Cántiga.
Con tristeza é con enojos
que tengo de mi fortuna
non pueden dormir mis ojos
de veinte noches la una.
Mas desque á Alcalá llegué,
luego dormí é folgué
como los niños en cuna.
Entre las sinagogas amas
estó bien aposentado
dó me dan muy buenas camas
é placer é agasajado.
Mas cuando viene el alva,
un rabí de una grant barba
oygolo al mi diestro lado.
Mucho en antes que todos
viene un grant judío tuerto,
que en medio de aquesos lodos
el diablo lo hubiese muerto;
que con sus grandes bramidos
ya querrian mis oidos
estar allende del puerto.
Rabí Yehuda el tercero,
dó posa Tello mi fijo
los puntos de su gargüero
mas menudos son que mijo.
E temo que los baladros
de todos tres ayuntados
derribarian un cortijo.
Respuesta de los rabíes.
Los rabies nos juntamos,
don Ferrus, á responder
é la respuesta que damos
queredla bien entender.
E desimos que es probado
que non dura en un estado
riqueza nin menester.
Pues alegrad vuestra cara,
e parad de vos tristesa:
á vuestra lengua juglara
non le dedes tal provesa.
E aun credo en Adonay
que él vos sanará de ahí
e vos dará gran riquesa.
El pueblo é los hasanes
con quien nos aquí ayuntamos
con todos nuestros afanes
en el Dios siempre esperamos:
con mui buena devocion
que nos lleve á remision;
porque seguros vivamos.
Venimos la madrugada
yuntados en gran tropel
á faser la matinada
al Dios Santo de Israel:
en tal son, como vos vedes,
que jamás non oiredes
rui-señores en verjel.
En el mismo cancionero se encuentran siete octavas compuestas por Alfonso Alvarez de Villasandino, poeta insigne en aquel tiempo, dirigidas contra Alfonso Ferrandez Samuel, el mas donoso loco que ovo en el mundo; el cual cuando mozo era hombre de vida airada i mui dado á todo linaje de placeres i divertimientos, i cuando viejo atrevido en gran manera, i sumamente desvergonzado i estravagante en sus modos de vivir. De edad de cuarenta años abjuró la lei de Moisés, i de sesenta pasó á mejor vida. Alfonso Alvarez Villasandino se burla grandemente de las disposiciones testamentarias que dejó ordenadas antes de su muerte, algunas de las cuales van declaradas en los siguientes versos.
Manda á la Trenidat
un cornado de los nuevos:
á la Cruzada dos huevos
en señal de cristiandat.
E por mayor caridat
manda cien maravedis
para judíos, avis
que no labren en sabat.
Si moriere oi ó cras
manda su opa la blanca
que la den en Salamanca
ó aquí á alguns ssamas
porque l' rece en el homas
é le canten con buen son
una huyna un psimon
bien plañidos por compas.
De su asno é sus fardeles
é de su opa de seda
manda faser almoneda
para dar á los donseles;
porque non le sean crueles,
aunque otro los aconseje
nin lo traiga como á ereje
arrastrando con cordeles.
Fase su testamentario
para cumplir todo aquesto
un judío de buen gesto
que llaman Jacob Cydario.
. . . . . . . . . . . . . . . . . .
Todos los poetas aquí nombrados abjuraron el judaismo, i no solo ellos, sino muchisimos de su lei; i esto no fue obra de la verdad i de la razon, sino del miedo á la plebe que dió en amotinarse contra las juderías para con capa de devocion i piedad, matar á sus habitadores i hacer mui buenas presas en sus haberes i haciendas. El andar tan sobre sí el pueblo en daño de los malaventurados judíos nació de las predicaciones que hacia el arcediano de Ecija en Sevilla don Fernando Martinez, en las cuales hablaba de las usuras que para mal de los cristianos llevaban en sus préstamos i ventas al fiado; i por último se servia de tan vivos colores al pintar las maldades de los observantes del rito mosáico, que muchos de la plebe, siempre novelera, viendo en la destruccion de estos un acto de piedad i un servicio hecho al Dios crucificado, los mataban en las calles sin temor i vergüenza, i con entera libertad. Llegaron las nuevas de estos desmanes al rei don Juan I.º, el cual no halló otro arbitrio para poner freno á aquella canalla bulliciosa que enviar cartas al dean i cabildo de la Santa Iglesia, encareciéndoles la necesidad de meter en pretina al arcediano don Fernando Martinez, autor con sus palabras tan fuera de razon i cordura, de aquellos males i alteraciones. Ca aunque su celo es santo é bueno, débese mirar que con sus sermones é pláticas non conmueva al pueblo contra los judíos, cá aunque son malos é perversos están debajo de mi amparo é real poderío, é non deben ser agraviados; si non castigar por términos de justicia en lo que delinquieren, é yo así lo mandaré facer[44].
No bien murió don Juan I.º en 1390, i ocupó el trono de Castilla su hijo i sucesor don Enrique III, volvió el arcediano de Ecija á predicar contra los judíos, roto ya el freno i respeto con que en vida de aquel rei, bien á su pesar, habia sido oprimido; i así predicando en los mas públicos i frecuentados parajes en Sevilla, irritaba á la plebe poniéndole delante de los ojos la miseria del pueblo i la riqueza de los que guardaban la lei de Moisés, i atribuyendo á la codicia de estos los males que padecian los cristianos, i así es fama que les dirigia discursos semejantes á este: «Oh gentes infelices i para siempre desdichadas, ¿quién podrá remediar vuestras desdichas é infelicidades? ¿Veis la hambre que oprime con tanta fiereza á vosotros i á vuestras mujeres i á vuestros hijos? pues jamás será mitigada, jamás rompereis las cadenas que con todo vigor i fuerza os amarran á la miseria: jamás gustareis los dulcisimos regalos que la inconstante fortuna suele ofrecer á los mortales. ¡Ai pueblo solamente para el mal nacido! La hambre te acosa, i no encontrarás dineros para remediarla, porque los pocos con que vas pasando menos trabajosamente las amarguras de la vida, se sepultan para siempre en las ferradas i escondidas arcas de los judíos. Estos son los enemigos constantes del nombre de Cristo: estos los que imaginan borrarlo de la haz de la tierra: estos los que procuran, por todos los caminos que se presentan á sus ojos, la destruccion del pueblo cristiano. ¡Generacion infeliz! tú vas á desaparecer de la tierra, dejando á tus hijos sujetos á la cautividad de aquellos que no dudaron en crucificar á su Dios! ¿Qué amor, qué piedad, qué regalo podrán esperar de estos tan crueles verdugos? ¡Maldita sea la hora en que tales viboras comenzaron á habitar entre nosotros! ¡Maldito el instante en que consentimos los nidos de estas aves de rapiña cerca de nuestras casas; porque así todo cuanto nos roban, con mas facilidad esconden de nuestras miradas! Despierten ya los mal aconsejados pastores que permiten á los lobos vivir en compañía de las ovejas. Despierten á los ladridos de los leales canes, porque el rebaño va á ser devorado sin remedio. Pero ¿cómo han de despertar los que están dormidos en el profundo sueño de una ciega confianza? Ya no pueden amedrentar á los lobos carniceros las piedras diestramente despedidas de las hondas, porque las manos de los pastores están derribadas por el suelo. Los arcos tienen rotas las cuerdas, las puntas aceradas de las flechas están vestidas de orin: los perros que guardan el rebaño son pocos para el número de las fieras. ¡Ay desdichados corderos! ¿qué será de vosotros si no sacais fuerzas de flaqueza i no procurais defenderos de vuestros iracundos i feroces enemigos?»
Irritado el pueblo con las predicaciones del arcediano don Fernando Martinez, volvió todo su encono contra los judíos, i comenzó á llenar de oprobios públicamente á aquellos que tenian nombre de mui avaros i de mui poderosos por sus grandes riquezas. Castigar estos escesos de la plebe quisieron el alguacil mayor de Sevilla don Alvar Perez de Guzman i los dos alcaldes Rui Perez de Esquivel i Fernan Arias de Quadros, i para ello prendieron á varios del pueblo, cabezas en aquellos desmanes, i mandaron azotar á dos públicamente el miércoles de ceniza dia 15 de Marzo del año de 1391. Pero enfurecida la canalla con este justo castigo, se puso en sedicion con propósito firme de estorbar á todo trance que fuese ejecutado. El alguacil mayor i el conde de Niebla intentaron vanamente sosegar el tumulto con las mejores razones que les venian al pensamiento, en tanto que la plebe, mas soberbia con los ruegos apedreó á los que llevaban á los castigados, los sacó de sus manos, i los metió en la Catedral. Volvió luego su furor contra las juderías, entró en ellas, comenzó á herir i matar cuantos hombres, niños i mujeres se ponian delante de sus ojos, i aun tambien de los que se recataban: hacia presa de las joyas i dineros que hallaba en las casas, i despedazaba en fin lodo aquello que era de judíos. La justicia de Sevilla con el auxilio de la nobleza acudió á defender á los mezquinos hebreos, logrando salvar las vidas de casi todos, i rescatar algo de lo mucho que la desbocada i feroz canalla habia cogido entre sus garras.
Sosegado el tumulto, imaginaron los alcaldes mayores que de penar á los muchos culpados en aquel acto inhumano, naceria irritarse otra vez los mal contentos i codiciosos aun de las haciendas de los malaventurados judíos i poner á la ciudad en un aprieto todavia mas cruel que el pasado.
Por eso determinaron publicar un perdon para los autores de estos delitos, en tanto que los míseros judíos amedrentados con el popular tumulto, i temerosos de las iras de la plebe, no se determinaban á salir á las calles, i ya pensaban en cristianarse para salvar las vidas i haciendas del odio i de la ambicion del pueblo.
Orgulloso el arcediano con el fruto de sus razonamientos, i viendo lo sobre sí que andaban las gentes plebeyas con la impunidad del suceso pasado, es fama que el domingo 9 de Julio del mismo año de 1391 predicó nuevamente contra los judíos pintando su avaricia con los mas vivos colores, i levantando á las nubes los daños que amenazaban á los cristianos con tolerar que estos enemigos del nombre de Cristo viviesen con toda libertad en su lei dentro de las ciudades de Castilla.