El curso del Níger y el emplazamiento de esa ciudad africana (Tombuctu), cuya miseria actual contrasta con su antiguo esplendor comercial, presenta en los estudios geográficos notable ejemplo de esas fluctuaciones de hipótesis y de hechos imperfectamente conocidos. Un descubrimiento que llama mucho la atención modifica las opiniones, y la que de éstas domina por el momento, da una dirección especial á las empresas marítimas. Cuando los resultados de las nuevas exploraciones no confirman las hipótesis forjadas de antemano, no por eso dejan de consignarse éstas en los mapas, donde á veces quedan estereotipadas durante siglos.
Para reunir dos épocas muy apartadas, citaré como ejemplos: 1.º, el mapa de América de Ruysch, publicado en la edición romana de Ptolomeo en 1508 (dos años después de la muerte de Colón), mapa que, conforme á las opiniones sistemáticas, reune simultáneamente la Groenlandia (Gruentland) y Terra nova (Insula Bacalauras), á los Gog y Magog del Asia Oriental, y las partes occidentales de la isla de Cuba á la Florida; 2.º, una obra muy moderna y estimadísima por muchos conceptos, la cuarta edición del mapamundi de Purdy, en el cual, á pesar de cuanto hoy se sabe[187] tanto sobre el origen y la emigración de Occidente á Oriente del mito del Dorado, como sobre el terreno comprendido entre las fuentes del Carony y del Río Branco, al Sur de la cordillera de Pacaraina, el lago Parima está figurado como una cuenca de 30 leguas de diámetro, casi lo mismo que lo representa Joducus Houdius.
Las cartas geográficas expresan las opiniones y los conocimientos más ó menos limitados del que las ha formado, pero no figuran el estado de los descubrimientos. Lo que se encuentra dibujado en los mapas (especialmente en los siglos XIV, XV y XVI) es una mezcla de hechos comprobados y de conjeturas presentadas como hechos.
Sería sin duda desconocer los progresos de la geografía y las causas que los han apresurado, desacreditar los ingeniosos procedimientos del arte que combina lo conocido con lo desconocido. Los resultados de estos procedimientos sólo son temibles cuando el trazado de los mapas no presenta los medios de conocer lo que ha sido visto y lo que se supone que puede existir.
No debe perderse de vista en este problema la influencia que han ejercido en la representación del trazado de las costas y en la configuración general de los continentes, las opiniones, las conjeturas y los deseos excitados por los grandes intereses políticos y comerciales. Esta anticipación de las conjeturas á los descubrimientos reales y positivos, y los motivos más ó menos sólidos en que se funda, nos darán alguna luz acerca de la convicción que Magallanes tenía desde 1517 de la existencia de un estrecho que no descubrió hasta 1526.
Desde la expedición de Diego de Lepe (1500), y la observación que hizo este navegante de que, doblando el cabo de San Agustín, la costa empezaba á tomar la dirección de SO., podía conjeturarse en Europa la forma piramidal de la América del Sur. Las relaciones de posición geográfica de esta mitad del Nuevo Continente y del Africa son tales (y este hecho notable ha influído probablemente también, en el origen de las cosas, en la desigual prolongación de las tierras hacia el polo austral), que la gran convexidad del continente americano (el vasto promontorio brasileño), correspondiente á la sinuosidad opuesta del Africa, lejos de estar en el mismo paralelo con el golfo de Guinea, encuéntrase á trece grados y medio más al Sur.
Desde Cabo Verde á la desembocadura del Gambia, el Africa occidental se inclina ya al SE. á 15° de distancia del Ecuador, mientras en la América del Sud hasta el paralelo de 5° de latitud austral continúa prolongándose de NO. á SE.
La creencia de que era posible la circunnavegación del Africa, subsistió desde la más remota antigüedad á través de toda la Edad Media. Fundábase, no diré en hechos comprobados (los restos de los barcos españoles encontrados en las costas del mar Rojo no los constituyen seguramente), sino en la creencia de estos hechos y en el conocimiento más ó menos exacto de la forma trapezoidal ó piramidal del continente.
Mientras no se recorrían más que las costas occidentales hasta el cabo Bojador y las orientales hasta el Norte de cabo Aromata (Guardafuí), podía suponerse que Africa, lejos de estrecharse hacia el Sud, continuaba ensanchándose, y esta fué en efecto la opinión de Maríno de Tyro y de Ptolomeo[188], que desde el promontorio Prasum, al Sur del cabo Raptum, prolongaban el Africa oriental hacia el Este para unirla por medio de una tierra desconocida (especie de tierra austral) á Cattigara y al oriente de Asia.
Si se admite que esta ficción llega á la época de Hipparco y por tanto á la escuela de Alejandría, siglo y medio antes de nuestra era, y se compara el estado de los descubrimientos geográficos correspondiente á los tiempos de Eratosthenes, de Cratés de Malles (confundido por Mr. Gossellin en su Rech. geogr., t. I, pág. 104, con Cratés, el Cínico al hacerle, contemporáneo de Alejandro), de Posidonio y de Strabón, que admiten la posibilidad de la circunnavegación de Africa, con el que tenían en tiempo de Hipparco, de Maríno de Tyro y de Ptolomeo, se llega al triste resultado de que, en la antigüedad, las opiniones recientes son con frecuencia menos exactas que muchas de las que le precedieron (tres siglos transcurrieron entre Cratés, el comentador de Homero, y Ptolomeo).