NOTAS:
[15] Por el siguiente diálogo entre Renzo y el posadero, se comprenderá que este último toma á aquél por un espía, pues en italiano, así como en español, la palabra policía tiene dos distintas significaciones; á saber: la de limpieza, aseo ó curiosidad, y la del cuerpo de agentes del gobierno establecido para vigilar y mantener el orden público.
CAPÍTULO DECIMOQUINTO
Como viese el dueño de la hostería que el juego iba demasiado lejos, se acercó á Renzo; suplicó con buenos modos á los otros que lo dejasen, y lo sacudió por un brazo para tratar de hacerle entender y persuadirle que se fuese á la cama. Mas Renzo volvía siempre á las andadas; esto es, con el nombre y apellido, con las ordenanzas y con los buenos muchachos. Pero las palabras cama y dormir, repetidas á su oído, le entraron finalmente en la cabeza; le hicieron experimentar un poco más distintamente la necesidad de lo que significaban, y produjeron un momento de lúcido intervalo. La poca razón que recobró, le hizo entrever en cierto modo que la mayor parte se habían ido disipando poco á poco, como la última bujía encendida deja ver las otras apagadas. Tomó una resolución: extendió las manos y las apoyó sobre la mesa; probó una ó dos veces de levantarse; suspiró, titubeó; al tercer esfuerzo, ayudado por el posadero, se puso en pie. Éste, sosteniéndole siempre, lo hizo salir de entre la mesa y el banco; tomó en una mano la luz, y con la otra medio lo condujo, medio lo arrastró lo mejor que pudo al lado de la escalera. Allí Renzo, al ruido de los saludos que le enviaba á grandes gritos la tumultuosa asamblea, se volvió precipitadamente; y si su apoyo no hubiese estado pronto á sostenerlo por un brazo, hubiera dado una caída violenta. Volvióse, pues, y con el brazo que le quedaba libre, iba trazando y describiendo en el aire, á guisa de un nudo de Salomón.
—Vamos á la cama, á la cama, dijo el posadero arrastrándole; le hizo entrar por la puerta que hemos citado, y con mucho trabajo lo pudo hacer subir por una escalerita, la cual se dirigía al cuarto que se le había destinado. Á la vista de la cama que le aguardaba, Renzo se regocijó: miró afectuosamente al posadero con dos ojillos, que tan pronto brillaban más que nunca, tan pronto se eclipsaban como dos luciérnagas. Trató de equilibrarse sobre las piernas, y extendió la mano hacia el rostro del huésped para cogerle las mejillas en señal de amistad y reconocimiento: mas no pudo lograrlo. “¡Excelente patrón! consiguió sin embargo decir; ahora veo que eres un hombre de bien; ésta es una buena obra, dar una cama á un buen muchacho; pero lo que me habéis hecho sobre el nombre y apellido, no era de un hombre honrado. Por fortuna yo también soy astuto...”.
El posadero, que no creía que Renzo pudiese aún tener tanto conocimiento; él, que sabía por una larga experiencia, cuán sujetos están los hombres en el estado de embriaguez á cambiar súbitamente de parecer, quiso aprovechar este lúcido intervalo para hacer otra tentativa.—Mi querido hijo, dijo con una voz y con un ademán sumamente cariñoso; no lo he hecho para importunaros, ni para saber vuestros asuntos. ¿Qué queréis? hay una ley, es preciso que aun nosotros la obedezcamos, pues de lo contrario, seríamos los primeros en pagar la pena; es mucho mejor el contentarlos, y... al fin y al cabo, ¿de qué se trata? de una friolera, de decir únicamente dos palabras; no por ellos, sino para darme gusto: vamos, aquí entre nosotros, entre cuatro ojos, hagamos nuestro negocio; decidme vuestro nombre, y... después id á acostaros tranquilo.
—¡Ah, bribón! exclamó Renzo; ¡pillo! ¡me vienes todavía con la infamia del nombre, apellido y negocios!
—Cállate, picarillo, vete á dormir, decía el posadero. Mas Renzo continuaba con más fuerza: “Ya comprendo; tú eres también de la liga: espera, espera que yo te arregle”. Y volviendo la cabeza hacia la escalerilla, empezó á dar gritos con todas sus fuerzas: “¡Amigos míos! el patrón es de la...”.
—Lo he dicho por broma, exclamó éste acercándose á Renzo y empujándolo hacia la cama, por broma, ¿no has comprendido que lo he dicho por broma?
—¡Ah! por broma, ahora hablas bien; ya que tú lo has dicho por broma... justamente son cosas de broma. Dicho lo cual cayó de bruces sobre el lecho.