—Habríais obrado mejor hablando un poco antes.

—Es cierto; mas yo aguardaba que la cosa se desvanecería por sí misma, ó que el fraile recobraría el juicio, ó que saldría de aquel convento, como sucede con frecuencia con dichos frailes, que tan pronto están en una parte como en otra; y entonces todo se hubiera concluido. Pero...

—Ahora me tocará el arreglarlo.

—Así lo he pensado yo también. He dicho entre mí: nuestro señor tío, con su previsión, con su autoridad, sabrá evitar un escándalo y salvar al mismo tiempo el honor de Rodrigo, que además es también el suyo. Ese fraile, decía yo, habla siempre del cordón de S. Francisco; pero para emplear á propósito dicho cordón, no es necesario tenerlo al rededor del vientre: mi señor tío posee cien medios que yo no conozco; sé que el padre provincial tiene, como es justo, una gran deferencia hacia él: y si el expresado señor tío cree que en este caso el mejor expediente sea el hacer mudar de aires al fraile, puede en dos palabras...

—Dejad este cuidado á quien corresponda, caballero, dijo el conde con un poco de aspereza.

—¡Ah, es verdad! exclamó Attilio con un movimiento de cabeza, y con una sonrisa de compasión por sí mismo. ¡Bueno soy yo para dar consejos á su señoría! Mas la pasión que tengo por la reputación de la familia, es la que me hace hablar; y también temo haber hecho otro mal, añadió, con aire pensativo: temo haber perjudicado á Rodrigo, en el concepto de mi señor tío. No tendría un instante de reposo, si fuese á causa de que pudiera pensar que Rodrigo no haya tenido toda la confianza, toda la sumisión que es debida á su señoría. Creed, señor, que en ese caso es justamente...

—¡Vamos, vamos! ¿qué perjuicio, ni qué perjuicio, entre vosotros dos, que seréis siempre amigos, hasta que uno tenga juicio? ¡Libertinos, libertinos, que siempre habéis de hacer alguna! y después á mí toca el repararla; que... me haréis decir un despropósito: me dais más qué pensar vosotros dos, que... (y aquí figúrese el lector cómo soplaría el conde) todos los dichosos negocios de Estado.

Attilio dió aún algunas excusas, hizo algunas promesas, algún cumplido; en seguida pidió permiso y se fué, acompañado de un, “y tengamos juicio”, que era la fórmula de la licencia de despedida del conde para sus sobrinos.

FIN DEL TOMO PRIMERO.

NOTAS: