—Anda diciendo á todo el mundo que encuentra más placer en molestar á Rodrigo, justamente porque él tiene un protector natural, tan poderoso como vuestra señoría; que se ríe de los grandes y diplomáticos; que el cordón de S. Francisco tiene avasalladas las espadas, y que...

—¡Oh, temerario fraile! ¿Cómo se llama?

—Fr. Cristóbal de ***, dijo Attilio, y el conde, habiendo sacado de un cajón de su mesa de despacho un librito de memorias, inscribió en él, soplando sin cesar, aquel pobre nombre.

Entretanto Attilio proseguía: “Siempre ha tenido el mismo genio; se sabe su vida. Era un plebeyo, que hallándose con cuatro cuartos, quería competir con los caballeros de su país, y de rabia de no poderlos avasallar á todos, mató á uno, de cuyas consecuencias, para librarse de la justicia, se metió á fraile”.

—¡Muy bien! ¡bravo! Allá lo veremos, decía el tío, y soplaba sin cesar.

—Ahora, pues, continuaba Attilio, está más irritado que nunca, porque le ha salido fallido un proyecto que le apremiaba mucho, muchísimo: y de esto, señor, sacaréis en consecuencia qué clase de hombre es. Él quería casar á la niña, ya fuese para sustraerla á los peligros del mundo, vuestra señoría ya me entiende, ya por cualquiera otra causa; quería, repito, casarla sin remedio: había hallado el... el hombre; otra hechura suya, un engendro que quizá ó sin quizá, mi señor tío, conocerá de nombre, porque tengo por cierto que el consejo secreto habrá debido ocuparse de ese digno sujeto.

—¿Quién es?

—Un hilador de seda, Lorenzo Tramaglino, ese que...

—¡Lorenzo Tramaglino! exclamó el conde. ¡Muy bien! ¡bravo, padre! Seguramente... en efecto... tenía una carta para un... Es una lástima que... pero no importa: bien va. ¿Y por qué el Sr. D. Rodrigo no me dice nada de esto? ¿por qué deja marchar las cosas tan adelante, y no se vuelve á quien puede dirigirle y sostenerle?

—Tocante á ese punto, también os diré la verdad, continuaba Attilio. En primer lugar, sabiendo cuántos negocios, cuántas cosas tiene el señor tío... (éste, soplando, le cogió la mano, como para significar qué fatiga era para él haberlas de sostener todas), ha sentido cierto empacho en darle un que hacer más. Y luego, lo diré todo de una vez: según he podido comprender, está tan fuera de sus casillas, tan aburrido de las villanías de aquel fraile, que tiene más deseos de hacerse justicia por sí mismo de un modo rápido, que obtenerla de una manera regular, de la prudencia y del brazo del señor tío. Yo he tratado de aplacarlo; pero viendo que la cosa se iba poniendo de mal talante, he juzgado que era deber mío el informar de todo á vuestra señoría, que al fin y al cabo es la columna de la casa...