¡Cómo! ¿Y no la hirió el pecho el horrendo monstruo?

CORO

Como que junto con la leche sacó sangre.

ORESTES

No en vano la envió su esposo ese sueño.

CORO

Despierta ella entonces toda despavorida y pidiendo socorro. A las voces de la reina, mil antorchas, apagadas en la hora del descanso, vuelven a encenderse y disipan la obscuridad. Luego al punto envía estos fúnebres obsequios, esperanzada en que han de ser remedio certísimo de sus males.

ORESTES

¡Oh tierra natal! ¡oh tumba de mi padre, haced que sea yo el cumplidor de ese sueño! A lo que se me alcanza, él viene bien con mi destino. Si la serpiente salió del mismo seno de donde salí; si fué envuelta en mis propios pañales, y se agarró voraz a los pechos que me criaron, y sacó de ellos leche y sangre, razón tuvo la que tal soñó, para lanzar grito de angustia temerosa. Quien amamantó a un horrendo monstruo, de mala muerte debe morir. Yo seré la serpiente; yo la mataré como el sueño anuncia. Habla: te hago juez de la interpretación del prodigio.

CORO