La línea divisoria debia comenzar por la parte del mar en el arroyo Chui y fuerte de San Miguel, seguir las orillas de la laguna Merim, buscar por las alturas las cabeceras ó vertientes del Rio Negro y otros que van á desembocar al Plata y al Uruguay, hasta la entrada en este último del Pepirí Guazú por la ribera occidental.—Remontando el Pepirí la línea buscaba el Rio San Antonio que desemboca en el Iguazú y seguía por este último hasta encontrar al Paraná, luego por este hasta su interseccion con el Iguarey y por el Iguarey hasta encontrar un rio, tal vez el Corrientes, que desemboca en el Paraguay. Por este rio remontaba la frontera hasta los Xarayes y desde la desembocadura del Jaurú buscaba por tierras desconocidas la formacion del Guaporé, siguiendo por este aguas abajo hasta donde en union del Mamoré forma el de Madera, afluente del Amazonas; una línea recta de este á oeste buscaba el Rio Javarí, por cuyas aguas y las del Amazonas bajaba la frontera hasta encontrar la boca occidental del Japurá, remontaba este hasta el canal de que se servian los portugueses para pasar al Rio Negro y seguia por la parte mas elevada de los montes hasta donde terminaban los dominios de ambas monarquias en los límites de la Guayana Holandesa.

Estos límites se han modificado despues y, á la verdad, nunca en beneficio de los españoles ó de sus legatarios.—Parece inconducente señalar los cambios efectuados en el mapa político de América durante el siglo trascurrido.—El Estado Oriental del Uruguay, el Paraguay, Bolivia, el Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela han sufrido absorciones del Imperio y los estadistas arjentinos debaten hoy sosteniendo, con entera razon y justicia, que los límites deben trazarse por los verdaderos rios Pepirí Guazú y San Antonio Guazú, en tanto que el gabinete imperial pretende trazarlos por los rios Pepiri Miní y San Antonio Miní.—Los documentos impresos en Buenos Aires prueban de una manera irrefutable que aquellos son los rios de que habla el tratado de 1777, reconocidos por los geógrafos Santos Chagras y Oyarvide. Para comprender como, con ciertos visos de legalidad, las repúblicas de oríjen español han perdido el dominío de territorios considerables, es necesario tener en cuenta que el Brasil se apoya para dirimir sus cuestiones en el Uti possidetis; pero no el Uti possidetis tal como lo entendemos los hispano-americanos, es decir, como la consagracion con arreglo á derecho de los límites reconocidos en una fecha dada, sino como la accion que da el hecho, la posesion con títulos ó sin ellos. El tratado de 1777 y las reales cédulas sobre division territorial en América, constituyen los títulos de propiedad del Imperio del Brasil y de las naciones limítrofes. El principio sostenido por aquella potencia es á todas luces injusto é ineficaz.—Y en todo caso, me parece difícil, si aun se encuentran en el corazon de la América tierras inesploradas, que los brasileros llevaran en 1810 sus fronteras hasta donde pretenden llevarlas hoy.

Es oportuno observar que el gabinete imperial hace una escepcion á su regla de conducta, en las jestiones que sostiene con la República Argentina respecto del territorio de Misiones. ¿Por qué? En mi humilde concepto, porque no debe perderse la oportunidad de dar una favorable interpretacion al tratado, ya que la naturaleza ha tenido el capricho de formar varios rios paralelos que, además de ciertas semejanzas, tienen la no despreciable ventaja de encerrar las tierras tal vez mas rícas y feraces de la América.

Veamos por lo que hace á Venezuela, cual es el estado de la cuestion. Posteriormente á la celebracion del tratado se hicieron reconocimientos prácticos, aunque incompletos, por comisiones esploradoras de ambos paises, que debian señalar graficamente la línea de demarcacion estipulada.—En la parte lindera al Vireinato de Santa Fé y á la Capitanía General de Carácas figuraron al frente de esas comisiones el Ingeniero Don Francisco Requena y el Señor Chermon, comisarios respectivamente de S. M. C. y S. M. F. Debian comenzar por reconocer la boca occidental de rio Japurá ó Caqueta, para lo cual navegaron aguas abajo el rio Amazonas.—Al llegar al caño Abatí parana pretendió el portugues que aquel era el rio buscado, error que se comprobó en seguida porque, lejos de ser afluente, aquel caño recibe sus aguas del Amazonas.—No obstante la disputa, siguió la espedicion su camino hasta llegar á la boca del Japurá, cuyas aguas remontaron con el fin de señalar el punto en que pudieran quedar cubiertos los establecimientos portugueses de las orillas del mismo rio Japurá y del Negro segun el testo del tratado.—El comisario español propuso que la línea continuase por el rio Apaporis que á su juicio reunia las condiciones espresadas; mas el portugues pretendió que un rio arriba del salto de Chupati se encontraba en situacion mas adecuada.—Fué necesario consentir en la esploracion que se practicó con sérias dificultades y pérdida de espedicionarios.—Llevar la frontera por el rio de los Engaños (verdadero engaño por cierto) como pretendia uno de los portugueses ó por el mismo Japurá como deseaba otro, hasta encontrar la cordillera de montañas donde nacen los afluentes del Amazonas y del Orinoco, importaba internarla hasta los Andes y al Vireinato de Santa Fé secularmente poseido por España.—Esta espedicion fué, pues, infructuosa, tanto mas habiéndose negado Chermon á declarar cual era el canal de que se servian los portugueses para pasar al Rio Negro.

Desde este punto la demarcacion no ofrecía dificultades de importancia, pues debia seguir por la parte mas elevada de los montes hasta donde terminaban los dominios de ambas monarquías, quedando privativos de España los rios cuyas aguas caen el Orinoco y del Portugal los que dirijen las suyas al Amazonas.

En 1837 fué nombrado el Coronel Agustin Codazzi jefe de una comision corográfica encargada de levantar el mapa de la República. Segun este ilustre geógrafo la línea divisoria de Venezuela comienza en las cabeceras del rio Memachi y, siguiendo al oriente por las alturas, pasa junto á las vertientes de Aquío y del Tomo, atraviesa el rio Negro por la isla de San José frente á la piedra del Cucuy y sigue por las crestas de la serranía de Parima y Pacaraima, de manera que las aguas que van al Amazonas queden en dominios brasileros y en venezolanos las que bajan al Orinoco.

Fueron adoptados los límites de Codazzi en el tratado no ratificado de 1852 entre el Emperador del Brasil y la República de Venezuela. El artículo 2º del referido pacto dice: «La República de Venezuela y el Emperador del Brasil convienen en reconocer como base para la determinacion de la frontera entre sus respectivos territorios el Uti possidetis.» Sabemos ya que para el Brasil este principio significa la posesion de hecho; y como ni siquiera se menciona una fecha á que el Uti possidetis corresponda, toda demora importaba entónces para Venezuela el peligro de tener que soportar exijencias mayores. No obstante eso, los lejisladores negaron su aprobacion al tratado por creer que afectaba á la integridad territorial de la nacion.

Desde aquella época se ha procurado repetidas veces arribar á un arreglo definitivo, sosteniendo Venezuela los límites señalados por Requena y el Brasil los del mapa de Codazzi.—La cuestion parecía á punto de tener un resultado satisfactorio para la república cuando Colombia manifestó sus pretensiones á las mismas tierras.—El Imperio habia reconocido tácitamente á Venezuela los territorios situados en la márjen superior de Japurá ó Caqueta, desde la caida en este del Apaporis, los que están al otro lado de una línea entre este último rio y el Cuyari y los que se encuentran en la parte oriental del curso del mismo Cuyari hasta encontrar los montes en que está señalada la línea de Codazzi; pero ante la interposicion de Colombia, se negó á firmar el tratado, reservándose hacerlo una vez terminado el conflicto entre las dos repúblicas.

La solucion del litijio está, pues, resuelta de antemano y solo falta saber si corresponde á Venezuela ó á Colombia la soberanía de las tierras limítrofes con el Imperio.

El Uti possidetis de 1810, como lo observa con justicia el Doctor Don Vicente Quesada en la revista de Buenos Aires, es el principio conservador de las nacionalidades americanas.—El derecho que de él emana y sirve para demarcar las fronteras internacionales en América, debe buscarse, si se trata de las repúblicas de orijen español, en las últimas cédulas reales sobre organizacion geográfica de los vireinatos y en los tratados celebrados entre España y Portugal, vijentes en esa fecha, tratándose de los límites entre el Imperio del Brasil y los paises limítrofes. Eso de oponer al uti possidetis de derecho el de hecho, tal vez con la mira de prestijiar el res nullius, es algo que no puede apreciarse con seriedad y que el buen sentido condena.