—Y también á descansar un poquito; pues, esta banasta empieza ya á fastidiarme, y luego tenemos que comer un bocado, contestó Perpetua.

—Con la condición de no perder tiempo, pues no viajamos por diversión, dijo D. Abundio.

Fueron recibidos con la mayor satisfacción y con los brazos abiertos: es de advertir que traían á la memoria una buena acción. Haced bien á todos cuantos podáis, dice en esta ocasión nuestro autor, y con frecuencia encontraréis caras risueñas.

Al abrazar Inés á la buena señora, prorrumpió en un copioso llanto, el cual le sirvió de un gran alivio, contestando con sollozos á las preguntas que ella y su marido le hacían con respecto á Lucía.

—Está mejor que nosotros, dijo D. Abundio: se halla en Milán al abrigo de todo peligro, y lejos de estas diabólicas escenas.

—¿Por ventura el señor cura y la compañía, van de huida? dijo el sastre.

—Justamente, contestaron á un tiempo el amo y la criada.

—Lo siento mucho.

—Nos dirigimos, repuso D. Abundio, al castillo de ***.

—Muy bien pensado; estaréis tan seguros como en el cielo.