Los ejemplares de figuraciones antropomorfas que aparecen llevando la Cruz, son indiscutiblemente acuáticos; es decir: que ellos son objeto de un voto para que llueva; y, más propiamente que ídolos, deben denominarse vasijas votivas antropomorfas, toda vez que al labrarles, el indio se propuso, más que nada, ofrecernos un vaso ó una urna para contener agua, sobre los cuales, es verdad, las figuraciones idolátricas constituyen sus distintivos salientes.
La [Fig. 68], ó el Idolo-Tinaja de Amaycha, es el más notable de los ejemplares que puede citarse; y, aunque un rostro humano con sus facciones se destaca á la izquierda, saliendo de un cuerpo provisto de brazos en relieve, el objeto, considerado en conjunto, no es propiamente un ídolo, sino una urna sagrada antropomorfa, del mismo estilo de las tinajas funerarias reproducidas en el capítulo anterior, y cuyo empleo en el culto acuático de Calchaquí nos es perfectamente conocido.
La interesantísima figura idolátrica de la izquierda, de rostro pintado con cuadros rojos alternados, en cuyas orejas aparecen figurados artísticos moños hechos con las trenzas anudadas del cabello (el moño esterior roto), lleva, en los lugares correspondientes á sus mamas, dos cruces perfectas sobre campos artísticos amarillos. Sus manos portan una flauta, con agujerillos para producir el sonido, por lo cual la figura nos hace recordar la Doncella de la Flauta (Flute maiden) de Estados Unidos. Las pinturas de rojo obscuro sobre el fondo amarillo de la urna, son muy interesantes. Las del cuello del vaso consisten en líneas quebradas paralelas: estas líneas quebradas, llenas de puntos, son figuraciones simbólicas del rayo-serpiente, correspondiendo á gotas de agua los puntos que las adornan. En los campos ventrales de la urna aparece el adorno saliente de la guarda en espiral, arbolada á ambos costados laterales. Esta espiral, como ya lo hemos dicho, es para nosotros la figuración simbólica del trueno que ruge.
Claramente podemos, entonces, difinir las relaciones íntimas de la figura antropomorfa con el fenómeno de la lluvia, á la cual llamaría aquella tocando su flauta, produciéndose el trueno, figurado en las espirales, por la simpatía con el sonido del instrumento musical[262].
Fig 69. Idolo de Santa María.
½ tamaño natural.
(Colección Quiroga).
Es de advertir, para corroborar este último aserto, que poseemos en nuestra colección un interesante ídolo de barro antropo-zoomorfo, últimamente adquirido en Tinogasta, el que en aquel lugar es tenido por «Dios de la Lluvia», el mismo que lleva abierto un agujerillo al centro de su región craneal, soplando el cual (el ídolo es hueco) se producen notas graves y agudas, con las que se llama al Trueno, fenómeno meteorológico que, según el P. Techo[263], era, con el relámpago, adorado por los calchaquíes como «divinidad menor.»
Más directamente relacionado con este orden de ideas está el ídolo de la [Fig. 69], con anchas cruces negras al fondo de sus artísticos campos, en los lugares correspondientes á las mamas.
La fisonomía de este ídolo es funeraria. De sus ojos redondos y salientes caen tres gruesas líneas negras,—sus lágrimas,—las que, por otro fenómeno de simpatía, tenían por objeto, sin duda, hacer llorar á las nubes, á las cuales se presentaría la figura lacrimosa, haciéndoles muna-muna, para emplear una gráfica expresión nativa, como si se les dijera:—«mirad como ésta siempre llora, y vosotras no podéis llorar como ella.»