Muchas de las razas primitivas continentales han sido dotadas de una rara fantasía, y la Cruz ha figurado en sus manifestaciones imaginativas y en sus creaciones artísticas como la expresión representativa de cualquier cosa ó asunto sobrenaturales, ya el símbolo aparezca en la roca, en el muro del templo, en la huaca, en la tela de vestir ó en la alfarería doméstica; porque en todos los momentos de las razas, individuales ó colectivos, aún en aquellos más naturales y sencillos de la vida ordinaria, las divinidades eran la causa, aunque fueran mediata, de los sucesos, haciéndose sentir su acción en los hechos y actos más trascendentales, como en los nimios ó triviales. Cuanto menos puede el brazo del hombre, tanto más interviene la mano de los dioses.

De aquí que la Cruz simbólica aparezca reproducida con variados motivos, y sobre cualquier cosa ú objeto. Un vaso, por ejemplo, lleva labrado ó pintado el signo sobre su superficie externa, de la propia manera que un ídolo lo porta sobre su pecho ó en su rostro; y es que, aunque el primero de estos objetos sea destinado al uso diario de beber agua, en ciertas ocasiones se emplea como aparato ceremonial, como instrumento del culto, como cosa sagrada, como cuando sirve para implorar á las divinidades. El grabado ó pintura de tal Cruz, fué decidido desde el primer momento por necesidades que pueden ocurrir en el acto de beber. Cuando la Cruz aparece sobre un ídolo, la cuestión se presenta simplificada, porque aquella insinúa por sí misma uno de los atributos del dios, desde que los otros símbolos, el círculo, el meandro, la espiral expresan á la vez la acción potencial de la divinidad que los porta.

En cuanto á su profusión continental y á la rara unidad de su valor en los diversos pueblos americanos del norte, del sud ó del centro, la cuestión es árdua, en el segundo extremo; que en lo relativo al primero, podría decirse que ello es el resultado del hecho matemático de que la combinación cruciforme es adaptable como el signo general de la geometría celeste y terrestre.

En efecto: que un piel roja, un delaware, un sia, un maya, un azteca, un muysca, un peruano y un calchaquí empleen la Cruz como un signo ó emblema religioso, puede explicarse fácilmente por el papel político y social de los conocimientos astronómicos de gran parte de estos pueblos, que, como los del sud, venerarían al crucero, visible para ellos; ó por la aplicación, de parte de todos, de la geometría, en la cual eran versados, influyendo especialmente en el dibujo del signo el gusto por el ángulo recto, como que figuras elementales ó radicales geométricas eran los demás símbolos venerados, cuyo trazado ocurre á cualquier inteligencia: el círculo, el cuadrilátero, el triángulo y otras combinaciones de líneas curvas y rectas. Pero que en América tenga también la Cruz un valor universal como símbolo acuático, asunto es éste sobre el cual cuanto más se reflexiona, más se arraiga la convicción de que no hay otra manera de explicarlo sinó estableciendo desde luego las migraciones y contactos de los pueblos entre sí, mayormente si se tiene en cuenta, por ejemplo, que las divinidades atmosféricas portadoras de la Cruz aparecen al norte y en el sud dotadas de atributos idénticos, siéndoles muchas cosas comunes, como su figuración de ofidio, de volátil ó de una combinación de uno y otro, tal cual sucede con Quetzalcóatl, Gucumatz, Kukulkán, Catequil, Huayrapuca, los seres ó pájaros serpientes,—lo que no es concebible atribuir á mera casualidad, sino á influencias de una cultura sobre otra cultura, de una religión sobre otra religión; lo que equivale á decir: á una influencia mediata ó inmediata azteca ó maya sobre Perú y Calchaquí, ó viceversa, á una influencia peruana y calchaquí sobre Yucatán y Méjico, no obstante las inmensas distancias que separan á estos cuatro pueblos. Por eso creemos que la arqueología y la antropología van bien encaminadas cuando estudian comparativamente monumentos, religiones y razas, hasta que lleguen con procedimientos prácticos á establecer definitivamente la verdad, tantas veces sospechada, de las migraciones de agrupaciones humanas de norte á sur y de sur á norte, exterminándose, desalojándose, ó transformándose por la cruza después del avasallamiento, dando así con la clave de tanto fenómeno etnológico, como el de la igualdad de diversos tipos craneológicos en regiones distantes: el de Bolivia y Perú en Méjico; el del tehuelche de la Pampa en la Tierra del Fuego, por ejemplo; y vale la pena de consignar que algunas de estas migraciones están demostradas ó en vías de demostrarse: la de los chancas ó piernas al Perú, y la de otras razas que derribaron el imperio; la de los peruanos á la Argentina y Chile[319]. En el Río Negro se han encontrado restos de una raza dolicocéfala; indios yaganes viven arrinconados en la Tierra del Fuego; araucanos, para no ir lejos, han ocupado el territorio que fué de los taluhet, divihet y chechehet, ramas del tronco patagónico, uno de los grandes grupos de la Raza Pampeana de D’Orbigny; lules y vilelas, el Chaco Guaycurú; las razas Guaraní, Chaco-guaycurú, Pampa-patagona y Pampa, el Río de la Plata, seguramente[320]. Un estudio especial sobre las cosas, como sobre el uso del tabaco y la alimentación por medio del maíz, de parte de tanto pueblo americano, podría contribuir eficazmente á ilustrar estos problemas[321].

En Méjico y Perú hemos visto figurar á la Cruz como signo astronómico venerado; y posiblemente en los pueblos meridionales la distribución de las estrellas de la Cruz del Sud, como lo dijimos, ha decidido su figuración, tal cual apareció en la lámina del Yamqui Pachacuti. La Cruz en tal caso, más que un emblema general del cielo, es un signo de carácter particularmente astrolátrico, que representa la determinante acción de los cuerpos celestes en la producción de los fenómenos atmosféricos.

En cuanto á la forma geométrica del símbolo, ella ha sido indiscutiblemente determinada por la veneración al número sagrado 4, ó á cuatro cosas, distribuidas de tal manera que unidas entre sí por líneas, se corten en ángulos rectos, figurando un signo cruciforme con palos de iguales dimensiones, pues las cuatro cosas se suponen equidistantes de un punto común, ó sea el de intersección de las líneas que respectivamente los unen. Estas cuatro cosas son especialmente: los cuatro genios animados del mundo, que habitan las cuatro extremidades del mismo; las cuatro grandes cariátides vivientes que sostienen el globo; las cuatro divinidades cardinales, el norte, sud, este y oeste; los cuatro hermanos ascendientes[322], venidos de las cuatro partes del mundo, por los cuales, por ejemplo, los tupis del Brasil se creen engendrados, lo mismo que los guaraníes del Paraguay, como los muyscas de Bogatá por los cuatro gefes del dios Nemqueteba, los nahuas de Méjico por cuatro familias originales,—número que es doblado por los ottoes y pawnes; las cuatro estaciones del año, con sus diversas temperaturas y productos, obra de los genios de los cuatro vientos, al pensar de algonkines, cherokees, choctaws, creeks, aztecas, muyscas, peruanos y araucanos; finalmente, los cuatro vientos ó espíritus cardinales, invocados por los pueblos americanos como los portadores de la seca, de los huracanes, de la humedad, de la lluvia, según la manera y el lugar cómo y de donde soplan; y así, el viento norte es el de Mictla ó de la Muerte para los aztecas, mientras que el este es el del paraiso ó de Tlalocavitl, el mismo viento que para los dakotas simboliza la vida y la fuente de las cosas.

Los cuatro palos de la Cruz suelen en América ser comunmente de iguales dimensiones, por la razón sencilla de que aparecen como diámetros de un horizonte siempre circular para los ojos del indio, contemplando en todas direcciones las llanuras ó los desiertos, de modo que él se cree colocado en toda ocasión en un punto céntrico ó de origen[323]. De aquí, sin duda, que sea tan profuso en el simbolismo continental el círculo con diámetros cortándose perpendicularmente entre sí, ó el doble símbolo combinado del círculo y de la Cruz, esculpido en las figuras humanas de la tabla y bajorelieves de Palenque, y pintado con profusión en telas y alfarerías peruanas, y no pocas veces sobre los objetos calchaquíes.

Son, sobre todo, estos cuatro vientos, que soplan de las cuatro direcciones cardinales de la tierra, los que han determinado la forma geométrica y simplificada de una Cruz, por la unión con líneas rectas del norte y sud, del este y oeste, respectivamente. Y es en el punto de intersección de las líneas en el cual la persona, la tribu ó la nación se creen ubicadas; y es así mismo en tal punto, lugar de la ubicación de una zona terrestre, en donde los vientos venidos, que acarrean las nubes lejanas, producen su acción, dando lugar al nublado, al trueno, al rayo, y luego á la lluvia.

Tal es el motivo por el cual la Cruz se vuelve el símbolo sintético de todos los accidentes y fenómenos atmosféricos, obrando con su poderosa acción en el cielo y en la tierra.

No solo corrobora, sino prueba esta afirmación arqueológica el hecho de que gran número de mitos atmosféricos, de divinidades del viento, del trueno, de la tormenta y de la lluvia, llevan como insignia ó emblema la Cruz, ya entre sus manos, en su escudo, en su túnica ó en sus flotantes vestiduras. Tláloc, Amimitl, Chalchihuitlicue ó Mataclue, Tzotzitepec, Quetzalcóatl[324] ó Nanihehecatl, Wixepecocha, Huitzilipochtli, Gucumatz, Ahulneb, los Bacabs, Batchué, Atticci Viracocha, tienen por insignia la Cruz, ó la llevan figurada, cuando no constituyen cuaternos sagrados, el principio del símbolo cruciforme.