¡Escucha también mis lacrimosos gemidos, oh padre! Al pie de este túmulo están tus dos hijos llorándote con tristes endechas. Aquí están los dos, suplicantes; los dos igualmente desterrados, y acogidos a tu sepultura. ¿Qué bien habrá para ellos? ¿Dónde irán que el mal no les asalte? ¿Acaso no es invencible el rigor de su desdicha?
CORO
Pero que el cielo quiera, y él dispondrá más regocijadas voces; y en vez de cantos funerarios el Peán triunfal que restituya en sus regios alcázares al nuevo amigo que se nos acaba de juntar.
ORESTES
¡Y si hubieses perecido, oh padre, delante de Ilión, al golpe de licio hierro, legando a tu casa la gloria y labrando a tus hijos vida feliz que se llevase las miradas de todos...! Al otro lado del mar tendrías honrado túmulo, menos triste para los tuyos que este donde yaces.
CORO
Hasta bajo la tierra sería amado e insigne, y augusto señor de los héroes que hallaron gloriosa muerte en los campos de Troya, y ministro de las potentes deidades subterráneas; pues que en vida fué rey de cuantos recibieron del Hado cetro con que tener a los hombres en obediencia.
ELECTRA
No, no; tampoco eso, padre; tampoco que hubieras fenecido al pie de los muros de Ilión entre tantos otros como cayeron bajo las enemigas lanzas; ni que junto con ellos hubieses hallado a las orillas del Escamandro honrada sepultura; sino que tus matadores hubieran muerto entonces con la misma muerte que después te dieron a ti, y que tú hubieses sabido su fin desastrado, lejos de estos lugares, y libre de la desgracia que lloramos ahora.
CORO