Hacian entretanto pomposas ceremonias á la muerte de un tigre, creyendo que de este modo se mantendrian siempre en la gracia del Dios de estos animales. Cada indio daba principio á un largo ayuno, se cortaba una parte del cabello, y permanecia muchos dias sin traspasar el umbral de su habitacion. Colocábase la cabeza del difunto, adornada con una peluca de algodon de varios colores, en el gran cuarto destinado para beber en comunidad la chicha que se preparaba para el caso, y de la que venian todos á participar en el punto de reunion; donde los sacerdotes del tigre brindaban á los dioses, sirviéndose de vasos especiales, y anunciando que por la noche conversarian con los manes de la fiera.

A mas del Comocois, ó sacerdote del tigre, habia otros sacerdotes llamados Tiarauquis (los de la vista perspicaz). Estos ministros, los mas venerados, eran elegidos entre los Comocois, cuando algun espíritu, invisible para los demas, se presentaba á ellos y los aletargaba por algunos instantes. Tenian finalmente infinidad de sectas, y hasta profesaban estos indios un politeismo que habian recibido de sus padres. En su religion dominaba el temor á la esperanza, por lo que se dejaban llevar del fanatismo, y de mil necias supersticiones que influian sobre las acciones de su vida privada. Los sacerdotes eran reputados por médicos y practicaban succiones curativas. Todos creian en la existencia de otra vida.

ITONAMAS.

Bajo esta denominacion existia una nacion que era de las mas numerosas de la provincia de Moxos. Esta nacion, que probablemente se dió ella misma el nombre que lleva, habitaba la parte nordeste de la provincia, sobre las riberas del rio Itonama, desde la laguna grande hasta cerca de su confluencia con el rio Machupo; es decir entre los grados 13 y 14 de latitud sud, y los 65 y 67 de longitud oeste de París. Desparramados en otro tiempo en varias tribus sobre los terrenos ménos inundados y en medio de las selvas que guarnecen las orillas de su rio, tenian por vecinos, hácia el norte, á los Ites ó Iténes; hácia el este á los Baures; hácia el oeste á los Canichanas; y hácia el sud á los Moxos.

La tez de los Itonamas, mas oscura que la de los Moxos, es igual á la de los Chapacuras. Su estatura parece ser por lo general una de las mas pequeñas de la provincia: los mas altos tienen apénas cinco piés y cuatro pulgadas: las mugeres guardan la proporcion ordinaria.

Los Itonamas difieren tambien muchísimo de las otras naciones de Moxos en cuanto á las formas. Muy léjos están ellos de tener esa estructura herculánea, esa bizarra corpulencia de los otros indígenas; y si bien sus espaldas son bastante anchas, el resto de su cuerpo, flaco y endeble, parece estar revelando la falta de fuerzas. Sus piernas son tan delgadas y con unas articulaciones tan sobresalientes, que fácilmente se distinguiria á un indio de la nacion itonama entre los naturales de las otras naciones. Las mugeres, aunque tambien enjutas, lo son sin embargo en un grado ménos aparente que los hombres: por el contrario, siendo de menor corpulencia, parecen mejor formadas que las de los pueblos comarcanos.

Si se advierte una diferencia muy marcada en la estatura y las formas de los Itonamas, comparadas con las de los Moxos, no es ella tan notable en cuanto á las facciones: no obstante, la cara de los Itonamas, aunque con el mismo detalle de formas, parece ser ménos rolliza y mas larga que la de aquellos naturales; los juanetes del carrillo son mas sobresalientes; la cabeza en general es mas chica y su frente mas estrecha. Tienen los ojos pequeños y horizontales. El aspecto de los varones es afeminado, y su barba, cuando la tienen, sumamente despoblada. Su fisonomía, que anuncia por lo comun la timidez y la tristeza, es vivaz sin embargo, y ofrece el tipo de la falsedad y de la astucia: empero las facciones de los hombres nada tienen de repugnante, y hasta hay algunos que pueden pasar por agraciados. No es dable decir otro tanto de las mugeres, que son generalmente feas.

El idioma de los Itonamas, enteramente distinto de los dialectos de las otras naciones de la provincia, no carece de armonía; y si bien es duro para la pronunciacion de muchas palabras, la gran cantidad de vocales que emplea lo hacená veces eufónico. La mayor parte de los vocablos, que componen este idioma acentuado, terminan en vocales, y los muy contados que se apartan de la regla general, acaban en t, m, s, y en la ch francesa: la j española es poco empleada, y casi siempre toma el sonido compuesto de las letras que la acompañan, como jna, jle, etc.; la u nasal es rara, la f y la x son absolutamente estrangeras; tambien se encuentra la e muda de los Franceses, pero poquísimas veces. No existe, entre tanto, ninguna anomalía con respecto á los nombres de las partes del cuerpo. La terminacion de los adjetivos es inalterable, ya se adhieran á un sustantivo masculino, ya á un femenino. Carecen por lo demas estos naturales de un sistema de numeracion, y solo saben contar hasta dos.

El carácter de los Itonamas, comparado con el de los Moxos, tambien presenta una diferencia notable: en vez de ser como el de estos, franco, leal, sociable y bueno, es un conjunto de todos los defectos contrarios á tales virtudes; los varones abrigan un estremado egoismo, y su astucia para las raterías no admite prioridad.

Vivia esta nacion, poco mas ó ménos como la de los Moxos, repartida en grandes tribus sobre las orillas de esos rios continuamente surcados por sus naturales, los que se ocupaban ya en la pesca ya en la caza ó la agricultura. Sus armas se componian del arco, de las flechas y de una macana de dos filos. Eran estos indígenas muy aficionados á la música, la danza, y mas que todo á los festines, donde reinaba el desórden, fomentado por el abuso de las bebidas fermentadas. En tales reuniones la inmoralidad llegaba á tanto, que se brindaban recíprocamente sus mugeres, obligándolas á prestarse ya al uno ya al otro de los concurrentes.