El pueblo, alentado por una parte con la codicia de apoderarse de las haciendas de los judíos, i por otra viendo en ellos las zarzas, ortigas i abrojos que suelen crecer entre los sembrados para llevarse toda la sustancia de su madre la tierra, dejándolos sin el mas pequeño mantenimiento espuestos á ser consumidos i abrasados por los rayos del sol, i sin vigor i fuerzas para resistir el empuje del viento airado, alborotóse otra vez i corrió á las juderías, resuelto á esterminar á todos los israelitas que en ellas nacieron, i que en ellas moraban.
Cuatro mil judíos rindieron las vidas á los filos de las espadas de esta bárbara gente, indigna de llevar el nombre de cristiana. Los que escaparon con pequeñas heridas ó sin ninguna del insolente tumulto de aquella canalla desenfrenada, cristianáronse al punto temerosos de sus iras, i escarmentados con los dos pasados motines. I este fué el modo de que se sirvieron algunos malos cristianos para hacer que entrase en los entendimientos de los judíos la verdad de la fe; i como todo fué obra de la fuerza i del miedo, no corrió mucho tiempo sin que ellos prevaricasen, cosa mui conforme á la razon, porque no creo yo que ninguno puede amar la verdad, si para que sea conocida de él, apelan sus contrarios á las armas, al terror, á la sangre i al fuego. Estos medios que suelen emplear los tiranos de la tierra para conservar su poderio ó para conseguir con la celeridad del rayo los propósitos que nacen en sus entendimientos, son para mal de los pueblos por algunos años; pero luego se truecan en armas que sirven para la destruccion i el esterminio de los mismos tiranos que las usaron, i esta es una verdad de que están llenas las historias.
A las nuevas de lo hecho por la plebe sevillana alborotóse la de Córdoba, la de Toledo, la de Zaragoza, la de Valencia, la de Barcelona, la de Lérida i de otras muchas ciudades. El rei Enrique III envió varias cartas á los alcaldes de todas ellas ordenándoles que de ningun modo consintiesen en aquellas maldades, hechas tan en daño de los infelices hebreos; pero ni las ciudades, ni las villas, ni los caballeros hacian caso de las cédulas reales. El pueblo estaba mui sobre aviso, i con sobra de altivez, visto el buen suceso que habia logrado de sus alborotos, sediciones i matanzas.
Disimuló don Enrique el enojo que tenia de ver tan sin fruto sus disposiciones desde el año de 1391 hasta el de 1395, en el cual determinó bajar desde Ségovia á Andalucia para castigar á los autores de los pasados alborotos. Entró en Sevilla el día 13 de Diciembre, i en el mismo dia hizo prender al arcediano de Ecija don Fernando Martinez, porque con sus predicaciones habia puesto en sedicion al pueblo contra los judíos.
El maestro Gil Gonzalez de Avila[45] hablando del arcediano dice que el rei castigólo, porque ninguno con apariencia de piedad entendiese levantar el pueblo. Cuál fué el castigo que recibió este varon, es de todos los historiadores ignorado. Zúñiga afirma que acabó su vida años adelante con gran opinion de sólida virtud.
En cuanto al objeto de los tumultos de la plebe contra los judios, está declarado en la crónica que de Enrique III dejó compuesta el insigne caballero Pero Lopez de Ayala, según se verá por las siguientes palabras: E todo esto fué cobdicia de robar, mas que devocion.
Ya en aquellos tiempos andaba por España un famoso judío llamado Jehosuah Halorqi, nacido en Lorca el año de 1350 segun se cree, insigne talmudista, uno de los principales maestros en la lei de Moisés, i hombre mui docto en el estudio de la medicina. Abjuró el judaismo, i al cristianarse tomó el nombre de Gerónimo de Santa Fe: cosa que no llevaron con paciencia los hebreos españoles, antes tuvieron gran pesadumbre i enojo al ver que declaraba vanos sus ritos un tan sabio varon en las sagradas letras; i asi por escarnio solian desde entonces llamar á Halorqi el Blasfemador.
No falta quien diga que la conversion de este judío á la fe de Cristo, fué conseguida por las predicaciones de San Vicente Ferrer, que ya corria en tal sazon por las ciudades de España, destruyendo la lei de Moisés no con discursos que incitasen á los pueblos á motines i sediciones contra los malaventurados judíos, como solia hacer el famoso arcediano de Ecija en Sevilla, sino llevándolos al camino de la verdad por buenas palabras, por vivas i apretadas razones, i por pláticas cortadas á la medida del Evangelio.
Por la fama que en todos estos reinos i aun en los estraños consiguió Gerónimo de Santa Fe, i por el crédito i concepto que tenia de varon sabio aun en las mas escondidas ciencias, mereció que el anti-papa español Pedro de Luna (que queria gobernar la Iglesia desde Aviñon con el nombre de Benito XIII) lo llamase á su corte en 1412 para que asistiese cerca de su persona, i pudiese curarla en todas cuantas enfermedades afligen porfiadamente los cuerpos de los mortales.
Un suceso vino á aumentar las bien dadas alabanzas que por su ciencia recibia de todos el converso Gerónimo de Santa Fe. Cuenta Gerónimo de Zurita en sus Anales de Aragon[46] que en el año de 1413 vista la obstinacion de los judíos en no convertirse á la lei de Gracia, se buscaron nuevos remedios para vencer la repugnancia que estas gentes tenian á admitir en sus entendimientos la luz de la verdad. «Por mandado del Papa, se congregaron en la ciudad de Tortosa i estuvieron juntos todos los mayores rabines que se hallaban en las aljamas del reino, para que públicamente en su presencia i de toda su corte fuesen amonestados que reconociesen el error i ceguedad en que andaba aquella gente. Eran los rabines mayores rabí Ferrer, i el maestro Salomon Isaac, rabí Astruch el Levi de Alcañiz, rabí Joseph Albo, i rabí Matatías de Zaragoza, el maestro Todroz, Benastruc Desmaestre de Girona, i rabí Moisés Abenabez, i como quiera que en la corte del Papa se hallaban muchos i mui señalados maestros i dotores en la sagrada Teología i de mucha sciencia i sabiduría en las letras divinas i de gran prudencia; pero quiso el Papa que en las cuestiones i disputas que se propusieron, se cometiese la instruccion é informacion de aquella nacion mas especial i particularmente á Gerónimo de Santa Fe su médico, como mui enseñado i fundado en la leccion del Testamento Viejo, i de sus glosas, i en todos los tratados de los rabines i de su Talmud, por cuyas autoridades i sentencias era la intencion del Papa que fuesen inducidos i convencidos para mas descubrir su ciega i condenada doctrina, i la obstinacion de errores i vida, i la temeridad i perverso entendimiento de su lei. Fué la primera congregacion á siete del mes de Hebrero del año pasado (1413) i en presencia del Papa i de su colegio i de toda su corte comenzaron á proponerse las cuestiones i articulos que se habian de discutir i disputar; i asistió el Papa á otras congregaciones, i por su absencia cometió sus veces i lugar para que presidiesen á ellas, al ministro general de la órden de los predicadores i al maestro del Sacro palacio. Hallóse en esta congregacion de letrados un Garci Alvarez de Alarcon, mui enseñado en las lenguas hebrea, caldea i latina, i fué gran parte en convencer i reducir muchas de las mas principales familias del reino Andrés Beltran, maestro en Teología, limosnero del Papa que era mui docto en las letras hebreas i caldeas, i fué de aquella lei: que era natural de Valencia, i despues por su gran religion i mucha doctrina le proveyó el Papa de la iglesia de Barcelona, por cuya determinacion se declaraban las dudas de lo que tocaba á las traslaciones de la Biblia que los rabines torcian á su propósito.»