—Esto es... responde con trémula voz D. Abundio, esto es... Los señores son hombres de mundo, y saben muy bien del modo que se hacen estas cosas. Un pobre cura no puede nada; estos arreglos los disponen ellos, y después... después vienen á nosotros, lo mismo que irían á un mercado, y nosotros... nosotros estamos al servicio de todo el mundo.
—Pues bien, le dice uno de los bravos al oído, pero con el tono solemne del que manda: ese matrimonio no se ha de verificar, ni mañana, ni nunca.
—Pero, señores míos, replica D. Abundio con acento afable y cariñoso, como el que quiere persuadir á un impaciente; pero señores míos, dignaos poneros en mi lugar... si esto dependiese de mí... bien veis que yo nada gano en esto.
—Vamos, interrumpió el bravo: si la cosa tuviese que decidirse charlando, nos meteríais en el saco. Nosotros no sabemos ni queremos saber más. Hombre avisado... ya me entendéis.
—Pero, dijo esta vez el compañero que hasta entonces no había hablado; pero el matrimonio no se hará, ó... y soltó una horrible blasfemia, ó el que lo haga no se arrepentirá, porque no tendrá tiempo, y... aquí otro juramento.
—Chito, chito, replicó el primer interlocutor: el señor cura es un hombre que sabe vivir, y nosotros somos unas buenas gentes que no queremos causarle ningún daño, con tal de que se ponga en la razón. Señor cura, el Illmo. Sr. D. Rodrigo os saluda afectuosamente.
Este nombre hizo sobre la imaginación de D. Abundio el mismo efecto que cuando en una noche de fuerte temporal un relámpago ilumina momentánea y confusamente los objetos, y aumenta más el terror: al oirle se inclinó como por instinto, profundamente, y dijo: “Si vosotros, señores, pudieseis instruirme”...
—¡Oh, instruiros, á vos que sabéis el latín! interrumpió aún el bravo, con una risa sarcástica y feroz á la vez: esto os toca á vos. Sobre todo, que no se os escape una sola palabra del aviso que os hemos dado por vuestro bien; pues de lo contrario, hem... sería lo mismo que hacer el matrimonio. ¡Y bien! ¿qué queréis que digamos de parte vuestra al Illmo. Sr. D. Rodrigo?
—Mis respetos...
—Explicaos mejor.