Los alrededores del fuerte del Príncipe de Beira se hallan poblados de bosques espaciosos, donde sobresalen las palmeras: las colinas inmediatas, colocadas en forma de anfiteatro, se levantan gradualmente hácia el nordeste, viniendo á quedar su punto culminante bastante retirado. El suelo, enteramente compuesto de despojos de piedra arenisca, es infecundo, y únicamente algunos retazos contiguos á la orilla del rio Iténes se prestan á la agricultura y producen muy buenos frutos.

Al dejar el fuerte de Beira, el rio Iténes ó Guaporé[1] tiene cerca de media legua de ancho; sus aguas claras, pero de viso negruzco, corren con lentitud por entre bosques magníficos y de un aspecto mas bien salvage que pintoresco. La naturaleza en este parage es demasiado grande y magestuosa para que puedan comprenderse sus detalles. Entre tanto, muy rara vez llega á perturbar algun viagero esta hermosa soledad, que no ostenta mas adornos que la rica vegetacion de sus sombrías florestas, pues hasta los pájaros solo cruzan por acaso y sin jamas detenerse. Sin embargo, la uniformidad del paisage se ve de vez en cuando interrumpida por algunas islas guarnecidas de árboles, y por las montañas azuladas de la ribera derecha, que resaltan á lo léjos sobre el fondo verdinegro de los frondosos bosques.

[Nota 1: El nombre de Iténes, que le dieron los Españoles, ha sido tomado de los indios salvages que habitan sus riberas en el espacio comprendido entre el fuerte de Beira y la confluencia con el Mamoré. Guaporé es el nombre que le han dado los Brasileros.]

Despues de haber andado una larga jornada, bogando con toda la rapidez de la corriente, se hace alto al anochecer, ó sobre la orilla derecha donde hay una selva muy tupida cuyo terreno debe ser exelente para el cultivo, ó sobre la izquierda que está poblada de magníficos bosques. Los Brasileros del fuerte suelen verse atacados muy á menudo en estos parages por los indios itenes que habitan las dos riberas, y que aprovechan todas las ocasiones de procurarse, por la violencia, las armas y el hierro que les son de absoluta necesidad desde el tiempo de su contacto con los Españoles y Portugueses. Estos salvages, de un carácter independiente y altanero, han conservado su entera libertad, prefiriendo verse diezmados todos los dias desde mas de un siglo, ántes que someterse al celo religioso de los Jesuitas ó al yugo de los Españoles. Hoy en dia son aun lo que eran en tiempo del descubrimiento, y deben la conservacion de su independencia á la estrecha union que parece reinar entre ellos.

Esta nacion ocupa todo al ángulo formado por la confluencia de los rios Iténes y Mamoré. Las tribus que la componen viven diseminadas en el seno de unos desiertos circundados por inmensos pantanos y por selvas impenetrables. Estos indígenas, cuyas costumbres son en extremos singulares, solo hacen caso de la mediana civilizacion que los rodea, para deslizarse astuta y ocultamente con sus canoas en los pequeños tributarios del Mamoré y del Iténes, donde asechan á los indios de las misiones ó á los soldados brasileros del fuerte de Beira, atacándolos al descuido, muchas veces al favor de las sombras de la noche, sin otro intento que el de procurarse algunas herramientas.

En la segunda jornada, aparece el rio tan ancho y hermoso como la víspera, pero mucho mas tortuoso y casi enteramente desembarazado de islotes: se ve entre tanto guarnecida su ribera izquierda de palmeras motacúes, al paso que sobre la derecha se presenta entre multitud de árboles muy variados, una nueva especie de palmas, conocida bajo el nombre indígena de chuco, y notabilísima por sus hojas, cuya figura es igual á la de un sol, pues se componen de infinidad de hojuelas que á manera de rayos parten de un punto céntrico al cual están sugetas[1].

[Nota 1: Este vegetal es el Thrinax chuco.]

Al arribar al ángulo formado por la reunion del Iténes con el Mamoré, un espectáculo el mas imponente se presenta á la vista, la que abrazando de un solo golpe el magestuoso giro de ámbas corrientes puede fácilmente compararlas y admirar el maravilloso contraste[1].

[Nota 1: Véase la Introduccion, pág. xix.]

El rio Iténes, que, como ya se dijo, recibe todas las aguas de la provincia de Mato Groso y del norte y norueste de Chiquitos, y cuyos tributarios, bajando de colinas poco elevadas, corren mansamente por una superficie inmensa de llanuras, donde tienen sólidos ribazos, conserva sus ondas casi siempre puras y jamas acarrea despojos vegetales; al paso que el Mamoré, no solamente se mantiene turbio y fangoso todo el año, sino que arrastra borbollando troncos, hojas, raices, y á veces árboles enteros; pues, á mas de tener sus fuentes sobre las altas cerranías de las provincias de Cochabamba, de Mizqué y de Valle Grande, ó sobre la vertiente norte de las últimas faldas de la cordillera, todos sus tributarios se forman de torrentes impetuosos y cruzan la llanura con tal rápidez que arrancan al pasar los ribazos de uno de sus bordes. Resulta de esta disposicion tan diferente, que el Iténes presenta por todas partes sobre sus riberas un terreno muy conveniente para fundar aldeas estables y florecientes, miéntras que las orillas del Mamoré no dan lugar á establecimiento seguro de ninguna clase, ni aun se prestan siquiera para la agricultura: razon por la que todas las misiones del Mamoré ocupan tan solo las riberas de algunos tributarios laterales.