¡Oh, malhereux Phocas! ¡Oh, trop heureux Maurice!
Tu recouvres deux fils pour mourir après-toi,
Et je n'en puis trouver pour regner après moi.
(Corneille.)
Se ha notado en Francia esta coincidencia entre ambas piezas dramáticas; pero se ha afirmado absurdamente que Calderón ha imitado á Corneille; esta afirmación, ya en sí inverosímil, es rechazada pura y simplemente por el hecho de que el drama de Calderón se había impreso en 1637, y el Heraclius se representó por vez primera en el de 1647.
[107] El asunto proviene de Josephi antiquiti. jud., 15, 2-7; de Bello judaico, 1, 17-22; pero la fuente en donde bebió inmediatamente Calderón, hubo de ser probablemente el antiguo libro popular, titulado Historia de Herodes (Madrid, sin fecha de impresión), que tengo ahora á la vista. Las profecías, el cuadro, el amor de Octaviano, la muerte involuntaria por medio del puñal y algunos otros hechos, son de invención exclusiva del poeta.
[108] La parte histórica está sacada de 2. Samuelis, 13-18, y de Josephus antiquit. jud., 7-8-10.
[109] Judas Macabeo, como lo prueba el libro popular Historia de Judas Macabeo y sus esforzados hermanos, era un héroe casi nacional en España. Las fuentes primitivas, el lib. I de los Macabeos, cap. 2-7, y Josephus antiquit. jud., 12, 6-10, son muy conocidos.
[110] Consultad, acerca de las comedias últimamente mencionadas, el libro citado de V. Schmidt.
[111] Lo histórico proviene de Vopiscus (Historia August., págs. 217 y siguientes), y de Trebellius Pollio, Triginta tyranni (Historia August., pág. 200). Consultad á Zosimus, lib. I, págs. 36 y siguientes; Zonaras, lib. XII, págs. 633 y siguientes; Eutrop., lib. IX, cap. 13, y á Gibbon, cap. II.
[112] Ved á Diodorus Siculus, II-4; Aelian. Var. hist., VII-1; Justin., I-2; Valerius Maxim., IX-3-4.—De la comedia de Virués, que ha servido á Calderón para la traza de la suya, aunque aprovechando sólo algunos de sus toscos materiales, se habló ya en el tomo I, pág. 445.
[113] Calderón recordó probablemente, al desarrollar este drama, algo semejante de El palacio confuso, de Lope, pero mejorándolo mucho y aventajándolo con extremo.
[114] «En La hija del aire encontramos, sin duda, acumuladas algunas cosas extrañas; á un asunto sacado de la más remota antigüedad, acompaña un enredo muy singular y refinado; las descripciones y narraciones son también monstruosamente enfáticas, y lo cómico, más moderno, se ajusta en fábula mística á esa composición dramática, harto prolija y difusa; pero puede sostenerse que estos defectos, que se reproducen en todas las obras de Calderón, son en ésta necesarios, atendiendo á sus materiales, y por esta causa aparecen aquí mezclados y confundidos, formando un todo harmónico de grande, aunque relativa sublimidad. El argumento es en sí aún más maravilloso, y su centro un carácter que exige la representación de los elementos más extraños y singulares. Si en este terreno de lo excéntrico es posible aumentar algo, lógralo así el lugar mismo de la acción. Ocurre en Nínive y Babilonia, en esas regiones en que la fantasía puede dar rienda suelta á sus creaciones. Las extravagancias más insensatas, los contrastes más chocantes, los giros y desarrollo del argumento, más portentosos, concuerdan, por decirlo así, con la naturaleza de sus materiales.—Aunque son numerosas las bellezas de la primera parte, es muy superior la segunda por su concentración trágica, por la novedad de sus invenciones y por sus encantos incomparables. Las primeras escenas de esta última, en que aparece Semíramis en la plenitud de su grandeza, son únicas en el teatro por su osadía, por su pompa y su esplendor. Esos cambios de papeles entre la Reina y Ninias, y ese juego mágico que es su consecuencia, con sus disfraces y cambios, pueden llamarse cómicos, si se tiene cuidado en añadir que las escenas cómicas son de lo más ingenioso que se ha escrito jamás, y que, en las vicisitudes de estos suplicantes agradecidos y favoritos, se revela el espíritu de observación más profunda y la sabiduría más perspicaz.»—K. Immermann.