La cuarta suerte de jesuitas es de políticos, en cuyas manos esta el gobierno de la religion, y estos son aquellos, que tentados del diablo, con aquella tentación que tuvo Cristo en el desierto (Hæc omnia tibi dabo etc.) han aceptado la condicion, y trabajan por reducir su religion á una perfecta monarquía, y que comience por Roma á donde concurren casi todos los negocios de la cristiandad, y donde reside la cabeza de estos políticos, que es su general con otros en grandisimo número de la misma profesion; los cuales ya informados de sus espías, y relaciones de todos los negocios mas graves é importantes que se tratan en la corte romana; y habiendo ellos visto y conocido primero, cual juego será mejor para su propio interés, tienen cuidado de irse todos los dias á las casas de los cardenales, embajadores y prelados, con los cuales diestramente vienen á hablar de aquel negocio, que de presente se trata, ó con brevedad saben se ha de tratar, el cual le representan del modo que mejor les parece, ó en la forma que les parece mas á propósito para su aprovechamiento, mudando bien de ordinario el aspecto de las cosas, y mostrando (como suelen decir) lo negro por blanco, ó porque las primeras relaciones hechas particularmente de personas religiosas, suelen hacer notable impresion en los ánimos que las oyen, de aquí nace que muchas veces negocios importantisimos, tratados por medio de embajadores, de príncipes, i de otras personas graves de la corte romana, no han tenido aquel fin, que deseaban; porque estos padres habian prevenido los ánimos con sus interesadas relaciones, obrando que á aquellas de los embajadores, ó de otros agentes, se les diese menos crédito: y de este mismo artificio, que usan con los prelados y cardenales en Roma, usan fuera de ella con otros principes por sí mismos, ó por otros jesuitas de la segunda suerte, de manera que se puede concluir que la mayor parte de negocios de la cristiandad pasan por su mano, y solo salen aquellos, que estos padres no contradicen. Grandisimo es el arte que en esta parte tienen, y casi impenetrable, por lo que no es posible profundamente poderlo manifestar, pero penetrarlo muy bien, cualquiera príncipe que esté advertido de lo que aquí se apunta, porque podrá hacer reflexion de cosas pasadas, y con esto conocerá la verdad de mi discurso. Así trayendo á la memoria el arte y modo con que fueron tratadas, descubrirá mas de lo que aqui se puede decir. I no se contentan de usar de este su oculto artificio, para ingerirse en todos los negocios del mundo, por haberse persuadido que sea este el único medio para conseguir aquella monarquía. La jurisdiccion que ellos desean suplicaron años pasados á la Santidad de Gregorio XIII que públicamente favoreciese este su pensamiento, representándoselo y persuadiéndole á ello con color del bien público de la Iglesia, mandando á todos los legados y ministros apostólicos, que tomasen por su compañero ó confidente algun padre de la Compañía, con cuyo consejo se gobernasen en todas sus acciones.

Con el medio de este manejo, y conocimiento en las cosas de estado, han granjeado estos padres ó los principales de ellos, la amistad de muchos príncipes eclesiásticos y seculares, á los cuales han persuadido que han dicho ó hecho en su servicio muchas cosas: de lo que se han seguido dos gravisimos inconvenientes. El primero, que usando mal de la amistad y bondad de los príncipes, no han reparado en disgustar muchas familias particulares, ricas y nobles, usurpándoles (si así se puede decir) la hacienda de las viudas, dejando á sus parientes en suma miseria con llevar á su religión los mejores ingenios, que acuden á sus estudios; á estos muchas veces, si por ventura salen ignorantes ó enfermos, con algun color honesto les echan fuera, pero reteniendo sus haciendas, porque al tiempo de su profesion les hicieron les dejasen por sus herederos, escluyendo del todo de sus estudios á los pobres contra el órden de dicho beato Ignacio y contra la intencion de aquellos que les han dejado las rentas para esto, porque si bien sirvieran en ello á la república, seria interés.

El segundo inconveniente es: que estos padres con singular artificio dan á entender al mundo la intrínseca amistad que tienen con los príncipes, pintándola aun mayor de lo que ella es en efecto, con fin de que todos sus ministros sean sus amigos, y de que todos acudan por favor á sus pretensiones, y así se han alabado públicamente en Roma de poder hacer cardenales, nuncios, tenientes gobernadores y otros oficios; y han dicho algunos afirmativamente que puede mas su general que el Sumo Pontífice; otros han dicho que es mejor ser de aquella religion que puede hacer cardenales, que ser cardenal, y todas estas cosas se han hecho públicamente; de manera que no hay persona que familiarmente trate con estos padres, á quien no hayan dicho estas ó cosas semejantes.

Fundados en esta su práctica de estado, pretenden que pueden favorecer á cualquiera que ellos quisieren y destruir al que les pareciere; y sirviéndose de una cubierta ó capa de religion para ser creidos, consiguen muchas veces su intento: y proponiendo ellos un sugeto á un principe, no hacen eleccion del mas benemérito, antes mas de ordinario se oponen al que lo es cuando conocen que no es su principal confidente, y así proponen siempre personas que son á propósito para sus intereses, sin reparar si el tal es afecto al principe, si benemérito ó capaz para dar buena cuenta y satisfaccion del oficio ó cargo que les dan, de que nacen casi siempre inquietudes en el príncipe, y alborotos y disgustos en el pueblo.

De la manera que el cómitre, conociendo el tiempo favorable, con un silbo que da á los galeotes, todos bogan y hacen caminar la galera; así cuando en las quietes ó siestas de estos padres, que cada dia hacen el padre general y asistentes en Roma, se concluye que en su aprovechamiento conviene que tal sugeto tenga este oficio, ó la otra dignidad, avisa luego el padre general á los que residen en otras partes, y todos unánimes i conformes casi á un mismo tiempo hacen apretadas diligencias para que este tal consiga el cargo, en que pretenden ponerle; y muy ingrato seria el que obligado de esta manera, no gratificase á estos padres, sirviéndoles en las ocasiones que tuviesen necesidad de su ayuda, con el mismo afecto que ellos le favorecieron, y como este tal, ó estos tales, porque tienen muchos los padres Jesuitas, dependientes, por este camino se hallan mas obligados á ellos que al príncipe de quien recibieron el oficio ó grandeza, así con mayor voluntad y afecto les sirven que al mismo príncipe. Con que quedan empeñados los señores, que creyendo han granjeado un fiel criado, han puesto una espía de estos padres, de quien se valen ellos muchas veces con daño del mismo que lo engrandeció. Podia con ejemplos bien claros confirmar cuanto se ha dicho hasta ahora, si bien de la esperiencia y voz pública está bastante confirmado; pero por no hacerme tan odioso descendiendo á particulares, pasaré adelante concluyendo, que la razon por qué estos padres suelen llamar su religion una gran monarquía, es por ventura porque entienden y creen que gobiernan á su voluntad los príncipes y ministros, y no ha mucho que hablando en público uno de los mas graves de estos padres en nombre de su religion á un Serenisimo, comenzó con estas palabras llenas de arrogancia, y fundadas sin duda en una estimacion de su monarquía: Nuestra Compañía tuvo siempre buena correspondencia con vuestra Serenidad.

Procuran estos padres con todas veras dar á entender al mundo, que todos los que son de cualquiera manera gratificados del príncipe son los que ellos han favorecido y ayudado, y por este camino se hacen dueños de los ánimos de los súbditos mas que los mismos príncipes; lo cual es grandisimo perjuicio, así porque ninguna buena razon de estado consiente que religiosos tan ambiciosos y políticos sean tan señores de la voluntad de los ministros, que queriendo pueden hacer alguna traicion ó levantamiento, como que por este camino (es por medio de ministros dependientes suyos) introducen y meten en el servicio de los príncipes, por sus consejeros, ó secretarios; aquellos Jesuitas in voto, de que hablamos arriba, y estos negocian despues con el príncipe que se sirva de alguno de estos padres, por confesor, ó predicador, y todos estos juntos sirven de espías al padre general á quien dan menudisima cuenta de todo aquello que hasta en los mas secretos consejos se trata, de donde sucede que muchas veces se ven prevenir los intentos, y descubrir los secretos de mayor importancia, sin poder saber el autor, antes se sospecha de ordinario de aquellos que tienen menos culpa.

Como naturalmente siguen de ordinario los súbditos la inclinacion de su príncipe; así aquellos que dan la obediencia al padre general, viendo que él con sumo cuidado atiende á cosas de estado, y que por este camino procura engrandecer la Compañía, tambien ellos se aplícan á lo mismo; sirviéndose del medio de sus parientes, procuran penetrar y saber el corazon del príncipe, y los mas secretos intentos suyos, para avisar de todo al asistente de Roma, ó al padre general; intentando con este medio ganar su gracia, y conseguir algun oficio ó dignidad, que de otra manera jamás lo obtendrian, porque entre ellos no se dan oficios, ni cargos á grandes, sino á aquellos que conocen ser á propósito para ayudar á llevar la Compañía á aquel punto de grandeza á que aspiran, y que tienen por suficiente en el manejo de las cosas de estado.

Y como de diversas yerbas por fuerza de alambique se destila y saca tal agua, que es poderosa á curar y sanar una mortal llaga; y como de diversas flores van las abejas chupando la miel; así de las relaciones tan puntuales que tienen estos padres, de todos los intereses de príncipes y de todos los accidentes que suceden en cualquiera estado, sacan ellos con la fuerza del discurso su propio interés para sanar la llaga casi incurable del deseo de engrandecerse, y sacan una cierta ciencia de su aprovechamiento propio, con que tanto del bien de este, como del mal del otro y mas de ordinario del mal que del bien, consiguen su intento y pretension. Tras esto suelen poner en dudas sus esperanzas á los príncipes cuyos ánimos tienen ya penetrados, diciéndoles que tienen escogidos medios para conseguir sus intentos, y que tengan efecto sus pensamientos; pero cuando ya ellos han sacado su interés propio, considerando que la demasiada grandeza de aquel príncipe les pudiera ser algun dia de perjuicio y daño, alargan lo mas que pueden la práctica de aquel negocio, como hacen los abogados en los pleitos, y despues con destreza y maravilloso artificio, volviendo la hoja, deshacen y arruinan totalmente aquel negocio al cual ellos habian dado principio.

La liga de Francia tratada y concluida de estos padres, y despues desamparada y dejada de ellos mismos, cuando vieron que iban mas prósperamente las cosas de Enrique IV, la Inglaterra.... permitida muchas veces de estos padres á los españoles, y otros cien casos tales confirman este mi discurso, de manera que no tienen necesidad de mayor prueba.

De lo dicho se sigue que los padres de la Compañia no tienen buena ni recta intencion con ningun príncipe eclesiástico, ni secular; pero sírvenles tanto, cuanto conviene á sus intereses; antes se sigue que ningun príncipe y mucho menos señores particulares se pueden fiar de ellos, porque mostrándose estos padres en un mismo tiempo afectos igualmente á todos, haciéndose españoles con los españoles, franceses con los franceses, y lo mismo con las demás naciones, cuando lo pide la ocasion parece que solo cuidan y miran á su propio interés, sin reparar en perjudicar á este mas que al otro; por lo que las empresas y negocios en que estos padres se han entremetido, raras veces han tenido buen fin, por no tener ellos ánimo de servir ni ayudar mas de aquello que les dicta su propio interés, en que tienen grandisimo artificio, fingiéndose algunos parcialisimos de la corona de España, otros de Francia, otros del emperador, y lo mismo de otros príncipes de quien desean ser favorecidos y ayudados. Y si alguno de estos príncipes se quiere valer del medio de algun jesuita, que tienen por confidente suyo, escribe este tal el negocio que se ha de tratar, y con la respuesta espera, y si el órden que su general le ha dado es conforme á la intencion y fin del príncipe que le cometió el cuidado del negocio, así que como la Compañía quede servida, poco cuidado da el servicio ó negocio del príncipe.