—Pero, replicó el fraile, ¿hay algún indicio del lugar en que ha sido colocada, al ser conducida aquí?
—Ninguno, mi querido padre, ninguno más sino que ella está aquí, si es que así sea; que Dios lo quiera.
—¡Oh, desgraciado joven! ¿Mas qué pesquisas has hecho hasta ahora?
—He dado vueltas y más vueltas; pero en medio de tanta confusión no he visto casi más que hombres. He calculado que las mujeres deben estar en un lugar aparte; mas no he podido encontrarlo: si es así, ahora me haréis la caridad de enseñármelo.
—¿Ignoras, hijo mío, que está prohibido el que los hombres entren en él, no siendo destinados á prestar sus servicios?
—¡Y bien! ¿Qué me puede suceder?
—La ley es justa y santa, mi querido amigo; y si la multitud y gravedad de los males no permite que se pueda hacer observar con todo rigor, ¿es ésta una razón para que un joven honrado se atreva á infringirla?
—Pero, ¡padre Cristóbal! dijo Renzo; Lucía debía ser mi esposa; vos mismo sabéis cómo hemos sido separados; hace veinte meses que sufro, y tengo paciencia; he venido aquí á riesgo de una infinidad de cosas, que si malas son unas, mucho peores son las otras, y ahora...
—No sé qué decirte, replicó el fraile, respondiendo más bien á sus pensamientos que á las palabras del joven: tú vas con buena intención; ¡pluguiera á Dios que todos los que tienen libre acceso en estos lugares, se portasen como yo estoy seguro que tú lo harás! Dios, que ciertamente bendice ésta tu perseverancia en amar, ésta tu felicidad en querer y buscar á la que él te había dado; Dios, que es más riguroso que los hombres, pero también más indulgente, no querrá consentir nada que no sea regular en este tu modo de buscarla. Recuerda tan solo que de tu conducta en este sitio ambos tendremos que dar cuenta, no regularmente á los hombres, pero sí á Dios. Sígueme.
Al decir estas palabras se levantó, y Renzo hizo lo mismo. Éste permanecía con la mayor atención, habiendo decidido en su interior, según se había propuesto antes, el no hablarle de la consabida promesa de Lucía. “Si lo llega á saber, pensó entre sí, de seguro me pondrá otras dificultades. Ó la encuentro, y tendremos siempre tiempo de reflexionar, ó... y entonces, ¿de qué puede servirme?”