—No es del todo un bonito nombre.

—Lo mismo da: el que ha nacido en el territorio de Milán y quiere vivir en el de Bérgamo, debe tomarlo con cachaza. Para esta gente, el dar el nombre de bobo á un milanés, es como dar el tratamiento de ilustrísima á un caballero.

—Presumo que lo dirán al que quiera dejárselo decir.

—Querido mío, si no estás dispuesto á tragarte la palabra bobo á todo pasto, no cuentes con poder vivir aquí. Sería preciso estar siempre con el cuchillo en la mano; y cuando tú (es una suposición) hubieses matado dos, tres ó cuatro, vendría uno por último que te mataría; y entonces, ¡qué bello gusto el comparecer ante el tribunal de Dios cargado con tres ó cuatro homicidios!

—¿Y un milanés que tenga un poco de... Aquí se golpeó la frente con la mano según había hecho en la hostería de la Luna llena; quiero decir, uno que sepa bien su oficio?

—Lo mismo: aquí es también un bobo. ¿Sabes cómo se expresa mi amo cuando habla de mí con sus amigos? Ese bobo me ha sido enviado por Dios para mi comercio; si no tuviese á ese bobo, estaría bien enredado. Ésta es la costumbre.

—Es una costumbre muy necia, y sobre todo viendo lo que sabemos hacer. Además, ¿quién ha traído aquí semejante arte? ¿quién le hace andar más que nosotros? ¿Es posible que esto no los haya corregido?

—Hasta ahora, no; con el tiempo podrá ser: los muchachos que vengan detrás, acaso cambiarán; pero con respecto á los hombres hechos, no hay remedio; han tomado ese vicio, no lo abandonarán jamás. Pero al fin y al cabo, ¿qué es esto? Mucho peor es lo que te han hecho, y te querían hacer además nuestros queridos compatriotas.

—Ya, es verdad: si no otro mal...

—Ahora que estás convencido, todo irá bien. Ven á ver al amo; y sobre todo, ánimo.