No dejaron entre tanto los Padres jesuitas, desde el mencionado año de 1696, de llevar adelante sus conquistas; y aprovechando de la fama, ya muy divulgada, del bien estar de que disfrutaban los Moxos cristianos, formaron sucesivamente, San-Pedro con los Canichanas; Santa-Ana con los Moximas; Exaltacion con los Cayuvavas; San-Joaquin, Concepcion, San-Simon y San-Martin con los Baures y sus tribus; finalmente, Magdalena con los Itonamas. Parece, sin embargo, que la conversion de estas naciones salvages no se efectuó sin que costase la vida á algunos religiosos[1]; pero esto nunca hizo flaquear la constancia de los Jesuitas, que persistieron en su propósito hasta someter la provincia entera.
[Nota 1: El P. Cipriano Baracé fué muerto por los Baures en 1702. (Choix de lettres édifiantes, t. VII, pág. 322.)]
En 1742, los aventureros portugueses de San-Pablo, que ocupaban la provincia de Mato-Groso, hicieron su primera espedicion bajando el rio Iténes ó Guaporé. Entónces, fué cuando Manuel de Lima, acompañado de cinco indios, tres mulatos y un negro, bajó en una canoa por los rios Guaporé, Mamoré, Madeira y Marañon hasta el pueblo de Para[1].
[Nota 1: Corografía brasilica, t. I, pág. 259.]
Poco mas ó ménos hácia la misma época, calculando los Jesuitas la importancia de la navegacion de los rios, habian establecido la mision de San-Simon, muy inmediata al Guaporé; y mas tarde, en 1743, la de Santa-Rosa, en el mismo sitio donde se encuentra hoy en dia el Fuerte de Beira perteneciente á los Brasileros, es decir, sobre la ribera derecha del rio Iténes; pero celosos los Portugueses de semejante empresa, espulsaron en 1752 á los Jesuitas[2], so pretesto de que estos les impedian el paso sobre sus propias posesiones; y don Antonio Rolin, para apoderarse definitivamente del dominio del rio, mandó construir la fortaleza que allí se ve actualmente.
[Nota 2: Corografía brasilica, t. I, págs. 259 y 262.]
Despues de todo esto, el primer cuidado de los religiosos fué consolidar la existencia de sus misiones, introduciendo todas las mejoras posibles: con este fin, trageron de Santa-Cruz numerosos ganados; estimularon á los habitantes á los trabajos de labranza; perfeccionaron el tegido, ya en práctica entre los Baures; enseñaron toda clase de oficios manuales; y multiplicaron las ceremonias religiosas como para dar con ellas un intervalo de agradable reposo á los trabajadores. Enseñáronles la música y á tocar todos los instrumentos europeos, sacando tambien algun partido de los usados en el pais ántes de su llegada. Crearon muchos empleos para premiar con la concesion de ellos, tanto la buena conducta, como los adelantos industriales. Bien pronto, los inmensos campos de cacahuales dieron abundantísimas cosechas, los varios talleres produjeron tegidos y otros objetos de fabricacion, que llevados á Santa-Cruz, y luego al Perú, daban en retorno de mercancias, lo suficiente para abastecer á la provincia. Cada iglesia llegó á ser un templo suntuoso, lleno de ornamentos, de estatuas, y sobre todo de numerosas chapas de oro y plata. Casas de un piso alto brindaban á los religiosos cómodo alojamiento, al mismo tiempo que servian de espaciosos talleres para los artesanos: las viviendas de los naturales, colocadas en hilera alrededor de una plaza, estaban dispuestas del mejor modo posible para la ventilacion. Por último, en los cincuenta años trascurridos desde la entrada de los Jesuitas, las diversas naciones salvages que ocupaban el territorio de Moxos, llegaron á formar quince misiones ó grandes pueblos, en donde florecian la industria agrícola y fabril.
Es menester por tanto que la administracion de los Jesuitas en la provincia de Moxos, cuyas misiones dependian del Perú, haya sido tan progresiva como en Chiquitos que dependía del Paraguay. Desde luego no se consiguió como se deseaba generalizar en ella un solo idioma. Esta provincia tenia, lo mismo que la de Chiquitos, un superior subordinado al colegio de Cochabamba ó de Charcas, y cada una de sus misiones, dos religiosos, encargado el uno del gobierno espiritual, y el otro de la administracion y de los talleres. Empero, léjos de gozar todos los indígenas de igualdad de privilegios, como sucedia en Chiquitos, estaban divididos en dos clases hereditarias; las familias, compuestas de artesanos de todo oficio; y los soldados, encargados de las faenas ordinarias; clase denominada el pueblo y considerada como inferior á la primera. Esta distincion hereditaria, que escluia de los adelantos y empleos de primer órden á una parte de la nacion, debia ser necesariamente un obstáculo para la marcha progresiva de la civilizacion y de la industria.
El órden de las atribuciones respectivas del mando entre los indígenas de cada mision, comparativamente á lo que digo de Chiquitos[1], era como sigue.
[Nota 1: Véase la descripcion de esta provincia.]