CAPITVLO V.
Del estilo que se ha de tener en entrar en Escuelas, y estar en ellas.
Mvy Limado y puesto en razon està en todas las Escuelas, el estilo de entrar y estar en ellas, y especial en la de mi Maestro, que es la que yo mas he cursado, y de donde yo he sacado y aprendido toda la doctrina inclussa en este Tratado: y es muy cierto que no ay Escuela que oy no la obserue y guarde, por ser tal, aunque vnos con mas obseruancia que otros. Esto consiste en la entereza de los Maestros, porque ay algunos, que aunque no ignoran lo que deben hazer, dexan passar por alto algunas cosas, por no parecer prolijos ni desabridos cõ los que assisten a las Escuelas. Mas yo no puedo dexar de escribir lo que en este articulo alcanco, por ser vno de los mas importantcs; y que no es bien dexe de estar impresso, por si alguno quiere poner Escuela, sepa, sin preguntar, lo que à de hazer: porque los Maestros que oy son (como tan diestros) no lo ignoran, antes cada vno de por si puede hazer vn Tratado que auentaje a este, por estar mas en todos los puntos, y ser mayor su obligacion de estar en ellos, como tales Maestros. Y la causa de no auer ninguno escrito del Arte, es, porque la mucha ocupacion no les dá lugar; y el escriuir qualquier cosa, quiere mucho desembaraco. Digo pues, que qualquier persona que entràre en las Escuelas, debe en primer lugar hazer la cortesia al Maestro, y luego a los circunstantes, y tomar el assiento que pudiere, o el que le dieren; que deben los circunstantes ofrecersele. Debe el Maestro al que entràre cõ el modo que he dicho, quitarle el sombrero, aũque estè tañendo pot su entretenimiento; mas si tañere dançando alguno, cumple solo cõ baxar el rostro: porque no es estilo en tal ocasiõ, dexar de tocar, sino es entrando vn Iuez, como Oydor, o Alcalde de Corte, ò otro juez desta calidad. Y si el que entra es algũ Maestro, ha de aguardar a que el discipulo acabe de dançar, y luego leuantarse y ofrecerle su silla y instrumento, haziẽdo en ello mucha instancia: lo qual si yo fuera el Maestro forastero, no aceptàra; y lo que hiziera, fuera, sentarme al lado de el Maestro, y si huuiera otro instrumento, le tomàra y tocàra a la par con el otro Maestro. Y por esta razon, y por si falta vna puente, o cuerda, es mal hecho que el Maestro estè en su Escuela con vn solo instrumento. Esto de juntarse dos Maestros en Escuelas, sucede pocas vezes: porque los Maestros de reputacion, jamas han de faltar de su Escuela a la hora acostumbrada, especialmente de noche; sino es tal vez, siendo combidado para juzgar algun reto, o otro accidente; y aun para esto debe auisarlo la noche antes, porque los dicipulos no se enfaden hallando cerrada la Escuela. Y si la ocasion se mueue a tiempo que no pueda dar la noticia, debe otro dia en juntandose los discipulos, darles la disculpa, porque cõ esto, aunque aya hecho falta, los dexa gustosos con la satisfacion. Suelen entrar algunos en las Escuelas sin hazer cortesia a nadie, y salirse de la mesma suerte: y otros, que si la hazen, es en comun, o à algun particular amigo que alli tienen. Esta aunque es ignorancia, no es crassa, como la primera: porque el que no sabe de Escuelas, no tiene obligacion de saber si a de singularizar al Maestro: mas el que no la haze a nadie, debe de obligacion saber, que a toda aquella gente se ha de hazer cortesia. Esto se murmura la primera y segunda vez; mas si a la tercera no se enmiẽda, ya se puede presumir q̃ vno y otro es maliciosamente hecho, pues en las dos vezes que ha entrado en la Escuela, no puede dexar de auer visto entrar a otros, que sabẽ lo que an de hazer. Y puesto que no saca fruto de ver, es bien se le diga, o por el Maestro, o por vn discipulo diestro, o antiguo que allí se hallàre, y advertirle por muy cortes modo, por no ocasionar a disgusto. Y tal faccion como esta siempre la executa el discipulo mas antiguo, o diestro. Antes que se empiece a dançar en las Escuelas, no se debe dar lugar a que nadie estè en pie ni passeãdose, sino assentados; y el que no tuuiere donde sentarse, se ha de poner en parte q̃ no estorue. Si entran algunas mugeres en la Escuela, debe el Maestro leuantarse cõ mucha cortesia, y acomodarlas en parte q̃ no esten junto a los hombres, ni conuersando con ellos. Y lo que yo hiziera, fuera tener vnas tarimas a mi lado donde sentarlas con mucha decencia: porque de otra suerte tiene mal remedio. Y esto de no cõsentir esten las mugeres con los hombres, se debe hazer aunque vengan con sus maridos, o hermanos, porque los circunstantes no lo sabẽ: y si acierta a entrar vn juez, no lo puede saber, y debe euitar la comunicacion, o por lo menos aueriguar la verdad: lo qual cessa con hallarlos apartados. Mientras se dança, se ha de tener tanto silencio, que por ningun caso se ha de oir hablar, ni reir a nadie; por que es vna de las descortesias mas dañosas que se hazen, y especial la de la risa, por dos cosas. La primera, porque siempre el que dança, colige que se rien del. La segunda, porque el ruido por poco que sea, embaraça el oido del que dança, mayormẽte si es discipulo moderno, o tiene poco oido: y del reir quãdo se dãça, o por caida, o por algũ mouimiẽto mal hecho, o por otro acidente, se hã originado muchos retos. Quando el q̃ dãça haze la reuerencia, debe hazerla a todo el auditorio, y todos deben quitarle el sombrero. No debe dar lugar el Maestro, a que dãçãdo atrauiesse ninguno por entre el Maestro y el que dança: y esta en si bien se conoce es descortesia euidente. Si algun discípulo viene a la Escuela a dançar con malos çapatos, o roto el vestido, de suerte q̃ se le vea la camisa, o pũtos en las medias, o otro desasseo deste genero, debe el Maestro corregirlo: porque el desaliño, ya se vè, es muy mal parecido, especialmente para dançar. No puede ninguna persona pedir, de suerte que se oyga, a ninguno que se dãce particularmente alguna pieça, sino aguadar a que se dance en Escuela, pues alli se executa todo quanto ay que ver: que esta particularidad solo la puede pedir el Maestro, por complacer a quien quisiere. No debe ningun Maestro dar lugar a que en su Escuela se murmure de otros Maestros, ni discipulos, ni de otra persona alguna, antes reprehenderlo, y reñirlo, porque a el solamẽte le toca: y aueriguada la murmuracion, se le culpará mucho al Maestro auerla cõsentido. Por todas estas razones que hé dicho en este Capitulo, no tan solamente se deben frequentar las Escuelas para saber dançar, sino tambien para aprender cortesia, aliño, compostura, y bien hablar, y a ser capazes de muchas materias: porque los que estan en Escuelas, miẽtras no se dança, se habla de la destreza de las armas, de la Gramatica, de la Filosofia, y de todas las demas auilidades que los hõbres de buen gusto professan; de que los oyentes suelen salir aficionados, y desseosos de seguir los passos que los demas. Ha auido muy pocos que dancen, que no ayã frequentado las armas; porque como se hallan diligentes y prestos de pies, y cõ fuerça en las piernas, y tienen los oydos llenos de oyr en la Escuela tratar de la destreza, que es de lo que mas se trata, en viendose con medianos pulsos, van à aprẽder: y estos tales se hazen capazes mas apriessa, que el que no sabe dançar. Y por esso el dançar y juego de armas los tẽgo por hermanos, porque ambas cosas en vn sujeto se dan muy bien las manos. Y en este Tratado podia yo poner muchos diestros de ambas auilidades, como lo son Alberto de la Cuesta, Familiar del Santo Oficio: Iuan de Pastrana, Escriuano de su Magestad, vezinos de Madrid, y otros muchos que no pongo por no ser enfadoso. Y singularizo estos dos, porque efectiuamente estan en esta Ciudad obrando ambas cosas con excelencia, que es notorio a todos los que los conocen.
CAPITVLO VI.
De las propridades que deben tener los Maestros.
Octaua del Autor, al que quisiere ser Maestro.
Si ser Maestro intentas elegante,
Y que alabe tu fama el Orbe todo,