El Suri es la nube. Su carrera, es la que le impulsa el viento en el aire. El mortero es el objeto en el que se muelen las mieses producidas por la lluvia, de que aquel es portador. El Sapo, junto con la nube, llegando al mortero, representa, sin duda, otro elemento atmosférico.
[313] Así, sería posible que, para que no caigan ni piedra ni granizo, y sí lluvia, se castigaran con rupachico á los sapos estaqueados.
[314] L’Urubú et le Crapaud, pág. 203 y sigtes. del Folk-lore Brésilien, por F. J. De Santa Anna Nery, París 1899 (cit., por Ambrosetti, Notas etc., págs. 236 y 237).
[315] «Retrerez-vous pierres et rochis, criat’il en approchant de terre, ou je vous écrase».
[316] Tan interesante fábula ha dado tema á la siguiente poesía:
EL SAPO Y EL URUBÚ
Invitados á unas fiestas en el Cielo Son el Sapo y Urubú de largo vuelo. «Oh! compadre! me han contado que va á irse Á las fiestas,—dijo el Cuervo, por reirse. Sí, mi amigo,—dice el Sapo, muy ufano, Ir mañana he decidido, bien temprano. Más que todo, una ascensión me es necesaria ..., Que harto sufro con mi vida sedentaria. A seguirle me dispongo, pero cuento Con que lleve, bien templado, su instrumento». «Tengo lista mi vihuela,—dijo el Cuervo, Y usted cuente, señor Sapo, con un siervo; Más su bombo precisamos en la fiesta, El bum! bum! acompasado de la orquesta». El buen Cuervo, con luciente, negro traje Está listo de mañana para el viaje. «Buenos días»; «que los tenga; tome asiento, Dijo el Sapo,—deje á un lado su instrumento». «Usted sabe que yo marcho dulcemente».... «Si le place, partiré primeramente». Y metióse, sin ser visto, en la vihuela. A la hora el Urubú con ella vuela. Cuando llega, le interrogan los del cielo Por el Sapo y otras cosas de este suelo. «Vaya! vaya! ¿imaginabais,—les contesta, Que aquel joven asistiera á vuestra fiesta Por vivísimo que fuera su deseo, Cuando es largo para el Cuervo este paseo? Si en la tierra ni cien saltos aventura, ¿Es posible que remonte tal altura?» Lo cual dicho, su vihuela deja á un lado, Ocupando su lugar de convidado. De improviso, deja el Sapo su escondite, Y aparece muy finchado, en el convite. Gran asombro en la asamblea! Baila y canta Con el trémolo fugaz de su garganta. Cuando acaba, todo el mundo victorea, Y es el mismo del aplauso en la asamblea. Canta el Cuervo, y habla el Cuervo. Mientras dura Su discurso, el ardidoso se apresura O ocultarse nuevamente en la guitarra, Pues termina ya la célica fanfarra. Baja el Cuervo del empíreo firmamento, Más ya sabe quién hospeda en su instrumento. ¡Como nunca, la venganza es oportuna! Cuando pasa por debajo de la Luna, De improviso la vihuela vuelca y baja, Escapando por la boca de la caja El viajero de los aires y del cielo Sin más alas que sus patas para el vuelo. De las nubes cae el Sapo, como cosa, Y así grita con palabra lastimosa: «No en vosotras, piedras, rocas, de mi pecho! Oh! arenas! preparadme vuestro lecho!» Malicioso el Urubú, cuando súplica, «¡Es tan rápido su vuelo,—le réplica, Y seguro al mismo tiempo, mi compadre, Que sin duda fué un águila su madre!»
Cuenta el Sapo que las manchas de su lomo Le salieron con su caida como un plomo; Pero niega que esta historia, ya muy vieja, Tener pueda su estilada moraleja.
[317] Notas cit., pág. 237.
[318] En nuestro Pomán hay un lugarejo que se denomina Apoycco (Apu-Yaco), que dice:—Agua Señor—por la construcción de la doble palabra quichua.