El ardimiento con que un profesor de Altorf, Cristóbal Wagenseil, había atribuído á Behaim el descubrimiento de América, excitó el interés patriótico de Leibnitz, según se ve en un párrafo de una carta suya á Tomás Burnet, del año 1697. Los trabajos de Federico Stuven[135] (en Giessen), de Doppelmayr y de Mr. Otto[136], han obedecido á las mismas ilusiones, y puede creerse que las disertaciones juiciosas de Tozen[137], profesor de Gœttinga, del conde Rínaldo Carli[138], de Mr. de Murr[139], compatriota de la respetable familia de los Behaim, aun floreciente en Nuremberg, habrían sido suficientes para refutar cargos tan vagos contra Colón y Magallanes. Pero han aparecido posteriormente las mismas dudas en obras que son, por otra parte, muy dignas de estimación.

Creo, pues, que aislando menos los hechos que presenta la biografía del cosmógrafo, suficientemente desenredada hoy de la serie de descubrimientos de los españoles y de los portugueses en el mismo período, se puede llegar á algunas consideraciones más satisfactorias que las presentadas hasta ahora.

No ha sido por causa de la analogía de los sonidos el llamar á Behaim Martín de Bohemia en el Diario de Navegación de Pigafetta y en las Décadas de Barros. La familia del cosmógrafo pretende descender de la antigua familia bohemia de Schwarzbach, en el círculo de Pilsen. He visto que el magistrado de la ciudad libre de Nuremberg, en una carta al rey D. Manuel de Portugal (del 7 de Junio de 1518), usa indistintamente los nombres de Martinus Behaim y de Martinus Bohemus. También advierto que el cosmógrafo, al firmar una carta de Amberes (del 11 de Marzo de 1494), Martein Beheim, quiere que sus parientes le escriban á las islas Flamencas (Azores), con las señas Domino M. Boheimo militi. No cometen, pues, error ni Pigafetta ni Barros confundiendo un nombre de país con otro de familia[140]. Los parientes y los contemporáneos del hombre célebre hablan en el primer documento que acabo de citar «de Bohemorum[141] familia in civitate Nurinbergensi ultra ducentos[142] annos perdurante.»

Es también probable que el nombre de Behaim ó Beheim, que esta familia ilustre empleaba indiferentemente á fines del siglo xv, sea sólo una designación étnica (aus Böheim ó Böhem, natural de Bohemia), como los nombres tan comunes en Alemania de Schwabe, de Sachs y de Preuss.

Resulta del conjunto de estos hechos, minuciosamente expuestos, ser verosímil que nuestro gran cosmógrafo dió ocasión por sí mismo á la costumbre seguida en Portugal y en España de llamarle Martín de Bohemia. Herrera, añadiendo á su nombre el elogio de cosmógrafo de gran opinión, le llama dos veces[143] portugués nacido en la isla de Fayal. No debe sorprender este error, considerando que Behaim estuvo al servicio del Rey de Portugal en una célebre expedición marítima á las costas de Africa; que en 1485 fué nombrado caballero de la Orden de Cristo, y que en unión de los dos médicos del rey D. Juan II, «maese Rodrigo y el judío maese Josef, se le nombró miembro de una Junta de Mathematicos encargada de indicar el medio de navegar con arreglo á la altura del sol[144], y que pasó más de veinte años de su vida en Lisboa ó en una colonia portuguesa, en la factoría flamenca de Fayal».

Cristóbal Colón y Martín Behaim, tan próximos en las épocas de su nacimiento y de su muerte, presentan en su vida privada otra identidad de situación que contribuyó singularmente al desarrollo de sus aficiones á los descubrimientos geográficos. Uno y otro entraron por casamiento en familias que poseían por herencia el gobierno de islas consideradas entonces, aunque por error, como nuevamente descubiertas y situadas en los confines del mundo conocido, en el Mare Tenebrosum de los geógrafos árabes ultra quod nemo scit quid contineatur[145].

El suegro de Colón, Bartolomé Muñiz Perestrello, tuvo en Porto Santo la misma posición política que Iobst (Jodocus) de Hürter, señor de Murkirchen (Moerkerken) y Harbrck (en Flandes), suegro de Martín Behaim, tenía en Fayal. Cristóbal Colón vivió algún tiempo en las posesiones de su esposa D.ª Felipa Muñiz Perestrello en Porto Santo, donde nació su hijo Diego Colón; de igual manera Behaim habitó con su esposa Juana de Macedo en Fayal, donde ésta dió á luz un hijo que, poco después de la muerte de su padre, fué preso á causa de un homicidio involuntario.

Discútese si estos dos hombres célebres (y la celebridad de Behaim precedió sólo en doce años á la de Colón) se vieron en las islas Azores, y si Behaim dió á Colón las noticias de troncos de pinos, cadáveres y hasta canoas cubiertas de pieles y llenas de hombres de raza desconocida que las corrientes y los vientos habían llevado á las costas de Fayal, de la Graciosa y de Flores; noticias que, unidas á las que el Almirante adquirió en Porto Santo, le alentaron en sus esperanzas de grandes descubrimientos.

Cierto es que su hijo D. Fernando dice (Vida del Almirante, cap. VIII): «Los moradores de las Azores le contaron (á Colón) que cuando soplaba viento de Poniente.....»; pero el Almirante podía adquirir estos informes en cualquier puerto de Portugal ó de España, pues sabemos positivamente por la Historia de las Indias, de Las Casas, que en España y en el monasterio de la Rábida fué donde conoció Colón el viaje de Pedro de Velasco, natural de Palos, que, partiendo de Fayal y después de navegar al Poniente 150 leguas (lo que debió situarle más allá del borde oriental de la gran banda de fucus), reconoció la isla de Flores.