¡Válgame el cielo, qué de ultrajes! Pero en verdad que, con ayuda de los dioses y de mi mano, ha de pagar los ultrajes que hizo a mi padre. Después que yo le dé muerte, ¡aunque yo muera!
ELECTRA
Para que lo sepas. Pues todavía hizo más. Ella mutiló su cuerpo, y así de maltratado fué como le dió sepultura, deseosa de hacerte la vida más amarga aún. Ahí tienes los ultrajes que padeció nuestro padre.
ORESTES
¡Conque tal fué la miserable suerte de mi padre!
ELECTRA
Y yo vivía en un rincón, despreciada, puesta a todo vil trato y arrojada del hogar como perro que muerde. Más prontas estaban las lágrimas que las risas, y así y todo tenía que sonreírme por ver de ocultar mi continuo y dolorido llanto. Graba en el alma lo que acabas de oír; que mis palabras penetren tus oídos y lleguen a la serena región del pensamiento. Lo que sucedió, ya lo sabes; lo que debe suceder, pregúntaselo a tu odio. Es necesario llegar al fin con ánimo inalterable.
ORESTES
¡Yo te invoco, padre! ¡Padre, sé con los que te amaron!
ELECTRA