traidor, apartose Lope de Aguirre y fuese al uergantin a ahablar[361] con sus soldados, dejando en platicas con el Gouernador y becinos a los otros sus soldados que alli auian salido con el, a los quales dijo questuuiesen a punto para quando el los mandase saltar en tierra; y boluiendose luego a donde el Gouernador y los demas estauan, hizo otro muy grande acatamiento, con mucha sobra de crianza y abundancia de malicia, y enderezando su platica al Gouernador, le dijo: señor, los soldados del Peru, como son tan curiosos y militares en las jornadas de Indias, mas se an presciado y precian de traher consigo buenas armas que no rricas rropas ni vestidos, aunque sienpre los tienen sobrados no mas de para uien perezer, suplican a vuestra merced, yo de mi parte se lo pido de merced, que les de vuestra merced lizencia para que puedan sacar consigo sus armas y arcabuzes porque no se les queden perdidos en el uergantin, y con hellos tanbien podia ser hazer algunas ferias con los señores vezinos.

El Don Juan, como hera mozo y con cudicia de uellos fuera y uer el aparato que traian, dijo que se hiziese como hellos mandasen. A otros pareze que aunque fuera muy biejo y muy espirimentado en cosas de guerra, que no auia mas que rresponder, porque los propios amotinadores afirman que aunque rrespondiera otra cosa le prestara muy poco, porque ya le tenian zercado los traidores y enlazado de manera que avnque se quysiera yr no pudiera.

Lope de Aguirre se boluio al uergantin con toda liueralidad y dijo a los soldados que en el estauan: «ea, marañones, aguza vuestras armas y limpia vuestros arcabuzes[362], que los traeis humedos de la mar, porque ya teneis licencia para sacar en tierra vuestras armas, y aunque no se la dieran, bosotros la tomarades», y luego al momento hicieron una muy gran salua, soltando toda su arcabuzeria, y saliendo todos sobre la cubierta del bergantin, hicieron muy grande muestra de cotas y lancones, y alabardas, y arcabuzes, y agujas.

Abiendose Lope de Aguirre buelto a donde estaua Don Joan, a dezille que sus soldados le uesauan las manos por la licencia que les auia dado; y apartandose de Don Joan se boluio otra uez a donde estauan sus soldados, al uergantin, a dezilles lo que auian de hazer. El gouernador Don Juan, pareciendole mal tantas armas y jente, se aparto vn poco con sus uecinos y trataron entre si lo mal que a todos parezia aquello que auian bisto, y comenzaron a tratar el horden que tendrian en quytalles las armas, ynorando todauia la traicion y alteracion de aquella jente, porque como aquella ysla y la gente della nunca auian uisto jente amotinada ni pensasen que podia ser aquello, mas de que todauia creyeron que hera como se le auian dicho, jente perdida, y que sacauan aquellas armas para su rresguardo y para que no les hiciesen mal, y por esto, como se a dicho, tratauan entre si de la horden que tendrian en desarmallos. Si era con codicia o no, Dios lo saue, pero hellos trocaron entonzes la cudicia por su liuertad.

Lope de Aguirre, tomando algunos de sus amigos armados y mandando que toda la jente armada saltasen en tierra, se boluio hazia donde el dicho Don Juan estaua, y mudando[363] el estilo de la crianza de que antes auia vsado, les dijo: «Señores, nosotros vamos a Piru, donde de hordinario ay muchas guerras y aluorotos, y somos ynformados que vuesas mercedes, por parezelles que no yremos con tan buenos pensamientos de seruir al Rrey como querrian, no nos han de dejar pasar y nos an de querer poner algun estoruo e ympedimento a nuestro uiaje y jornada; por tanto, conuiene que vuestras[364] mercedes dejen las armas, pues demas de lo dicho, es cierto que no nos an de hazer tan buen tratamiento y conpañia como es rrazon, y asi sean presos y se den por nuestros prisioneros; y esto no mas de para que con mas breuedad se nos mande dar todo el abiamiento ques rrazon y nosotros auemos menester para nuestra jornada.»

El Gouernador y los demas, pareciendoles que ya yba muy mal aquel negocio, se rretiraron hazia atras diciendo, «ques esto, ques esto», y los amotinadores, yendose para hellos, les pusieron a los pechos muchas lanzas y agujas y arcabuzes, y asi los hizieron estar quedos y les quytaron las armas y las uaras y los cauallos que tenian, aposesionandose los amotinadores en algunos de los cauallos que alli tenian, fueron a muy gran priesa a tomar los pasos y caminos para que ninguno se pudiese yr a dar mandado al pueblo de lo que pasaua; y topando[365] algunos uezinos en el camino los desarmauan y quytauan las caualgaduras y los lleuauan tra si a pie; y para que no se detuviesen mas alli mando marchar la jente hacia el pueblo.

Tomo Lope de Aguirre el cauallo del Gouernador, y caualgando el en la silla, conuido al Gouernador a que cabalgase en las ancas, el qual, como estaua tan apasionado del mal suceso, no quyso caualgar, y bisto esto, Lope de Aguirre se apeo e dijo: ea, pues, marchemos todos a pie; y habiendo caminado vn poco encontraron[366] con el maese de campo y toda la jente del otro uergantin, que benian marchando hazia donde Lope de Aguirre auia desenbarcado, y juntandose y holgandose mucho del buen suceso los vnos con los otros, comenzaron a marchar todos juntos hasta el pueblo. Lope de Aguirre torno a conuidar al Governador a que caualgase en las ancas del cauallo, el qual viendo lo poco que le aprouechaua enojarse y quel caminar a pie le cansaua, acordo de caminar a las ancas de su cauallo, yendo Lope de Aguirre en la silla. A toda la jente del pueblo que en el camino topauan los amotinadores, los desarmauan y les quytauan los cauallos y los lleuauan tras de sí, como esta dicho.