Como puede verse en la lámina, cuatro grandes figuras ofídicas se reproducen en el centro de la urna, en cada una de las cuales se ha pintado su cara de dobles triángulos, con su nariz blanca, boca negra y su par de ojos Imaymanas de pupila circular; debajo de la cabeza viene el cuello, del que luego se desprende el cuerpo, aprovechando la zig-zag del rayo, cuyos pies son otra vez dos cabezas triangulares más pequeñas; un par de estas figuras está provista de brazos con manos de cuatro dedos, lo mismo que la que sigue más abajo, también con brazos, pero con pequeñas cabezas triangulares por manos. En esta urna se repite el número 4 de una manera llamativa.
Fig 53.
Representación antropomorfa de la serpiente-rayo, es sin duda la figurilla humana 53, de rostro monstruoso, cubriendo su cabeza con un curioso tocado de dobles picos, los que no son sino las dobles cabezas triangulares de la serpiente. De la línea horizontal de sus hombros caen sus brazos, cuyas manos tienen tres y cuatro dedos; su traje está adornado por cuatro ojos Imaymanas, los mismos de las serpientes, y en su pecho, como figuras totémicas, luce dos aves-suris pintadas, con sus cuerpos también de triángulos dobles las cabezas de las serpientes,—dato éste precioso, que desde ya establece la íntima relación entre el suri y la serpiente, toda vez que aquel es la causa y ésta el efecto, como luego lo veremos.
Finalmente, los demás adornos de las urnas,—las guardas griegas, los meandros de fecundación ó la cópula, las espirales, que al parecer representan la detonación ó el eco del trueno[231], los puntos repetidos en las cejas de la figura de las urnas y sus guardas, que no son otra cosa que gotas de lluvia; estos adornos, decimos, son simples atributos figurados de los ofidios de la atmósfera, ó sean símbolos meteorológicos complementarios: de todo lo que resulta que el simbolismo de las urnas funerarias escrito sobre el rostro y cuerpo de la figura antropo-zoomorfa de las mismas, es una repetida alusión á la lluvia. Tal verdad quedará doblemente confirmada, cuando en seguida establezcamos el significado de ese vaso que porta en sus manos, y el valor simbólico de esa Ave-Suri, tantas veces repetida en las mejillas de la figura y en las secciones ventrales de la misma.
Por lo demás, muy llamativas son las orlas acuáticas onduladas de la urna de la [Fig. 40].
|
Fig. 54. Urna funeraria de Santa María. (Colección Quiroga). |
Fig. 55. Museo Nacional. |
De este cúmulo de datos y consideraciones resulta, entonces, clara y definitivamente establecido, y es la primera vez que esto se afirma,—que la figura antropo-zoomorfa de las urnas funerarias es la representación simbólica de la Tormenta ó la Tempestad, con todos sus atributos; esa divinidad que llora agua por sus ojos, como el Aticci de Wiener, lágrimas que aparecen en esa figuración de líneas que caen de los mismos, como se vé en las Figs. [37], [40] y [49].