CORO

¡Oh amado hijo de Edipo! Temí oyendo el estruendoso rodar de los carros, y el girar rechinante del cubo de las ruedas, y el gemir de esos frenos, hijos del fuego; timones que rigen las hípicas bocas, sin dormir jamás.

ETEOCLES

¡Y qué! ¿Acaso huyendo de la popa a la proa es como el piloto encontrará camino de salvación cuando fluctúe entre las ondas la combatida nave?

CORO

Dirigíame yo corriendo a los antiguos simulacros de los bienaventurados, puesta en ellos mi confianza, cuando llegó hasta mí el fragor de la funesta tempestad que a modo de apretada nieve caía sobre las puertas, y entonces con el terror elevé a los dioses mi voz suplicante, por que tiendan su auxilio sobre la ciudad.

ETEOCLES

Orad por que los muros resistan el empuje de los sitiadores.

CORO

Pues en verdad que de los dioses depende.