En efecto; los sistemas, fruto de ciertas predilecciones ó de deferencia á la autoridad de un hombre celebre, permanecen independientes de los progresos de los descubrimientos y de la extensión creciente de la navegación. A pesar de estos cambios de opiniones, triunfa la idea de un mar libre y contiguo que baña la extremidad austral del Africa.
El gran crédito que dos escritores de mediana importancia, Mela y Solino[189], gozaban en España, en la patria de San Isidoro, en ese mismo país que llegó á ser en la Edad Media el centro de la literatura geográfica de los árabes, contribuyó mucho á rectificar las inducciones que en pro de la circunnavegación de Africa podían sacarse del comercio de la India, del golfo Pérsico y del Yemen con las costas de Azania, de Zanzíbar (Zanguébar), de Soffala y de la isla de San Lorenzo, el Magastar (Madagascar) de Marco Polo, cuyo litoral estaba desde muy antiguo habitado por tribus árabes.
Largo tiempo antes de Bartolomé Díaz y de Vasco de Gama, vemos la extremidad triangular de Africa representada en el planisferio de Sanuto, 1306, anejo al Secreta fidelium crucis y publicado por Bongars[190], en el Portulaneo della Mediceo Laurenziana de 1351, obra genovesa que el conde Baldelli ha dado á conocer[191] en el Planisferio de la Palatina de Florencia de 1417, discutido por el cardenal Zurla[192], y sobre todo, en el famoso mapamundi de Fra Mauro, construído en los años de 1457 á 1459[193]. Este último mapa especialmente, anterior en cuarenta años á la circunnavegación de Vasco de Gama, es el que presenta con mayor claridad el promontorio del Africa austral, con el nombre de Capo di Diab.
La configuración de esta extremidad del continente merece particular atención. Presenta el aspecto de una isla triangular, en la cual al NE. del Capo di Diab (nuestro cabo de Buena Esperanza) se encuentran inscriptos los nombres de Soffala y de Xengíbar, y está separada de la Abassia (la Abisinia), según las propias palabras del autor del mapamundi, «por un canal rodeado de altas montañas y frondosas selvas». Este canal, que tiene la dirección de NNE. á SSO. es tan estrecho, «que reina en él perpetua oscuridad y los remolinos que forma el agua hacen peligrar los barcos.» Tales indicaciones y el aspecto del mapa prueban que se figura la extremidad del continente como separada de la gran masa más boreal por un estrecho, que recuerda involuntariamente el de Magallanes.
Una inscripción puesta al lado del cabo de Diab indica que en 1420 dobló dicho cabo un barco indio, Zoncho de India (Junco de la India), viniendo del Este en busca de las islas de los Hombres y de las Mujeres (habitadas separadamente por los de cada sexo), que están más allá; y que después de cuarenta jornadas y de andar más de 2.000 leguas sin encontrar más que aire y agua, el buque indio volvió en setenta jornadas de navegación al cabo Diab, donde los marineros encontraron en la playa un huevo del tamaño de un tonel, que se reconoció ser del ave Crocho[194].
Observaré primero que esta dirección del rumbo del barco hacia el Oeste para buscar las Amazonas es contraria á la opinión generalmente admitida de que dichas mujeres, á quienes Marco Polo atribuye un obispo cristiano, y que no se comunicaban con los hombres sino durante la primavera, vivían muy cerca de Socotora (la Scara, según algunos manuscritos de Marco Polo, y la Scoria de Behaim).
Marsden[195], en su sabio comentario del viajero veneciano, sitúa l’Isola Mascola é Femina del Milione (libro III, cap. 33) á la entrada del golfo de Aden, entre Socotora, célebre por un mito árabe, relativo á una colonización que Aristóteles aconsejó á Alejandro, y el cabo de Guardafuí, y cree que estas islas de Marco Polo son los islotes de las Hermanas (Abd al Curia).
La ficción de las Amazonas ha recorrido todas las regiones, y corresponde al círculo uniforme y estrecho en el que la imaginación poética ó religiosa de todas las razas de hombres y de todas las épocas, se mueve casi instintivamente. Apenas descubrió Cristóbal Colón las Pequeñas Antillas al fin de su primer viaje, creyóse ya en las inmediaciones de una isla (Matinino) habitada por mujeres solas, «algunas de las cuales hubiera querido coger para presentarlas á la reina Isabel»[196].