Si bien en la escritura ideográfica y simbológica de las telas peruanas el signo cruciforme aparece con bastante repetición, con distintos motivos y bajo diversas formas, como lo vimos en el capítulo II, bastará recorrer el material iconográfico que en seguida ofreceremos, para convencernos desde el primer momento de que la Cruz, en su carácter de símbolo acuático, desempeña en Calchaquí un papel mucho más importante y trascendental que en el Perú, reproducida aquella profusamente en nuestra rica cerámica, especialmente sobre la superficie externa de la alfarería funeraria, de cuyo interesantísimo estudio fuimos iniciadores el año de 1896, sin atrevernos en ese entonces á efectuar otra cosa que una tentativa de interpretación de lo que aparecía pintado con una repetición llamativa[224], fijando la atención en los signos cruciformes, respecto á los cuales aventuramos posteriormente con éxito algunas ya meditadas opiniones[225]; y, sea dicho en verdad: quedó desde entonces iluminado el obscuro é intrincado, cuanto misterioso asunto.
El emblema de la Cruz encuéntrase especialmente figurado en los pechos ó mamas de las representaciones funerarias acuáticas, ó más bien dicho, de las cántaras ó vasos antropomorfos; pero raro será dar,—al menos nosotros no lo sabemos,—con figuraciones cruciformes en los fetiches. Es sobre el cuerpo de la figura mítica viviente de las urnas funerarias que la Cruz aparece reiteradamente repetida, sirviéndonos este solo hecho para llegar á establecer definitivamente su valor como emblema sagrado.
Las cántaras ó grandes vasos votivos de dos ó tres tipos diversos, generalmente de unos setenta centímetros de alto, son clasificados como funerarios, no precisamente porque sirvan de depósito invulnerable de restos humanos, sinó porque son enterrados rodeando al cadáver, en muchos casos, como objetos sagrados que rememoran un anhelo, una demanda, un acto propiciatorio.
Nosotros, que hemos practicado numerosas excavaciones en los valles de Calchaquí; que hemos removido el suelo del gran panteón de la Apacheta, á media jornada de Amaycha, y que hemos abierto á picadas los allpataucas ó mounds de Tafí,—contrariamente á lo que se ha escrito, podemos asegurar que con poca generalidad estas urnas, de estrecha boca circular y reducida capacidad, guardan restos de párvulos, sacrificados en la conjuración al Chiqui ó en la propiciación á los dioses atmosféricos, pues la práctica de tales sacrificios de que nos dá concluyentes noticias el P. Las Casas[226], y de la que quedan rastros visibles en Calchaquí, era excepcional, colgándose hoy mismo el árbol en sustitución de humanas víctimas, niños amasados con cuajada de leche, ó huahuas de pan[227]. Dada la capacidad de las urnas, y examinados los restos humanos encontrados, vése que los sacrificados eran recién nacidos. En otras urnas descubrimos huesos de pequeños animales, sin duda de cuyes («conejos de la tierra»), con los que se efectuaba tal sustitución de las humanas víctimas, lo mismo que de liebres, llamas, etc., cuyos despojos repartíanse en las urnas, que se desentierran tapadas con esos platos semiesféricos que se llaman pucos, los que también son colocados en el suelo, al lado de las grandes cántaras. El hecho de que estas cántaras en la generalidad de los casos nada guardan ó encierran, y de encontrarse en su fondo semillas de algarroba ó fragmentos de maíz, es prueba de que se les enterraba conteniendo aloja ó chicha, los licores sagrados del culto, empleados en todas las ceremonias, y que el calchaquí bebía sin medida en sus grandes bacanales. Cuando se las entierra sin cadáveres, como sucede frecuentemente en Tafí, este acto indica que ya sirvieron para el acto propiciatorio, y que fueron entregadas á la guarda de la Madre Tierra. Es con tales tinajas ó vasos ceremoniales para implorar lluvias, que se conjura á Chiqui, levantándolas vacías al cielo. En tal caso tienen el valor de esos vasos ceremoniales de los Sias, que reprodujimos.
Las urnas funerarias con sus respectivos pucos pónense paradas en número indeterminado, desde una hasta diez, en el interior de las allpataucas de Tafí, sea que exista muerto ó no, y rodeándolo, si lo hay. Cuando son una sola ó dos, colócanse en su caso á la cabecera del sepulcro ó á ambos extremos del mismo, correspondientes á la cabeza y los pies, pues generalmente el cadáver está acostado, y excepcionalmente sentado, como en la huaca del Medanito, en Tinogasta, en la que dimos con varios cadáveres afirmados á las paredes laterales del sepulcro, rodeados de tinajas vacías[228].
Estas cántaras, cuando se encuentran llenas de chicha, de maíz y de algarroba, y á veces conteniendo carbón, que debe representar al fuego sagrado del hogar, que el indio no dejaría apagarse,—no son, pues, propiamente hablando, urnas cinerarias, sinó vasos votivos ó vasos ceremoniales, mediante los cuales se conjuraría la seca ó se propiciaría á los dioses benéficos de Calchaquí, para que hicieran llover sobre la tierra sedienta; de modo que la allpatauca[229], con sus formas como mamas, sería una especie de apacheta propiciatoria de tierra, dentro de la cual los vasos se guardarían para continuar implorando por medio de ellos en estos nativos altares.
Cántaras vacías, como dijimos, demandando ser llenadas de agua, levántanse encima de las cabezas por las personas que celebran la fiesta del Chiqui, la divinidad adversa y funesta que acarrea la seca con todo su cortejo de calamidades. Mientras estas cántaras son alzadas en alto, entónanse los cantos báquicos y propiciatorios, dándose vueltas en torno del árbol sagrado. Parte de la concurrencia, que no tiene tinajas, alza hacia arriba, bajándolas y subiéndolas, como si saltasen, las cabezas de los animales sacrificados, que generalmente son talcas ó huillas, huanacos ó llamas, porque á la divinidad funesta, que concluye con las especies de la tierra, es necesario anticiparle sacrificios sangrientos para que se aplaque, y permita á las divinidades del aire, del rayo, del trueno y de la tormenta que satisfagan, por el fenómeno meteorológico de la lluvia, los anhelos de las tribus, que sufren de sed cuando el sol está quemando.
Estas fiestas se han celebrado hasta hace poco en Machigasta, Pituil y Aminga (Rioja).
Ofrecemos á continuación cuatro de estas urnas funerarias, cántaras ceremoniales ó votivas (Figuras. [31 á 34]).