El símbolo cruciforme en los Ídolos—No lo llevan los Fetiches—Tampoco los Cacllas, Guauques, Pururaucas y demás dioses personales—La Cruz en las figuraciones acuáticas—Idolo-tinaja de Amaycha—Vaso antropomorfo del Trueno—Por qué sus cruces son griegas—Vasija antropomorfa de Ambato—Disco de Lafone Quevedo—Mamazara monolítica de Tafí—Cruces cristianas protectoras—Pirhuas de Colpes con Cruz—Huacanquis con Cruz—Signos totémicos—Figuraciones antropo-atmosféricas—Una cita de Schoolcraft: la Cruz de Wingemund—Símbolos totémicos atmosféricos—El tótem de la Cruz sobre los escudos calchaquíes—Cruces y emblemas cruciformes en los Caylles—Caylla Huiracocha—Amuletos con Cruz.
Después de haber presentado en el capítulo anterior numerosos ejemplares de urnas y vasos votivos con el símbolo cruciforme, el lector, recorriendo las páginas del presente, notará el contraste producido por la escasez relativa del material iconográfico al tratarse de los ídolos con cruces. La falta de láminas de fetiches é imágenes antropomorfas con el símbolo que estudiamos, no es una omisión nuestra, sino del artista calchaquí, el que, con manifiesta intención, ha eliminado la Cruz en todas las figuraciones é imágenes que no tengan por objeto el culto del agua ó de alguno de los fenómenos atmosféricos; prueba negativa, trascendental por cierto, del valor mitológico de la Cruz como símbolo acuático.
Hemos recorrido minuciosamente el rico material de las colecciones particulares y de nuestros Museos, en busca de figuras con el símbolo, y hemos llegado á la conclusión de que éste no aparece grabado ó pintado en los fetiches, tan abundantes en Calchaquí, que su era fetiquista ha dejado con ellos recuerdos imperecederos. Este hecho nos demuestra que el signo que nos ocupa no parece sinó una concepción sugerida en pleno dominio del politeismo, cuando se impuso la heliolatría sobre el culto de las cosas inanimadas, y cuando los grandes y variados fenómenos de la atmósfera fueron dotados de espíritu y de voluntad supremos, después que los hombres de esa segunda generación en el progreso de la civilización humana, de que habla Lubbock[254], alzaran las manos al cielo é invocaran y clamaran al Sol[255].
No podemos decir otro tanto de la era en que ya hizo su aparición el antropomorfismo, manifestación politeista de las razas; porque si bien es verdad que tampoco los dioses antropomorfos generalmente ostentan la insignia de la Cruz, ella parece, sin embargo, como una combinación emblemática en las figuraciones humanas de las divinidades acuáticas ó atmosféricas, con una repetición demasiado insinuante para atraer sobre las mismas la investigación arqueológica.
Dado el papel que los dioses lares y penates nativos desempeñaban en el culto de los hogares calchaquíes, natural parece que no se presentaran adornados con la insignia cruciforme, toda vez que ellos se limitaban á ser guardianes de cada individualidad, amparándoles contra cualquier daño que pudiera sobrevenirle, por lo que cada cual labraba á su modo la imagen de su dios, atribuyéndole á su antojo determinada virtud. En vano, entonces, han de buscarse cruces en los rostros del Caclla ó «dios-mejilla»[256]; ni en la cara ó pechos del Guasimáyoc ó «dueño de casa»[257]; del Guauque ó «ídolo de cada persona, que le representa»[258]; del Pururauca ó «dios de todo género y especie»[259]; ó, finalmente, del Canopa ó «dios del individuo»[260]; pues propiamente hablando, todos estos ídolos personales, de cualquier clase que fuesen, no simbolizaban una súplica, sinó que constituían un amuleto.
Otra cosa sucede cuando tales representaciones, figuraciones ó ídolos aparecen perfectamente vinculados con el culto al agua, ó, dejando de figurar como guardianes de la persona, son objeto de una súplica, ó sirven de intermediarios de una demanda de lluvia, como sucede, por ejemplo, con los Caylles, ó dioses imágenes de las siembras, y, con mayor razón con las vasijas ó vasos antropomorfos, ídolos ú objetos sagrados de formas apropiadas para contener y guardar el líquido que aplaca la sed de la familia y de la tribu. En tales casos, cruces adornarán á estas imágenes ó cosas del culto; y nada de extraordinario habría en su empleo por parte del artista, iniciado, como se presentaría á nuestros ojos, en el secreto de la simbología, la que, ahorrándole tiempo, daríale ocasión de ofrecer con toda su intención el objeto sagrado, de tales ó cuales virtudes, á la adoración del creyente; porque seguramente un símbolo herirá más su imaginación y despertará mayormente su atención que su figuración aparente y real, por las confusiones que puede traer, ó por las interpretaciones dudosas á que puede prestarse.
Fig 68. Idolo-tinaja
(Col. Quiroga).
Pero antes de pasar adelante,—y en este punto tiene forzosamente que ser deficiente el capítulo,—conviene observar que nuestras afirmaciones respecto á la ausencia de la Cruz en los fetiches é ídolos personales, no pueden tener el carácter de absolutas; porque si bien es verdad que hasta hoy no se han encontrado figuraciones idolátricas de tales especies con los signos cruciformes, pueden muy bien aparecer mañana; pero en tal caso nos permitiríamos recomendar que se aplicasen las facultades de observación arqueológica al objeto hallado con su símbolo, á fin de establecer qué relaciones directas ó indirectas puede tener la cosa figurada con el agua ó con el fenómeno de la lluvia. En este sentido, no nos extrañaría, por ejemplo, que se nos presentaran representaciones animales de patos ó de nutrias (que poseemos en nuestra colección) con el símbolo de la Cruz, por la razón sencilla de que aquellos viven en los ríos y en las lagunas, y éstas tienen sus habitaciones en los esteros ó terrenos húmedos de las vertientes, ó contiguas al agua. El caso excepcional del surifetiche es una prueba de ello; lo mismo que el del sapofetiche, del que nos ocuparemos en el capítulo subsiguiente, por los motivos dados respecto al primero, y por ser el agua el medio en que vive el batracio, lo que se advierte desde el primer momento, sin necesidad de hacer ningún esfuerzo de imaginación[261].