El Almirante Shufeldt expresó sus francas y claras opiniones, continúa diciendo Corthell, como sigue: «Cada istmo tiene tanta mayor importancia cuanto más próximo se encuentra al centro de la influencia comercial y política americana, y el valor intrínseco de esta obra, eminentemente nacional, puede considerarse en razón inversa de la distancia á ese centro. Un canal á través del Istmo de Tehuantepec es una extensión del rio Mississippi al Océano Pacífico. Convierte el Golfo de México en un lago americano. En tiempo de guerra cierra ese Golfo á todos los enemigos. Es la única via que nuestro Gobierno puede vigilar. Puede decirse que convierte á nuestro territorio en circunnavegable. Acorta 1,400 millas náuticas la distancia que habria entre Nueva Orleans y San Francisco por un canal en el istmo de Darién.»

«La via de Tehuantepec puede hacerse mucho más accesible á los Estados Unidos y México por ferrocarril, sobre el que se pueden transportar ejércitos y municiones prontamente. El Golfo de México está fuera de complicaciones extranjeras por pertenecer á estas dos grandes repúblicas del Nuevo Mundo, y cuando Cuba se convierta en un estado de la Unión, lo que parece estar ya cerca, tendremos en nuestras manos el circuito total de este gran mar.»

En el Weekly Picayune de 28 de Julio último, hallamos lo siguiente entre otros párrafos de un articulo «Anexión de Cuba, pero no Independencia Completa para los Cubanos:» «Los sentimientos de humanidad exigen la anexión para salvar á la isla de los horrores de la anarquía que seguirían al conceder la independencia á un pueblo dividido entre sí y dividido por cuestiones de raza; incapaz de gobernarse á sí mismo en la vida privada, é incapaz por consiguiente, de conducirse bien en la vida pública.»

No hay que olvidar que los anglo-americanos llaman América á su país y que el nombre de Estados Unidos de América lo usan en contraposición á Estados Unidos de Colombia, Mexicanos, etc. Ellos son los americanos, como si los demás nativos del mundo de Colón no tuviesen derecho á ese nombre. No se oculta en los párrafos citados la aplicación de la mal entendida doctrina Monroe, aplicación real que veremos pronto como una de las consecuencias más inmediatas de la guerra; América será los Estados Unidos. No se oculta ese protectorado que desde hace luengos años los yankees han querido ejercer sobre todos los pueblos hispano-americanos y que cada vez quieren hacer más efectivo, aunque siempre entrometiéndose en el momento menos oportuno, como sucedió con nosotros cuando la guerra de intervención, en que Mr. Seward se dirigió á Napoleón III cuando su intromisión era inoportuna, según la calificó un hombre superior llamado Gabino Barreda.

Podemos afirmar, á la altura en que nos hallamos, que ni los antecedentes de los yankees, ni las verdaderas causas de la guerra, ni las publicaciones de algunos anglo-americanos autorizan á creer que el precepto de la moral positiva «sacrificio de los fuertes en favor de los débiles,» proclamado por el inmortal Augusto Comte como base de la política internacional moderna, ha sido el móvil de nuestros vecinos al declarar la guerra á la nación española.

Aun suponiendo la más inmaculada de las purezas en las intenciones yankees, quedarán siempre como una mancha los horrores de la guerra sobre el pueblo anglo-americano para toda persona que examine friamente la cuestión desde el punto de vista moral. Un Gobierno no debe declarar nunca la guerra sino después de haber agotado todos los medios pacíficos para evitarla. No ha sido tal el caso del pueblo yankee, y juzgando con el criterio positivo, han cometido los hombres de Gobierno anglo-americanos el más grave y el más atroz de los crímenes, haciéndose responsables de todos los males y horrores consiguientes á una lucha armada, porque no vacilaron en echar sobre sus hombros el peso de tanta desolación y ruina, cuando no habían agotado la persuasión y cuando los medios pacíficos les habian dado excelentes resultados.

Toda una serie de concesiones otorgaron los españoles á los cubanos, bajo el benéfico y pacífico influjo de los yankees, y un padrón de infamia será para éstos la declaración de la guerra, porque no era ésta el único arbitrio que les quedaba para lograr la independencia de Cuba.

No parece sino que los gobernantes anglo-americanos han buscado con la guerra, con un acto odioso, las vulgares satisfacciones del orgullo y de la vanidad, siguiendo el ejemplo del gran retrógrado Bonaparte.

La persuasión no el asalto, el consejo no la agresión, la razón no el insulto, son los medios que se ponen en juego cuando nos mueven á obrar sentimientos nobles y elevados, cuando á impulsos de buenas tendencias deseamos realizar un fin.

Los cablegramas últimos fechados en Santiago de Cuba, relativos á la ocupación de la ciudad por las fuerzas de Shafter, corroboran que la intromisión yankee lleva trazas de parecerse á la ocupación de Egipto por el ejército inglés.