La historia, al señalar las ventajas considerables obtenidas por el Imperio con la aplicacion de su falso principio, hace resaltar la enorme diferencia que hay entre las anexiones de los Estados Unidos y las absorciones del Brasil. Deben repudiarse con enerjía los medios que puso en planta esta última nacion para obtener mayor ensanche territorial; pero pueden imitarse sin escrúpulo los procedimientos de aquella, por todas las naciones que tengan dentro de sí mismas una fuerza espansiva semejante.
CAPÍTULO VIII
SEGREGACIONES
En oposicion á los Estados Unidos que buscaron legalmente su engrandecimiento territorial, la América hispana solo ha modificado su existencia para achicarse ó desmembrarse.
Obtenidos los triunfos decisivos de la revolucion americana, necesario era pensar en los medios de organizar nuevos gobiernos.—El odio á la dominacion española, el instinto de las masas, las ideas de los hombres ilustrados, el espectáculo de bienestar que ofrecia la gran república, todo debia inclinar los ánimos á la descentralizacion administrativa; pero las costumbres y el propio carácter de los pueblos latino-americanos impedian á estos sujetarse á réjimen alguno que no estuviera basado en una fuerza eficaz.—El sistema federal daria, pues, orijen al caudillaje. Alli donde la ambicion ó la ignorancia alejara á los caudillos de cierta comunidad con el poder central, tenia que producirse como consecuencia natural la segregacion. Tal es el caso del Estado Oriental del Uruguay, entregado á la intervencion portuguesa por la ignorante vanidad de Artigas, cuyos hábitos siniestros solo encubrian propósitos incoherentes; tal el del Paraguay, separado de la pátria comun por la ambicion de mando supremo del Doctor Francia.
La ciudad de Montevideo se manifestaba reaccionaria al movimiento que estalló en Buenos Aires el 25 de Mayo de 1810, mas la campaña oriental respondió á él con entusiasmo.—Artigas, desertor de las filas españolas, organizó un ejército esplotando ese sentimiento; y despues de obtener repetidos triunfos sobre las fuerzas enemigas y de hacerse conferir por sus huestes el título de jefe de los Orientales, se creyó bastante poderoso para imponer el reconocimiento de diputados nombrados directamente por él para asistir al Congreso Nacional reunido en 1813.—Desagradó al caudillo el desconocimiento de sus enviados y desde luego meditó la formacion de una nacionalidad aparte en las provincias del litoral arjentino y en la de Córdoba donde algun prestijio habia alcanzado. Perseguia este propósito por todos los medios é inició en la provincia oriental, donde deseaba imponerse primero, una política de terror de la cual se conservan aun recuerdos pavorsos. Los hombres pacíficos, para ponerse á cubierto de sus crueldades, se vieron en la necesidad de pedir al Portugal una proteccion que el gobierno central del antiguo vireinato no podia darles, distraidos como estaban sus elementos por las complicaciones de la guerra en el norte de la República.—Ramirez, otro caudillo, venció mas tarde á Artigas en Entre-Rios y este tuvo que fugar, llevando al estranjero el remordimiento de haber producido para su país, como resultado inevitable de su conducta, la ocupacion del territorio por fuerzas portuguesas. En tan aflictivas circunstancias, el Estado Oriental pertenecia de derecho á las Provincias Unidas del Rio de la Plata y de hecho quedaba bajo la salvaguardia de las tropas de S. M. F.—Un congreso formado bajo la presion de los invasores, decretó en 1821 su anexion al Reino Unido con el nombre de Estado Cisplatino; pero muy luego sobrevino la division de aquel y se produjeron en Montevideo sérios trastornos promovidos por los intereses encontrados de portugueses y brasileros.
Los treinta y tres orientales á las órdenes de Lavalleja emprendieron en esta ocasion, con el móvil de reincorporar el Estado Oriental á la Nacion Arjentina, su gloriosa campaña libertadora. Las victorias de estos héroes no fueron definitivas, mas su actitud patriótica atrajo en breve las simpatías jenerales de sus compatriotas hácia la santa causa que defendian.—A pesar de los triunfos parciales de los patriotas, los brasileros se creian dueños del campo con el abandono de las pretensiones portuguesas y se aprestaban á defender sus posiciones—La República Arjentina, por su parte, reivindicó sus derechos, se preparó á la guerra y poco tiempo despues obtuvo, con la espléndida victoria de Ituzaingó, el dominio de la campaña oriental.
La situacion entonces era escesivamente ventajosa para esta última nacion, pero como quedaban todavía las fuerzas del Imperio dueñas de las plazas de Montevideo y la Colonia, despreciando las ventajas adquiridas y con la mira elevada de dar término á una guerra que pudo ser fatal á medio continente, la República Argentina aceptó la mediacion del Ministro de S. M. B. y firmó con el Imperio un tratado segun el cual se obligaban ambas naciones á respetar la independencia del Estado Oriental y á retirar sus ejércitos del teatro reciente de la guerra.