Según Colón, debía, pues, ocurrir el fin del mundo en 1656, entre la muerte de Descartes y la de Pascal.
Sin seguir el rastro de estas ilusiones, examinaremos más de cerca lo que se relaciona con las primeras y verdaderas causas del gran descubrimiento de América. No ignoro que este asunto lo han tratado con frecuencia hábiles historiadores, aunque por lo general con una falta de crítica, de profundo conocimiento de los tiempos anteriores y de serios estudios de las fuentes y documentos originales que con pesar se nota hasta en algunas partes de la célebre obra de Robertson. La materia no está agotada, ni mucho menos, desde que el Gobierno español ha proporcionado con munificencia tantos materiales nuevos á la investigación de los hechos, y desde que los propios escritos del gran marino genovés nos han revelado perfectamente la especialidad de su carácter.
Vivió Colón en Portugal á fines del reinado de Alfonso V, desde 1470 hasta fin de 1484. En 1485 hizo un corto viaje á Génova para ofrecer sus servicios á dicha república. Estas fechas se fundan en documentos que reciente y cuidadosamente han sido examinados[10]. No se sabe de cierto si Colón fué de Lisboa á Génova, después de desembarcar en España.
Visitando sucesivamente el convento de la Rábida (cerca de Palos), Sevilla, Córdoba y Salamanca, sufrió las continuas dilaciones que se oponían á sus proyectos, hasta Abril de 1492. Dice Fernando Colón, en la Historia del Almirante, que en Portugal fué donde empezó éste á conjeturar que si los portugueses navegaban tan lejos hacia el Sud, podría navegarse también hacia Occidente y encontrar tierras en esta ruta. Dicha afirmación es por lo menos inexacta. Cuantos escritos poseemos de mano del Almirante, la carta del astrónomo Pablo Toscanelli y la gran Crónica de Bartolomé de las Casas[11], estudiada por Herrera, Muñoz y Navarrete, prueban que Cristóbal Colón designó, como objeto principal, y pudiera decir casi único de su empresa, «buscar el Levante por el Poniente[12]. Pasar á donde nacen las especerías[13] navegando al Occidente. He recibido al Almirante en mi casa—cuenta el amigo íntimo de Colón, Bernáldez[14], más conocido con el nombre de Cura párroco de la villa de los Palacios—cuando volvió á Castilla (de su segundo viaje) en 1496, llevando por devoción, y según su costumbre, un cordón de San Francisco y unas ropas de color, de hábito de fraile de San Francisco de la Observancia[15]. Traía entonces consigo el gran cacique, y refirióme cómo concibió la primera idea de buscar las tierras del Gran Khan (soberano del Asia Oriental) navegando al Occidente.»
Estas frases relativas al primer viaje del Almirante fueron admitidas tan usualmente hasta principios del siglo XVI, que las encontramos en la relación de las primeras aventuras de Sebastián Cabot, debida al legado Galeas Butrigarius[16]. «En Londres, cuando llegaron á la corte de Enrique VII, dice este legado, las primeras noticias del descubrimiento de las costas de la India, hecho por el genovés Cristóbal Colón, todo el mundo convino en que era cosa casi divina navegar por Occidente hacia Oriente, donde las especias se crian (a thing more divine than human, to sail by the West to the East, where spices grow).»
La idea de encontrar grandes tierras en el camino de Europa á las costas orientales de Asia era para Colón y Toscanelli un objeto secundario. En el primer viaje, encontrándose á unos 28° de latitud y á 9° al Occidente del meridiano de la isla de Corvo, el 19 de Septiembre de 1492, creyo el Almirante que estaban próximas algunas tierras[17]; pero su voluntad era (según las propias palabras del diario de ruta), «seguir adelante hasta las Indias, porque, placiendo á Dios, á la vuelta se vería todo.»
Toscanelli, que por lo menos desde el año 1474 se ocupaba teóricamente de los mismos proyectos que Colón, sólo nombra en el camino por recorrer al Occidente la isla Antilia, que se encontrará á 225 leguas de distancia antes de llegar á Cipango (al Japón). «La carta que os envió para S. M. (el Rey de Portugal), dice Toscanelli en su carta al canónigo de Lisboa Fernando Martínez, está hecha y pintada de mi mano, en la cual va pintado todo el fin del Poniente, tomando desde Irlandia al Austro, hasta el fin de Guinea, con todas las islas que están situadas en este viaje, á cuyo frente está pintado en derechura por Poniente el principio de las Indias, con las islas y lugares por donde podéis andar, y cuánto os podríais apartar del polo Artico por la línea equinoccial, y por cuánto espacio; esto es, con cuántas leguas podríais llegar á aquellos lugares fertilísimos de especería y piedras preciosas; y no os admiréis de que llame Poniente al país en que nace la especería, que comunmente se dice nacer en Levante, porque los que navegaren á Poniente siempre hallarán en Poniente los referidos lugares, y los que fueren por tierra á Levante siempre hallarán en Levante los dichos lugares.»
Según el sistema geográfico de esta época, fundado casi únicamente, en cuanto al Asia oriental y marítima, en las relaciones de Marco Polo, Balducci Pelogetti y Nicolás de Conti, figurábanse multitud de islas ricas en especias y oro en el mar de Cin, es decir, en los mares del Japón, de la China y del gran archipiélago de las Indias. El mapa mundi de Martín Behaim presenta, desde el grado 45 Norte hasta el 40 Sud, una serie de islas opuestas á la extremidad del Asia. Esta cadena de islas contiene el pequeño Cathay, Zipangu (Niphon), comprendido casi por completo en la zona tórrida, Argyré, colocado á la extremidad oriental del mundo conocido de los antiguos y de los árabes; Java Mayor (Borneo), Java Menor (Sumatra), donde permaneció Marco Polo cinco meses, y aprendió á conocer el sagotal y la especie de rinoceronte de dos cuernos y piel poco arrugada, propia de esta isla, Candym y Angama.
Cuando llegó Colón en su primer viaje (el 14 de Noviembre de 1492) á las costas septentrionales de Cuba, que al principio creyó ser Zipangu, maravillóle ante el Viejo Canal, cerca de Puerto del Príncipe, la belleza de un grupo de verdes cayos que en su ardiente imaginación juzgaba formar parte, según sus propias palabras, «de aquellas inumerabiles islas que en los mapamundos en fin del Oriente se ponen»[18].