ESPÍA
A ciencia cierta puedo decirte el estado de los enemigos, y qué puerta le cupo a cada cual en suerte. Ya Tideo brama de furor frente a la puerta Prétida. El adivino no le deja pasar las aguas del Ismeno porque las entrañas de las víctimas no le son favorables; y Tideo, fuera de sí y ansioso de pelear, se desata en voces, como hambriento león en silbos al calor del mediodía y provoca con denuestos al sabio vate hijo de Oídeo, acusándolo de retroceder medroso, con bajeza de ánimo, ante la pelea y la muerte. Y gritando así, sacude el triple penacho; la crinada cabellera hace negra sombra al yelmo, y bajo la trémula mano claman terror las resonantes y cóncavas labores de su broncíneo escudo. En él lleva esta arrogante empresa: un cielo, hecho a cincel, todo encendido por los astros, en medio del cual brilla resplandeciente la luna llena, gloria de las estrellas y ojo de la noche. De esta suerte está a la orilla del río, y salta loco de ufanía con el soberbio aparato de sus armas, y vocea, y llama a combate, no de otro modo que fogoso corcel, en oyendo el són de la corneta, se ensaña con el espumante freno, y quiere lanzarse a la batalla. ¿Quién le opondrás? Una vez que la puerta de Preto sea forzada ¿quién será poderoso a hacerle frente?
ETEOCLES
No me asusto yo de afeites de hombre ninguno; ni los motes hacen heridas, ni muerden penachos y sonoros cobres sin la lanza. Y en cuanto a esa noche que dices hay en el escudo, resplandeciente con los astros del cielo, acaso esa locura pudiera ser profecía para alguno. Por que si cae sobre sus ojos la noche de la muerte, vendrá a ser esa arrogante empresa bien justa, y verdadera, y significativa para su mantenedor, y el agorero de su propia afrenta. Yo pondré contra Tideo por defensor de esa puerta al virtuoso hijo de Astaco, de muy generosa sangre, honrador del trono del honor, y aborrecedor de jactanciosas frases. Tímido sólo para toda acción fea, jamás conoció la cobardía. Trae su estirpe de aquellos hombres nacidos de la siembra de Cadmo, que perdonó Ares, y es de pura raza thebana. Tal es Melanippo. Ahora Ares jugará a los dados la victoria, mas como quiera la ley de la sangre designa a Melanippo para defender de la lanza enemiga a la madre que le parió.
CORO
Así los dioses den ahora a mi mantenedor tan buena fortuna como justicia le asiste al alzarse en armas por la ciudad; pero temo ver el fin sangriento de los que van a morir por los que les son caros.
ESPÍA
Sí, quieran los dioses darle buena suerte. La puerta de Electra tocóle a Capaneo, el cual es otro gigante mayor que el sobredicho, cuya arrogancia no razona a lo humano. Amenaza las torres con estragos que jamás permita la fortuna, y dice que, quiera el cielo o no quiera, que él ha de destruir la ciudad, y que la ira misma de Zeus, que se clavase en el suelo a su paso, no le detendría en su camino. Para él lo mismo se le da de relámpagos y rayos que de los calores del mediodía. Tiene por empresa un hombre desnudo armado de encendida tea, y que dice en letras de oro: “Yo incendiaré la ciudad.” Contra un tal hombre como éste envía... Mas ¿quién le hará cara? ¿Quién esperará sin temblar a hombre que viene tan arrogante?
ETEOCLES
Ventaja sobre ventaja. La lengua es el verdadero acusador de los vanos pensamientos de los hombres. Capaneo amenaza, pronto a hacer lo que dice, y menosprecia a los dioses, y suelta su lengua con necia alegría, y, mortal como es, lanza a voces arrebatadas palabras que llegan hasta el mismo Zeus. Pero confío que ha de venir sobre él, y con razón, el ignífero rayo, y nada semejante a los ardores del sol de mediodía. Tan baladrón y todo, contra él está designado un hombre que arde en coraje, el impetuoso Polifónte, defensa bastante del puesto con el favor de su patrona Artemisa y de los demás dioses. Dime otro de los destinados por la suerte para las restantes puertas.