Después de la serpiente, es el Avestruz ó Ave-Suri la representación simbólica más repetida en las urnas funerarias, apareciendo también en los pucos. Son ejemplos: las Figs. [31 á 39], [43], [45], [47], [50] y [51], á las que agregaremos seis reproducciones más (Figs. [54 á 59]).

Fig. 56. Col. Quiroga.
Fig. 57. Detalle de una urna.
(Colec. Quiroga).

Como se vé en varias de las láminas citadas, los suris suelen ocupar los dos campos ventrales que dejan los brazos de la figura antropo-zoomorfa, y se hallan reproducidos junto al curioso vaso que portan sus manos. Sin embargo, en algunas ocasiones, como en las Figs. [34], [37], [43] y [detalle 57], suris aparecen pintados en una ó en ambas mejillas de la representación de la Tormenta. En las Figs. [58] y [59] el cuerpo de los suris está formado por meandros ó guardas simbólicas, cuyo valor conocemos de antemano, detalle significativo este último que demuestra de una manera concluyente que el suri es también un símbolo.

Ahora bien: ¿qué valor simbólico tiene el Ave-Suri en la escritura sagrada de la alfarería funeraria de Calchaquí?

Fig. 58. San José.
Col. Max. Schmidt.
Fig. 59. Loma Rica.
Catamarca.

Ante todo, establezcamos que la mayor parte de los pueblos americanos han adorado á las aves ó á los volátiles, como seres que viven en el aire, en la atmósfera, y que cruzan el espacio, por lo que han formado algunos pájaros en la categoría de dioses atmosféricos. El ave, que tiene el poder de cortar los vientos y de ascender de un vuelo á las más altas cumbres, inaccesibles al hombre; que se desliza suavemente por las alturas, yendo vertiginosamente de un punto al otro; que cuando recoge sus alas se lanza como un rayo á la tierra,—natural es que fuese tomada por un mensagero del mundo de arriba, y perfectamente explicable que en el Perú una junta de augures ó aureolos indagase los misteriosos secretos de que los volátiles eran poseedores, y que quisieran iniciarse en el lenguaje de su canto.

Las analogías observadas entre el ave y la nube han sido para el indio hechos reales, y no simples semejanzas ó coincidencias. La nube toma muchas veces las formas de un pájaro gigantesco, de cuyo pico parece como que sale el rayo; los colores del iris suelen corresponder á los de las plumas del pájaro; la nube, como éste, vuela en el espacio y proyecta sombra sobre la tierra; la una truena y el otro canta y grazna; el rayo que cae se parece al vuelo rápido del pájaro que se clava al suelo para asir su presa; el viento que corre se supone alado, y de aquí las expresiones figuradas: «las alas del viento», «las nubes que vuelan», que para el indio son hechos reales, al decir de Brinton[232].

El pájaro es, entonces, un símbolo significativo de importancia, y nada más apropiado que un volátil para representar la nube, como el quetzal de los mejicanos, que se presenta como el señor de la atmósfera.