[309] No ignoro que Zurla creyó ver en la isla Ixilandia de Fra Mauro, la Frislanda de los Zeni (Il Mappamondo di Fra Mauro, § 74, di Marco Polo e degli altre viaggiatori veneziani, t. II. pág. 29); pero esta interpretación es menos probable que la que convierte el Vinland en la parte más austral de la Groenlandia. La colonización de esta península no avanzó de Norte á Sur (Bancroft, Hist. of the United States, 1834. t. I, página 6: Leslie, Discov. in the Pol. Reg., pág. 87).
[310] Eric Christ Werlant, Symb., ad Geogr. me dii ævi ex monum Island., 1821, pág. 28. El testimonio de Lorenzo de Anania (Fabrica del Mondo, 1576, pág. 154), que habla de Frislanda, «molto ricca di pescagio e assai frecuentata da Scozzesi», no lo creo fehaciente por fundarse en una relación muy vaga de un sobrino de Jacobo Cartier y estar escrito diez y ocho años después de publicados los manuscritos de los Zeni por Marcolini; por tanto, bajo la influencia de ideas tomadas de esta publicación. Las mismas dudas han sido expresadas, y con sobrada razón, por M. de Hoff, respecto á los testimonios de Juan Scolvo, de Frobisher y de Maldonado, posteriores todos á Marcolini (Gesch. der nat. Ver., des Erdbod, t. I, pág. 184).
[311] Tal es la configuración de la Groenlandia en el mapa de los Zeni, que en la costa Sureste está situado el famoso convento de Santo Tomás, cuyas habitaciones calentaba una fuente de agua hirviendo que salía de la tierra al pie de un volcán (Zurla, Viaggiatori Venez., t. II, páginas 63-69). Actualmente no se conocen en la Groenlandia occidental otras fuentes termales que las de la isla de Onartok (Egede, Tagebuch, p. LXIV, y Gieseke, Brewster’s Encyclop., vol. X, p. II, pág. 489). Su temperatura no pasa de 47° centígrados; pero en la Groenlandia, como en la parte de Siberia que acabo de recorrer, las aguas á esta temperatura parecen muy calientes comparadas con otros manantiales, cuyo calor medio es inferior á 2°. Más al Norte, entre los 69 y 76° de latitud, la Groenlandia occidental es casi completamente basáltica, pero tan desprovista de aguas termales como toda la Escandinavia ó la inmensa cordillera del Ural. Ese monasterio de Santo Tomás, calentado por medio de fuentes termales; esos jardines, libres de nieve y de hielos por la influencia de las aguas subterráneas, al parecer corresponden mejor á Islandia, tan abundante en fuentes termales, que á Groenlandia. Podría decirse que el convento, tan minuciosamente descrito por los hermanos Zeni, ha servido de tipo á los grandes establecimientos de calefacción ejecutados en el pueblo de Chaudes Aigues, en el departamento de Cantal, donde la fuente del Par (de 80° centígrados) distribuye el calor en muchos centenares de casas á la vez y sirve para las necesidades de la vida doméstica. En los baños de Tœplitz, en Bohemia, la jardinería comienza también á aprovechar la influencia de las aguas subterráneas, que tienen de 40° á 47° de calor.
[312] Vues des Cordilleres y Monumens des peuples indigenes, tomo I, pág. 40.
[313] Relat. hist., t. II, páginas 155-161; Hakluyt, t. III, páginas 363-397; Juarros, Compendio de la historia de Guatemala, acerca de Utatlán, t. I, pág. 66; t. II, pág. 11; acerca de Petén del Yucatan (Maya), t. I, pág. 33; t. II, páginas 142 y 146; acerca de Palenques de la antigua provincia de los Tzendales, t. I, pág. 14; t. II, pág. 55. También acaso pertenecen al centro de la antigua civilización del reino de Quiche (civilización probablemente anterior á la llegada de los aztecas al Anahuac) los monumentos de la república de Honduras, donde aun se ve, cerca de Copan, un gran circo, los hypogeos de Tibulco y estatuas cuyos paños tienen un carácter rarísimo (Torquemada, lib. IV, cap. 4; Juarros, t. I, pág. 43; t. II, pág. 153).
[314] «Homines colore rufi cum quadam cutis albitudine», traduce Hartmann, corrigiendo á menudo la versión de Gabriel Sionita. Ebn-al-Uardi dice, según Guignes, «hombres rojos». Notices et Extr. du manuscrits de la Bibl. du Roi, t. II, página 25.
[315] El mismo sabio sospecha, y no á causa de su denominación, que las islas Raka y Laka de Edrisi pueden ser muy bien las islas Azores (Insulæ Accipitrum), que conocieron los árabes (Africa Edr., páginas 317-319). Acerca de la isla Mostachiin, véase Buache, en las Mem. de l’Inst., t. VI, pág. 27.
[316] Voyages and Nuv., t. III, pág. 1. (Véase también el artículo del sabio é ingenioso geógrafo M. Eyries en la Biogr. univ., t. XXVI, pág. 95.)
[317] La isla de Cozumel, descubierta por Grijalva en 1518.
[318] Dict. de sciences nat., t. XXI, pág. 392; Revue encyclop. número 4, pág. 162.