Fig. 63. La anterior
vista de lado.
Fig. 64. Interior de un puco Santa María.
Museo Nacional.

Que el Ave-Suri que nos ocupa es un volátil que surca los altos cielos, como divinidad atmosférica y luminosa, pruébanlo los suris estrellados de las Figs. [62], [63] y [64], que reproducimos, lo que demuestra hasta donde alcanzaba la concepción india del pájaro de la Tormenta. En efecto: los dos suris de la urna 62 tienen en sus cuerpos respectivos figuradas cuatro y cinco estrellas; cinco, igualmente, los de la urna 63; y al centro del puco 64, destácase el gran pájaro de la tormenta, esta vez parecido al papagayo, con su cuerpo y cola cubiertos de ojos Imaymanas, yemas ó gérmenes, siendo estrelladas sus patas. Esta interesantísima y original representación, que por sí misma es una revelación, está rodeada por el pajarillo atmosférico de arriba, que corta el espacio con sus alas abiertas, y por dos serpientes laterales de dobles cabezas,—las serpientes del rayo,—de modo que en el puco en cuestión aparece totalmente reproducida la escena atmosférica de la tormenta, con sus rayos y con sus atributos fecundantes.

No nos resta ahora sinó explicar por qué los indios de Calchaquí empleaban varas emplumadas en las ceremonias del culto al Trueno y al Rayo, y por qué también en sus fiestas gentílicas adornaban con plumas á los árboles.

Lozano[242], hablando de los ídolos Caylles, ó imágenes labradas en las láminas de cobre, dice que á estos, como á las varitas emplumadas, colocaban los naturales con grandes supersticiones en las labranzas, como protectoras de las mismas. El P. Guevara[243], refiérenos que en los templos del Trueno y del Rayo, rociadas con sangre de carnero de la tierra, figuraban en las ceremonias estas varitas emplumadas, que «las llevaban á sus casas y sembradíos, prometiéndose de su virtud, contraída á presencia del numen, toda felicidad y abundancia».

El P. Techo[244], escribe que al igual de los hebreos, los calchaquíes eran gentes muy supersticiosas, y que «adoraban árboles adornados con plumas ...»

Este empleo de plumas de ave en todas estas ceremonias y prácticas religiosas, es perfectamente explicable después de lo que dejamos apuntado. Observemos que las plumas figuran en los templos dedicados al Trueno y al Rayo; en las ceremonias propiciatorias de la abundancia en las sementeras; en la fiesta del Arbol, en la que, como sabemos, se propiciaba á los dioses de la lluvia para que la vegetación no se secase. Entonces, tenemos constatado el empleo de plumas de ave en todas las ocasiones en que demandábase el Agua, el elemento fecundador por excelencia, objeto de la religión calchaquí, sintéticamente considerada. Las plumas simbolizan el ave de la Tormenta. Luego varas emplumadas, emblemas de las serpientes emplumadas ó del rayo emplumado, han de figurar forzosamente en el culto acuático: ellas son, entonces, las protectoras de las mieses, y á las labranzas han de llevarse como objetos eficaces contra las seca, la piedra y el granizo, junto con los Caylles, á la manera de preciados amuletos[245].

Réstanos ahora resolver el último problema simbólico propuesto:—¿qué significación tiene ese Vaso ó cántara que levantan en alto las manos de la figura mítica de las urnas?

Fácil nos parece responder á esta pregunta.

Ese vaso portado por la divinidad atmoférica de la Tormenta, no puede ser otra cosa que el depósito sagrado del agua de la lluvia: el Ticcu ó Vaso del Trueno, tantas veces recordado en la mitología de los pueblos americanos[246].

Ese vaso, perfectamente reproducido en alto relieve, con su profunda concavidad, en la [Fig. 41], es portado por la divinidad de la Tormenta en las Figs. [31], [39] y [54], llevándolo á su boca misma, para beber, en el curioso ejemplar de la urna de la [Fig. 40], á fin de que se disipe toda duda al respecto. Cuando ese vaso falta, como en el caso de las Figs. [37], [38] y [50], dos cabezas triangulares de serpientes, con sus repectivos apéndices espirales, aparecen en su reemplazo, diciéndonos claramente esta sustitución del contenido por el continente, que rayos de la tormenta ó agua de lluvia es lo que suele guardar la rebosante cántara sagrada. En el caso de la [Fig. 51], en el lugar en que las manos se juntan con los brazos figurados por dos curvas que hacen el ángulo, tenemos ese grupo mítico de los relámpagos y los rayos en acción, inmediatamente después del Suri, ó emblema de la Nube de la tormenta, que los produce.