Es esta la explicación sencilla de lo que aparecía como un enigma para Lafone Quevedo, y después para Ambrosetti; pues como estos americanistas no habían determinado el valor simbólico del Suri, emblema de la Nube, debieron recurrir ó á consignar el hecho ó á darle otro género poco satisfactorio de explicaciones. Sacrificar el Suri, sería sacrificar la Lluvia. Lejos de eso, era el Suri, era la Nube, el objeto propiciado de los sacrificios: por eso jamás podía figurar su cabeza en la fiesta del Chiqui, como no puede figurar la cabeza de la divinidad misma á quien se ofrece el holocausto[240].
El material iconográfico de este capítulo sirve de prueba irrefutable del valor simbólico que atribuimos al Suri. Como se enterará el lector, en la mayor parte de las representaciones de esta ave de la tormenta, el Suri aparece en las actitudes de que dá cuenta el Folk-lore, es decir: con las canillas dobladas, como lanzado á la carrera, suelto el plumaje de sus alas, con su cuello erguido y con su pico abierto.
Si fijamos la atención en las diversas reproducciones, notaremos muchas otras particularidades llamativas, que contribuyen á determinar más su significación simbólica, la que desde el primer instante salta á la vista, cuando se vé al Suri formando en primera línea en todo ese complicado conjunto escrito sobre la alfarería, que sirve para caracterizar á la gran figura mítica de la urna, ó sea á la representación antropo-zoomorfa de la Tormenta.
El Suri, ya lo vimos, está especialmente pintado en la sección ventral de la urna, en los dos campos que forman los arcos de los brazos; es decir: en los lugares correspondientes á las mamas de la figura principal, aunque no sabemos á qué sexo pertenece la divinidad atmosférica en cuestión, cosa que al indio ha sido indiferente indicar, por la razón sencilla, sin duda, de que ha de pertenecer al género epiceno, pues que en el acto propiciatorio el creyente nativo invoca á su dios como á tal, «ya sea varón, ya sea hembra»: cay huarmi cachun, cay cari cachun.
Los suris están además contiguos á ese Vaso ó cántara portada en las manos; y en los casos de las Figs. [31] y [39], las aves abren sus picos para derramar algo en aquellos: es claro que líquidos, por ser una vasija el continente.
Los suris encuéntranse rodeados de signos ó símbolos atmosféricos; y en la [Fig. 51] hemos visto á una de estas aves, bastante bien reproducida, coronando un interesantísimo grupo artístico de serpientes.
Pero la más evidente indicación de que el Suri es la Nube, está en el hecho gráfico de que el ave aparece lanzando al rayo serpiente por su pico, de la propia manera que los nublados cargados de agua en el espacio producen las descargas eléctricas. Los dos suris de la [Fig. 32] aparecen vomitando víboras, así como los suris gemelos de la [Fig. 56]; y para que no abriguemos sospecha alguna de que tales víboras no fueran la serpiente-rayo, ofrecemos en detalle el pequeño Suri de la [Fig. 60], al cual se vé con algún esfuerzo lanzando al ofidio luminoso de dobles cabezas triangulares.
El Suri, lanzando por su pico á la víbora, es la Nube de la tormenta despidiendo de su seno el rayo. Ninguna otra interpretación cabría al respecto.
| Fig. 60. | Fig. 61. |