Poquito á poco y guardando el más profundo silencio, en medio de la oscuridad, con pasos mesurados, salieron de la casita y tomaron el camino que conducía fuera del pueblo. Lo más corto hubiera sido el atravesarlo, pues así hubieran ido directamente á la casa de D. Abundio; mas escogieron dicho camino con el objeto de no ser vistos. Por pequeños senderos, atravesando huertas y campos, llegaron cerca de la expresada casa, y allí se separaron.
Los dos novios permanecieron ocultos detrás del ángulo que formaba aquélla; Inés con ellos, pero un poco más adelante, á fin de correr con tiempo al encuentro de Perpetua y hacerse dueña de ella; Tonio, con el imbécil Gervasio, que nada sabía hacer por sí solo, y sin el cual tampoco nada se podía hacer, se presentaron valerosamente á la puerta y llamaron.
—¿Quién es á estas horas? gritó una voz desde la ventana, que se abrió en aquel momento. Enfermos no hay, á lo menos que yo sepa. ¿Habrá acaso sucedido alguna desgracia?
—Soy yo, respondió Tonio, con mi hermano, que tenemos precisión de hablar al señor cura.
—¿Es ésta una hora regular? dijo bruscamente Perpetua. ¡Qué discreción! Volved mañana.
—Escuchad: volveré ó no volveré; he recogido cierto dinero, y vengo á saldar aquella cuentecilla que sabéis: tenía aquí veinticinco hermosas monedas, todas ellas nuevas; mas si no se puede, paciencia; ya sé cómo gastarlas, y volveré cuando haya juntado otras tantas.
—Aguardad, aguardad; voy y vuelvo. Mas, ¿por qué venís á esta hora?
—Las he recibido poco hace, y he pensado, como os digo, que si ellas han de dormir conmigo, no sé de qué parecer seré mañana. Mas si no os agrada la hora, no sé qué decir: por mí, estoy aquí, y si no queréis, me voy.
—No, no, aguardad un instante; vuelvo con la respuesta.
Dicho esto, cerró la ventana. En seguida Inés se separó de los novios, y dijo en voz baja á Lucía: ¡Ánimo! esto no es más que un momento, como sacarse un diente. En seguida fué á reunirse con los dos hermanos que permanecían delante la puerta, y se puso á conversar con Tonio; de modo que Perpetua, yendo á abrir, pudiese creer que pasaba por casualidad y que Tonio la había entretenido un momento.