Se ha dicho con bastante exactitud que Colón se mostró al defender su proyecto menos temerario y más sabio de lo que se le había supuesto[19]. La exposición de razones que alegaba, mejor hecha en las Décadas de Herrera[20] que en la Vida del Almirante, escrita por su hijo D. Fernando, ha pasado de este último libro á todas las historias modernas del descubrimiento de América. Clasificando estas razones conforme á la naturaleza de los conocimientos que las produjeron, y comparándolas en parte á los documentos originales que podemos consultar hoy, vemos que la esperanza de llegar, buscando el Levante por el Poniente, á las regiones de Asia, fértiles en especias, ricas en diamantes y en metales preciosos, la fundaba Colón en la idea de la esfericidad de la tierra; en la relación de la extensión de los mares y de los continentes; en la cercanía de las costas de la península ibérica y de Africa á las islas inmediatas al Asia tropical; en un grave error en la longitud de las costas asiáticas; en los informes tomados de obras antiguas, de escritores árabes y acaso de Marco Polo; en indicios de tierras situadas al Oeste de las islas de Cabo Verde, Porto Santo y las Azores, que en diversas épocas se creyó advertir ó por la observación de algunos fenómenos físicos ó por las relaciones de marinos á quienes arrastraron las tempestades ó las corrientes.
Conviene también distinguir entre las ideas que preocupaban al grande hombre antes y durante el curso de sus descubrimientos, y las reflexiones que estos mismos descubrimientos produjeron en él posteriormente. Debe comparárselas con hechos, no todos por igual comprobados ó bien interpretados, como la relación de un sacerdote budista, Hoeï-chin, sobre el Fusang y Tahan (año 500); los descubrimientos de la Groenlandia, del Vinland y de la embocadura del San Lorenzo, por Erik Rauda (985), Bjoern (1001) y Madoc ap Owen (1170); la aventurera expedición de los árabes errantes (Almagrurim)[21] de Lisboa (1147); la navegación al Oeste hacia la India del genovés Guido de Vivaldi (1281), y de Teodosio Doria (1292), cuya suerte se ignora; y finalmente, los viajes con tanta frecuencia comentados de los hermanos Zeni de Venecia (1380).
He colocado estos hechos y tradiciones por orden cronológico para demostrar que ascienden hasta mil años antes de Colón, quien, en un siglo de heroísmo y de erudición renaciente, aun se complacía con los recuerdos de la Atlántida de Solón y de la célebre profecía contenida en un coro de la Medea de Séneca.
II.
Progreso de las ideas cosmográficas antes de Colón.
El estado de nuestra civilización europea nos conduce involuntariamente á Grecia como punto de partida, lo mismo al investigar las opiniones que contienen los gérmenes de las que hoy dominan, que al recorrer la larga serie de las atrevidas tentativas realizadas con objeto de ensanchar el horizonte geográfico.
Durante largo tiempo, la tierra, conforme á las ideas de los primeros poetas de la escuela jónica, era un disco cuyas orillas ocupaba el Océano, disco inclinado un poco hacia el Sud á causa del peso que producía la abundante vegetación en los trópicos[22].
Hacia estas orillas se situaban el Elíseo, las islas de los Bienaventurados, los Hiperbóreos y el pueblo justo de los Etiopes. La fertilidad del suelo, la templanza del clima, la fuerza física de los hombres, la pureza de las costumbres, todos los bienes eran propios de las extremidades del disco terrestre[23]. De aquí el vago[24] deseo de llegar á él, ó por el Phase[25] ó por las columnas de Briareo. La especial configuración de la cuenca del Mediterráneo, abierta al Occidente, impulsó el interés de los navegantes fenicios hacia la parte atlántica del Océano. La historia de la Geografía presenta esta serie de intentos desde los tiempos más remotos para avanzar progresivamente en la dirección occidental, intentos debidos al ansia de ganancias, á curiosidad aventurera ó al azar de las tormentas; presenta además larga serie de descubrimientos presididos por la misma idea y favorecidos por los mismos accidentes. Desde Colæus de Samos, arrastrado por los vientos de Levante fuera de su camino, en su travesía de la isla de Platea á las costas de Egipto, se llega á las gigantescas empresas de Colón y de Magallanes. El horizonte geográfico se ensancha poco á poco desde el mar Egeo al meridiano de las Syrtes, desde aquí á las columnas de Hércules y fuera del Estrecho, con Hannón hacia el Sur y con Pytheas hacia el Norte. Las atrevidas empresas de los fenicios fueron precedidas[26] de los tímidos ensayos de los marinos de Creta, Samos y Focea. El antiguo conocimiento que los fenicios tenían del río Océano, más allá de las columnas de Hércules, acaso lo pone de manifiesto el mismo nombre que adoptaron los helenos para designar el mar exterior[27].
Desde los tiempos homéricos creían los griegos que á Poniente había parajes ricos y fértiles; pero su conocimiento exacto de la cuenca del Mediterráneo no se extendía más allá del meridiano de la Gran Syrte y de Sicilia. Toda la parte occidental de esta cuenca que los fenicios surcaban hacía ya largo tiempo, no la conocieron los helenos hasta después del viaje, cuya importancia reconoció Herodoto[28], de Colæus de Samos, que llegó hasta Tartesus y el cabo Soloé.