Fuera de esto, como conocen estos padres en lo que son interesados todos los príncipes, están bien informados de casi todo lo que cada dia se trata en sus mas secretos consejos, aquellos que fingen ser parciales ó confidentes de España, proponen al rei y sus principales ministros ciertas condiciones y consideraciones de estado muy importantes, que se las han enviado de Roma algunos padres políticos. Lo mismo hacen en Francia aquellos que muestran ser devotos y confidentes de aquella corona y así los demás, de lo que nacen tales sospechas en el ánimo de los príncipes que no se fia nada uno de otro, que es de grandisimo perjuicio á la quietud, y paz pública, y al bien universal de la cristiandad, haciéndose con esto dificultosisima la conclusion de una liga contra el enemigo comun y poco segura la paz entre los príncipes cristianos.

Demos que con este modo artificioso han abierto de tal manera los ojos al mundo, adelgazándole en materia de estado, que hoy con notable perjuicio de la Iglesia no se atiende ni trata de otra cosa, pesando cada uno con ese peso sus acciones todas, y lo que peor es tambien que los herejes han conocido el artificio de estos padres, y ahora con harto daño nuestro se valen de él con aquellos príncipes que les hacen proteccion; de manera que donde primero sabian algunas letras, y se podia esperar que algun dia conociesen sus errores, ahora han salido ateistas y políticos, dificultosisimos de convertirse, si Dios milagrosamente no los reduce.

No quiero callar aquí para que se conozca el artificio jesuítico, y el modo con que procuran ganar y prender los príncipes, como algunos años há un padre asistente de Inglaterra, llamado el padre Personio, escribió un libro contra la sucesion del rey de Escocia al reino de Inglaterra. Y otro padre llamado Cristonio, con otros de su misma religion, defendieron en otro libro que imprimieron, el derecho que el rei de Escocia tenia á aquella corona opugnando el parecer de dicho padre Personio, fingiendo entre sí estar desunidos, si bien se hacia todo con particular artificio y voluntad, y parecer de su general para que con cualquiera que sucediese en el reino de Inglaterra, pudiesen tener entrada y medio con que poder engrandecer su religion y sacar su propio interés; de donde se ve claro que los príncipes son el objeto de todas sus acciones y determinaciones de estos padres, y que por consecuencia se verifica lo que de ordinario dicen que es su religion una gran monarquía.

Que sea verdad que estos padres no acuden á dar gusto ni disgusto á ningun príncipe cuando se trata de su propio interés, aunque la esperiencia de casos infinitos que han sucedido lo descubra y pruebe mas claro que el sol, con todo de lo que diré aquí se hará evidente no hay persona en el mundo á quien deban obedecer mas que al Sumo Pontífice, así por la gracia de ser cristianos, como por el voto particular que hacen de obedecerle: y con todo á Pio V, Sumo Pontífice de quien no hay bastantes alabanzas que decir, que iluminado del Espíritu Santo quiso reformar á estos padres, reduciéndoles á tener coro y hacer sus profesiones como las hacen las demás religiones, no le quisieron obedecer, pareciéndoles que esto les seria de notable perjuicio; antes algunos pocos, que obedecieron al Sumo Pontífice, é hicieron sus profesiones, los llamaron estos padres (como por desprecio) Quintinos, y jamás alguno de estos ha podido obtener beneficio alguno. De la misma manera se opusieron al glorioso San Cárlos, arzobispo de Milan, que como legado ad látere de su Santidad deseó reducirlos á una disciplina religiosa. Pero qué menos obedecen á los sagrados Cánones, ni á sus decretos? haciendo mercancías de perlas, rubíes y diamantes, que se traen de las Indias, porque es opinion evidente que la mayor parte de las perlas preciosas que se venden en Venecia son de estos padres, lo que se ha sabido de aquellos de quien se han servido y sirven de corredores.

Que no sirvan al Sumo Pontífice, lo saben aquellos mismos padres que para este fin fueron llamados de Roma, y procesados, que ni quiero ni puedo nombrarlos, ni estenderme mas en esto, por no verme obligado á hablar de algun príncipe á quien no da mucho gusto este mi discurso. Yo deseo servirlos á todos sin ofender á ninguno, y porque no es mi intento hacer aquí una invectiva contra estos padres (á quien fuera de esto observo y reverencio) sino de apuntar brevemente sus caminos y costumbres.

Véase á las veces que afligida una persona de alguna enfermedad peligrosa, se queja tan lastimosamente, que al cielo llegan sus voces, pero sin conocer la causa i origen de su mal; así todo el mundo se queja de estos padres, quién perseguido de ellos, y quién por ser correspondido con poca fidelidad; y el mal todavia continúa sin poderse penetrar y conocer la raiz de él, que es el deseo é intento que tienen de engrandecerse; por cuyo respecto no lo tienen de disgustar mas á este que á aquel, de engañar los principes, de oprimir los pobres, de sacar con su artificio las haciendas de las viudas, arruinando familias nobilisimas, i ordinariamente ser causa de sospechas i disgustos entre principes cristianos, por quererse ingerir y meter en los mas grandes negocios que tratan: ahora como seria inconveniente que la parte últimamente formada en el principio de la naturaleza atrajese y quitase la sangre mas pura que las partes vitales del compuesto, para que sirviese de instrumento á las otras menos principales, pues con esto quedaría acabada; de la misma manera desdecia que la religion de estos padres puesta en la Iglesia para convencer herejías y reducir pecadores á penitencia, atraiga y lleve á sí los negocios mas graves é importantes de príncipes y prelados, sacando los espíritus vitales de sus intereses, aplicándolos todos á si, porque de aquí nace el turbarse la paz pública y privada, y se oprimen muchos sugetos dignos de ser elevados, se elevan otros dignos de ser oprimidos con otros mil inconvenientes que de esta causa nacen.

Para hacer demostracion de cuan grande sea la ambicion de engrandecerse estos padres, podia traer infinitas razones sacadas de la esperiencia, pero bastaráme aquí probarlas con las palabras mismas del Personio, de los graves que han tenido estos padres, escrita en un libro suyo compuesto en lengua inglesa, intitulado LA REFORMACION DE INGLATERRA, donde despues de haber dicho mucho mal del cardenal Paulo, prelado que por su virtud y santidad, y por lo benemérito que fué de la iglesia, es digno de eterna memoria, y despues de haber notado ciertas faltas é imperfecciones del Santo Concilio de Trento, finalmente concluyó que cuando la Inglaterra torne á la verdadera fe católica convendrá reducirla á la forma y estado de la primitiva Iglesia, poniendo en comun los bienes eclesiásticos, dando el cuidado y administracion de ellos á siete sabios, los cuales sean de la Compañia, para que como mas bien les pareciere los distribuyan: ni quiere, antes veda con gravisimas penas, que ningun religioso de cualquiera órden que sea sin licencia de estos padres pueda volver á Inglaterra, con fin y ánimo de no dejar á otros que aquellos que se sustentan de limosnas. Pero porque el amor propio ciega, y por prudente que uno sea le hace imprudentisimo, es cosa ridícula, lo que este padre añade, reducida (dice él) que sea Inglaterra á la fe verdadera, no es bien que el Papa á lo menos por cinco años se meta en la provision y distribucion de los beneficios eclesiásticos de aquel reino, sino que todo quede en las manos de aquellos siete sabios, que ellos los distribuirán segun juzgaren ser mas conveniente á la Iglesia, con fin y ánimo de que pasados aquellos cinco años con sus trazas, de que son abundantisimos, podrán hacerse prorogar el mismo privilegio por otros cinco años, y proseguir hasta tanto que totalmente escluyan á su Santidad de Inglaterra. ¿Quién ahora no ve, como en un cuadro natural, pintada la codicia y ambicion jesuítica juntamente con el deseo que tienen de hacerse monarcas? ¿quién no conoce con cuanto artificio van procurando su interés, cuidando poco del aprovechamiento y daño de los demás?

Mas en tiempo de Gregorio XIII le pidieron é instaron les invistiese, y diese todas las iglesias parroquiales de Roma para que allí diese principio su monarquia, y esto que no pudieron conseguir en Roma, han conseguido en Inglaterra, donde últimamente han hecho elegir un arcipreste, jesuita in voto, que en lugar de hacer la proteccion al clero persigue como rabioso lobo todos los sacerdotes que no son dependientes suyos, reduciéndolos á estado de desesperacion, privándoles con graves penas no puedan hablar entre sí; con que hoy casi todo el clero inglés es jesuita in voto, ni se recibe ya ninguno en los colegios que no haya dado palabra de ser jesuita: así, cuando aquel reino volviese á la antigua verdadera fe, daria Inglaterra principio á una monarquía jesuítica, porque todas las rentas eclesiásticas, todas las abadias y otras dignidades serán dadas á jesuitas.

Ello es cierto (que aun lo digo llorando) que hoy se convierten poquisimos herejes particularmente en Inglaterra, porque como dije no ha quedado ninguno del clero antiguo, el cual hacia grandisimo bien, lo cual se atribuye á estos padres, que atienden y cuidan harto mas de su interés, que de la salud y aprovechamiento de las almas; fuera de que los mismos herejes conocen la opresion que padecen los sacerdotes católicos de los jesuitas, y el artificio con que proceden, y de tal manera los aborrecen que muchos no se convierten por no ser tiranizados de estos padres; dejo aquí muchas cosas de las pretensiones que tienen sobre los estados de otros, mostrándose celosos de ellos y de su grandeza, como de la gracia que suelen ganar de un príncipe con persuadirles á que ellos tienen el pueblo á su devocion y que le hacen esté muy afecto á su persona, dejando que cada uno lo considere como cosa evidente y clara, concluiré este discurso con cuatro breves razones.

La primera: que hombres de espíritu tan levantado y de pensamientos tan grandes desean siempre novedades y las buscan y causan, porque solo con el medio de nuevos movimientos suelen conseguir los intentos, abriendo camino con las armas de su industria y trazas en que los hemos visto tan bien ejercitados, porque á un príncipe que desee y ame la paz y conservacion de su estado, no solamente estos padres no le pueden ser de provecho para este fin, antes de daño, causando alborotos, y poniéndole en compromiso su estado, si teniéndolos en él no los favorece, ó si favoreciéndoles se gobierna por sus consejos.