Para ir de San-Joaquin á San-Pedro, se sigue (como se dijo al hablar de esta mision) el curso del rio Machupo, pasando por San-Ramon. Para ir en tiempo de lluvias á Exaltacion, que está á veintisiete leguas en línea recta hácia el oeste, es menester atravesar en canoa una llanura cruzada en todas direcciones por varios arroyuelos que se encaminan, los unos al rio Machupo, los otros al Mamoré. En tiempos secos se lleva el mismo camino transitando á caballo las magníficas llanadas; mas para la conduccion de mercancias no hay otro vehículo que el de los rios, y el camino se prolonga entónces hasta ciento veinte leguas. Se bajan primeramente treinta por el rio Machupo, hasta su confluencia con el Iténes ó Guaporé; en seguida cuarenta por este hasta su confluencia con el Mamoré, el cual es menester subir, siguiendo sus largos rodeos por el espacio de cincuenta leguas, hasta llegar á Exaltacion. Para hacer conocer mejor estos vehículos de transporte, que son al mismo tiempo los raudales mas hermosos de la provincia, voy á describirlos detalladamente.
Saliendo de San-Joaquin se navega durante dos dias por el Machupo, descendiendo hácia el nornordeste. Las orillas de este rio están guarnecidas de bosques muy tupidos, que revelan el vigor de una vegetacion activa. El aspecto salvage, pero variado, de estas soledades, no carece de cierta grandeza. A un lado, el tinte verdinegro de las selvas, las sinuosidades multiplicadas del rio, las tropas de monos, los numerosos bufeos que viajan á par de las canoas, y al otro la muchedumbre de pájaros ribereños y terrestres, animan el paisage haciéndolo mas interesante. El rio, cuya anchura es de cien varas, recibe los tributos de un sin número de arroyuelos que ayudan al desagüe de las llanuras inundadas. A las doce del segundo dia se pasa por un sitio en donde ámbas riberas se ven cultivadas y cubiertas de plantíos pertenecientes á los indios de San-Ramon y de San-Joaquin. Los ribazos del rio Machupo son bastante altos sobre un largo espacio de su curso, circunstancia que debe favorecer al cultivo de sus orillas, siendo de estrañar por lo tanto que no se haya pensado en situar las misiones á ménos distancia. A poco mas de las dos de la tarde se presenta la confluencia del rio Itonama, bajo cuyo nombre continua corriendo el Machupo hasta reunirse con Guaporé ó Iténes. Entónces se descubre hácia el norte, por encima de los árboles, la prolongacion occidental de la Sierra del Diamantino. Desde este punto empiezan á mostrarse millares de bufeos jugando sobre las ondas, y en el tránsito de algunas leguas, se ven tres hermosas especies de palmas, que no se encuentran en ninguna otra parte[1]. A eso de las cinco se desemboca en el rio Iténes, en cuya confluencia habria sido muy conveniente establecer una poblacion, vista la mucha elevacion de la ribera izquierda del Itonama; pero indudablemente no han dado lugar á ello las interminables discusiones entre Españoles y Portugueses, sobre los límites de sus posesiones respectivas; y queda ya referido que, deseosos estos últimos de conservar el monopolio de la navegacion de esos rios, espulsaron á los Jesuitas que trataban de establecerse sobre sus orillas[2].
[Nota 1: Maximiliana regia. Martius. Bactris socialis, Martius.]
[Nota 2: Corografía brasilica.]
El rio Iténes tiene como un cuarto de legua de ancho en este punto, y sus magestuosas aguas corren con bastante rapidez por entre islas de un aspecto el mas pintoresco. Sobre una de sus orillas, pobladas de arbolados, hay un puesto brasilero: para dirigirse á él, es menester luchar contra la corriente de los rios Iténes é Itonama; que chocándose con fuerza forman una barrera movible, de un aspecto imponente. El puesto se halla ocupado par un sargento y cuatro soldados, que tienen órden de no dejar pasar embarcacion alguna sin el previo consentimiento del comandante del fuerte de Beira, que está situado dos leguas mas abajo. Es pues indispensable escribir de antemano á este mandatario en solicitud de un permiso para pasar por delante del fuerte. Aunque la ribera izquierda pertenece en toda propiedad á la República de Bolivia, los Brasileros se consideran dueños absolutos de todo el curso del rio. Los soldados que guardan el puesto, apénas están vestidos, y viven en la mayor miseria: un puñado de farinha de pao es la racion diaria que se les da para su manutencion, y cada ocho dias reciben algunos cartuchos de pólvora con que cazan los antas y otros animales selváticos cuya carne les sirve tambien de alimento.
Fuerte del Príncipe de Beira.
Cuando se ha conseguido el indicado permiso, se desciende el Guaporé ó Iténes, admirando lo pintoresco de sus márgenes, y las montañas que dominan su ribera izquierda. A dos leguas, poco mas ó ménos, se presenta el fuerte del Príncipe de Beira sobre el cual tremola el pabellon brasilero. Este fuerte, de forma cuadrada y rodeado de fosos, tiene ademas un baluarte en cada flanco. La piedra arenisca carbonífera, de que se componen las montañas adyacentes, es el material empleado en su construccion, la que ha sido muy bien ejecutada por un ingeniero europeo. Su guarnicion se reduce actualmente á treinta hombres. Era este fuerte en su fundacion, un presidio para los asesinos; mas hoy en dia está destinado á servir de destierro á los condenados políticos, que viven privados de todo género de recursos en este lugar apartado, donde gozan sin embargo, de alguna soltura.
El pueblecillo de Santa-Rosa, dependiente del fuerte, y que primitivamente distaba media legua hácia el oeste, se halla colocado al presente háacia el norte y á ménos distancia, componiéndose de una sola hilera de casas, cuyos habitantes, que son todos negros y mulatos, ascienden al número de cuatrocientos. Ocúpase esta poblacion en traficar con los gariteas, que suben desde el Pará, por el rio de Madeiras y en seguida por el Guaporé, hasta Mato-Groso. Estas grandes barcas, toldadas y de fondo plano, son del porte de una chalupa de veinticinco á treinta toneladas; y aunque en proporcion á la profundidad del rio pudieran tener mas capacidad, el sin número de saltos del rio de Madeiras (que toda vez que se presentan obligan á los navegantes á retirar del agua sus embarcaciones para llevarlas por tierra con la ayuda de unos troncos redondos, colocados á guisa de ruedas) hace que se minore su tamaño. Por lo demás esta es la única dificultad que ofrece la navegacion de este rio, el cual tiene por todas partes la hondura suficiente para servir de vehículo á los barcos de vapor de la mayor dimension.
Partiendo del Pará suben las gariteas á la vela ó á remo hasta la embocadura del rio de Madeiras, luego á remo solamente hasta tropezar con las primeras cachuelas, que es menester salvar del modo que dejo dicho; operacion que se renueva mas de veinte veces, y en la que se pierde mucho tiempo[1]. Habiendo salvado la última cachuela se rema con grandísimo trabajo hasta la confluencia de los rios Iténes y Mamoré, y desde este punto, hasta el fuerte de Beira, donde se toman víveres para subir en seguida hasta Mato-Groso. Siendo indispensable emplear un año entero en la ida y vuelta de estas espediciones, se prefiere llevar directamente por tierra del Rio Janeiro ó de Santos las mercadurías de valor; y aunque la distancia que se transita en mulas es de ochocientas leguas, la economía de tiempo no deja de ser considerable; de manera que las gariteas, estando reservadas solamente para el transporte de los efectos de mucho volúmen ó peso, no hacen sino tres ó cuatro espediciones por año del Pará á Mato-Groso.
[Nota 1: Los traficantes, que hacen muy á menudo esta navegacion, siembran algunos de los campos por donde atraviesan llevando sus embarcaciones; así es que á su regreso encuentran abundante provision en los frutos que recogen.]