Ocasión tendré de hablar más adelante de esta proximidad del Asia oriental, que motivaba la frase brevisimo camino empleada por Toscanelli en su carta al canónigo Martínez, mientras que en la segunda carta dirigida á Colón dice sencillamente: «habréis visto que el viaje que deseáis emprender no es tan difícil como se piensa.»

En su primer viaje de descubrimiento guiábase Colón por una carta marina que llevaba á bordo, y navegaba con la seguridad propia de un hombre que sabe debe encontrar lo que busca. El Diario descubierto por Muñoz en los archivos del Duque del Infantado es buena prueba de ello.

Hay una circunstancia notabilísima que merece ser examinada con los datos proporcionados en el texto, copia de puño y letra del Obispo de Chiapa: tres días después que Colón creyó haber observado por primera vez la declinación de la aguja imantada, el 13 de Septiembre de 1492, el estado del cielo, las masas de fuco flotante y otras circunstancias le hicieron creer que se encontraba cerca de alguna isla, pero no de tierra firme, «porque la tierra firme, dice el Almirante, hago más adelante»[122]. El 19 de Septiembre continuaban las señales de proximidad de tierra, y lloviznaba sin viento. El Almirante no quiso apartarse de su camino para buscar esta tierra. Estaba seguro de que por las partes del Norte y del Sud había islas, y en efecto las había, navegando por medio de ellas, porque su voluntad era ir primero á la India con tiempo tan favorable, y «á la vuelta se vería todo placiendo á Dios». Son sus palabras.

En la mañana del 20 de Septiembre vinieron á cantar en lo alto de los mástiles pajarillos que viven en tierra, y se fueron á la caída de la tarde[123]. El martes 25 de Septiembre fué el Almirante á la carabela Pinta para hablar con Martín Alonso Pinzón sobre una carta que le había enviado tres días antes, y en la cual parece que el Almirante había pintado algunas islas en este mar. Martín Alonso decía que estaban próximos á estas islas, y así parecía al Almirante, añadiendo que la causa de no encontrar las islas debía ser la corriente, que llevaba los barcos á Nordeste y que no habían andado tanto (al Oeste) como los pilotos decían. Por consecuencia, el Almirante, al volver á su carabela, quiso que se le enviase la carta marina, lo cual se hizo por medio de una cuerda, y «comenzó á cartear en ella con su piloto y marineros, hasta que, al sol puesto, subió el Martín Alonso en la popa de su navío, y con mucha alegría llamó al Almirante pidiéndole albricias que veía tierra.» Lo que no resultó cierto.

El 3 de Octubre, dice el Almirante en su Diario «que no se quiso detener, barloventeando la semana pasada y estos días que había tantas señales de tierra, aunque tenía noticia de ciertas islas en aquella comarca, por no se detener, pues su fin era pasar á las Indias, y si se detuviera, dice él que no fuera buen seso.»

Finalmente, el 6 de Octubre, seis antes del gran día del descubrimiento de Guanahaní (viernes 12 de Octubre), «Martín Alonso Pinzón dijo que sería bien navegar á la cuarta del Oeste, á la parte de Sudueste; y al Almirante pareció que no decía esto Martín Alonso por la isla de Cipango, y el Almirante vía que si la erraban que no pudieran tan presto tomar tierra, y que era mejor una vez ir á la tierra firme, y después (al retorno) á las islas»[124].

Comprendo perfectamente por qué entonces inquietaba á Colón y á Pinzón no ver la isla de Cipango (Zipangri, de Marco Polo), porque Colón había anunciado que era la primera tierra que encontrarían á 750 leguas al Oeste de Canarias, según lo refiere su hijo Fernando. El Diario original dice que hasta el 1.º de Octubre habían andado 707 leguas, no desde el Puerto de Palos, sino desde la Gomera, ó en general las Canarias, según la explicación del Almirante relativa á la distancia en que se encontraba el 19 de Septiembre. Ahora bien; del 1.º al 6 de Octubre, el camino andado al Oeste era, adicionando los datos parciales, de 259 leguas. El 6 de Octubre creíase Colón, por tanto, á 966 leguas de distancia, ó sean 216 más allá del punto en que calculaba la situación de Cipango.

He reunido todos los pasajes relativos á la carta marina que parece haber guiado á Colón antes de llegar á la isla de Guanahaní. Más adelante, el 14 de Noviembre de 1492, menciona el diario, con ocasión de los cabos ó islotes que bordean la costa Nordeste de Cuba, «las islas innumerables que en los mapamundos al fin del Oriente se ponen.»

Un historiador muy juicioso, M. Sprengel, traductor de la obra de Muñoz, no titubea en suponer que Colón se guiaba por la misma carta de ruta que le envió Toscanelli en 1474. Indudablemente, esta carta se consideraba importantísima, porque los manuscritos dejados por Las Casas dicen (lib. I, cap. XII de la Historia de las Indias) que este prelado, á la edad de ochenta y cinco años, época en que terminó la citada Historia, aun poseía tan notable monumento, «la carta de marear que Toscanelli envió á Colón». Ahora bien; una carta marina conservada cincuenta y tres años después de la muerte de su autor, con mayor motivo debía encontrarse en 1492 á bordo de la carabela (capitana) Santa María. Observemos, sin embargo, que la que Colón envió el 25 de Septiembre á la carabela Pinta estaba pintada (dibujada) por sus propias manos. Las Casas dice claramente en el extracto que poseemos del Diario: «donde según parece tenía pintadas el Almirante ciertas islas.»