Camino de Moxos á Yuracáres por el rio Chaparé.
Partiendo del puerto de Loreto se anda primeramente una legua, atravesando en canoa por un bañado que conduce al rio Mamoré, cuyos ribazos, muy elevados en tiempo de seca, están guarnecidos de bosques espaciosos. Al fin de la primera jornada se hace alto en un banco de arena, ó si se quiere en los bosques de la orilla.
Al siguiente dia, el Mamoré se muestra ménos ancho pero mucho mas encajonado: á las pocas horas de marcha se llega á la confluencia del rio Sara[1], que es simplemente, como he tenido yo mismo la ocasion de verificarlo, una continuacion de los rios Grande y del Piray reunidos, los cuales tienen sus cabeceras en los departamentos de Chuquisaca, de Cochabamba y de Santa-Cruz. Cuando se viaja con destino á Santa-Cruz de la Sierra, se toma el rio Sara; pero encaminándose á Cochabamba se continúa siempre por el Mamoré que es mucho mas caudaloso, y que conserva todavía, mas arriba de su confluencia, su anchura magestuosa y sus ondas cristalinas. El rio Sara corre entre tanto llevando sus aguas rogizas constantemente turbias.
[Nota 1: En los mapas de Brué, del año de 1825, se halla marcado este rio como si se formara del rio de San Miguel de Chiquitos.]
A la mitad de la tercera jornada se llega á la confluencia del rio Chaparé; dejando entónces el Mamoré se sigue por la nueva corriente, que es mucho mas angosta; pero cuyas riberas, en vez de hallarse guarnecidas de esos boscages modernos que crecen sobre los terromonteros, están pobladas de selvas tan antiguas como el mundo. El álveo del Chaparé, mas firme que el del Mamoré, es tambien profundo y bastante bien encajonado; sus aguas se mantienen siempre cristalinas, y toman el tinte verde sombrío de los árboles tan variados que las guarnecen. Sobre la ribera izquierda se presenta luego la embocadura de un rio al que los indios han dado el nombre de Santa-Rosa: se cree que este rio, cuya corriente apacible tiene un viso negruzco, baje de una laguna que está situada á seis leguas de aquel punto, sobre una magnífica llanura, donde moraban, á la llegada de los Jesuitas, las tribus moxos con las que se ha formado la mision de San-Xavier.
Al cuarto dia de camino, las selvas de las orillas del Chaparé se van encumbrando cada vez mas, componiéndose enteramente de árboles antiquísimos, hasta que apénas llega ya á descubrirse la pequeña parte de cielo correspondiente al profundo surco abierto por el rio en medio de aquel oceano de perenne verdor. De tiempo en tiempo distraen la atencion del viagero, que transita maravillado por aquella imponente soledad, los agudos chillidos de los monos de diversas especies, y la confusa algazara de la multitud de pájaros de variado plumaje: empero, el tránsito por este lugar suele ser sumamente incómodo, pues rara vez deja de llover en él con abundancia. Los cueros de vaca, que forman los toldos bajo de los cuales se guarecen los viageros, llegan á corromperse de tal manera con la accion continua de la humedad y de aquel aire tan caliente y constantemente encerrado, que exhalan un mal olor insoportable; casi otro tanto sucede con la carne salada (única provision de boca que se lleva en estas espediciones) la que se altera hasta ponerse inservible.
En el espacio que se recorre al quinto dia, se distinguen dos especies de palmas[1], desconocidas en Moxos. Por la tarde, empiezan á mostrarse en lo vago del horizonte las cimas de la Cordillera, que bien pronto desaparecen detras de los inmensos bosques, despues de haber consolado al pobre viagero cambiando la monotonía del paisage.
[Nota 1: Las Geonoma Brongniartiana y Macrostachia.]
Al séptimo dia, el aspecto uniforme y grandioso de este lugar, por en medio del cual se sigue vogando lentamente, se embellece mas y mas, á medida que se adelanta camino, y la vegetacion aparece mucho mas variada: entretanto, apénas descienden de tiempo en tiempo algunos rayos de sol por entre las densas nubes que constantemente encapotan el aire, descargando á menudo torrentes de lluvia; circunstancia que, unida al excesivo calor de aquella zona, determina esa maravillosa actividad con que se desarrollan todas las plantas, llenas de vigor y lozanía.
En esta misma jornada el bosque ostenta el hermoso follage de un gran número de palmas de nuevas y diferentes especies, entre las cuales se distinguen la palma viña y la de vinte pes. El rio se manifiesta entretanto mas angosto, y ya se advierten sobre sus orillas algunas otras plantas, como las cañas y los lisos, cuyas hojas blanquizcas resaltan sobre el fondo oscuro del sombrío boscage.