[99] En las dos obras principales de la historia de Pedro el Cruel, Historia del rey D. Pedro y su descendencia, por Gratia Dei, y la Chrónica del rey D. Pedro, de López de Ayala, no se encuentra dato alguno histórico en que pueda fundarse el argumento de este drama. Ayala sólo habla de la pasión desenfrenada de Don Enrique por el bello sexo.
[100] Val. Schmidt, en la obra citada, dice que el rey D. Pedro de Aragón, de este drama, apellidado el Cruel, es un personaje tradicional á que ha dado origen el Don Pedro de Castilla; pero los versos siguientes de la comedia de Guevara, También la afrenta es veneno, prueban que el rey de Aragón se llamaba también el Cruel. Dicen así:
...Tres Pedros
Hubo en Portugal, Castilla
Y Aragón á un mismo tiempo;
Todos tres primos hermanos,
Y á todos tres nombres dieron
De crueles.
[101] Esto es tradicional, manejado ya por varios dramáticos antes de Calderón; y algo semejante se observa también, por ejemplo, en Escarmientos para el cuerdo, de Tirso.
[102] El poeta, al dirigirse al público al final de la comedia, asegura que «está tomada de un suceso verdadero.» Hubo de ocurrir, pues, con arreglo al argumento, en la primavera de 1581, durante el viaje á Lisboa de Felipe II para ser coronado en ella; sin embargo, ni Luis Cabrera, en su Vida de Felipe II, ni Leti y Watson dicen nada de esto. Evangelista Ortense, en sus Successi della guerra de Portogallo (Venet., 1582), atribuye á los italianos y alemanes la culpa de los desórdenes que ocurrieron en esta expedición, y habla de cierto capitán de galera y de otros oficiales, decapitados y expuestos al público por haber profanado un convento portugués. Consultad también las noticias que preceden á la traducción hecha por Malsburg. En cuanto á D. Lope de Figueroa, uno de los capitanes más célebres de los ejércitos de Felipe II, véase á Suárez, Historia de Guadix, lib. II, cap. 2.º, y á Escalante, Diálogos militares, diálogo 3.º, folios 41 y siguientes.
[103] En Vanderhamen, Historia de D. Juan de Austria, lib. II, y en Mármol Carvajal, Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del reino de Granada, hay algunos datos históricos que el poeta ha utilizado en este drama.
[104] Este asunto está tomado de Zurita, Anales de la Corona de Aragón: Zaragoza, 1610, tomo I, 93, 6-99. La novela de Bandello (II, 43), trata de este mismo argumento; pero, según parece, no ha tenido influencia ninguna en este drama. La anécdota, contada por Zurita, es la siguiente: «Los habitantes de Montpellier, ciudad que había pasado al dominio de D. Pedro II de Aragón, por su casamiento con la condesa María, estaban afligidos de la indiferencia que el Rey mostraba á su esposa, viendo que de este modo se frustraban sus esperanzas de tener descendencia de esta señora. Estando, pues, D. Pedro (que observaba una conducta licenciosa) enamorado en cierta ocasión de una viuda joven, y tan bella como recatada, se dieron trazas los cónsules de Montpellier de que fingiese acceder á los deseos del Rey para suplantar en su lugar á la Reina. D. Pedro, que, conforme á las condiciones estipuladas con la viuda, entró en su alcoba á obscuras, no se apercibió del engaño hasta el día siguiente, y al principio no le sentó muy bien su descubrimiento; pero después tomó á risa la invención singular de aquellas buenas gentes, y, por último, le agradó después tanto haber descansado en los brazos de su esposa, que fué con ella hasta su muerte fiel y amante esposo.»
[105] Theophylactus Simocatta, Historia imperatoris Mauritii, lib. VIII, cap. 7.º—12; el Chronicon Pascale, págs. 369 y siguientes.—Theophanes Chronograph, páginas 238 y siguientes.—Zonaras, tomo II, lib. XIV, págs. 77 y siguientes.—Du Cange, familiae Byzantinae, págs. 106 y siguientes.—Le Beau, Histoire du Bas empire: París, 1768, tomo XII, pág. 143.
[106] No puede abrigarse dudas de ningún género acerca de este punto, cuando se reflexiona que el fundamento de la acción, no basado en la historia, es la misma en ambos dramas, y cuando se comparan entre sí algunos versos, por ejemplo, los siguientes:
¡Ah, venturoso Mauricio!
¡Ah, infeliz Focas! ¿Quién vió
Que, para reinar, no quiera
Ser hijo de mi valor
Uno, y que quieran el tuyo
Serlo, para morir, dos?
(Calderón.)