—Muy bien.

—Pero... dijo Renzo, volviendo á poner de nuevo el índice sobre la boca.

—¡Bah!... repuso Tonio, inclinando la cabeza sobre el hombro derecho y levantando la mano izquierda con cierto ademán que quería decir: me haces una injuria.

—Mas si tu mujer te pregunta, como sin duda te preguntará...

—Con respecto á mentiras estoy en débito con mi mujer; y de tal modo, que no sé si llegaré jamás á saldar la cuenta. Ya encontraré alguna tontería para que su corazón esté tranquilo.

—Mañana por la mañana, dijo Renzo, discurriremos con más comodidad para entendernos bien sobre todo.

En esto salieron de la hostería. Tonio se encaminó á su casa, estudiando el embrollo que contaría á las mujeres, y Renzo á rendir cuenta de las medidas tomadas.

Durante todo este tiempo, Inés se había cansado en vano de persuadir á su hija. Ésta iba oponiéndose á cada frase, ora á la una, ora á la otra parte de su dilema: ó es una mala acción, y entonces no debe ponerse en ejecución, ó no lo es; y entonces, ¿por qué no comunicársela al padre Cristóbal?

Renzo llegó con ademán triunfante, hizo su relación y terminó con un ahn, interjección del país que significa: ¿soy ó no soy un hombre yo?

Lucía meneaba lentamente la cabeza; mas los dos enfervorizados no le hacían caso, como suele hacerse con un niño al cual no se espera poder persuadir, y que se le reduce luego por medio de ruegos ó con autoridad á lo que se quiera de él.