En la ciudad de Nuremberg, tan rica en recuerdos de la Edad Media, hay, además del globo de Martín Behaim, que data del año 1492, otro globo construído en 1520 por Juan Schoner[229], célebre discípulo de Regiomontanus. Estos dos globos han sido frecuentemente confundidos, y el error ha llegado á ser tanto más grave, cuanto que Schoner, que emprendió su obra en Bamberg, por cuenta de su rico protector Juan Seyler, separa América en dos grandes masas continentales y figura en el globo el estrecho en el sitio donde Colón lo buscó inútilmente.

Ahora bien, en 1520 no se podía tener en Europa noticia alguna del descubrimiento de Magallanes, que no desembocó del estrecho hasta el 28 de Noviembre del mismo año de 1520. El paso del Mar de las Antillas al Océano Pacífico, indicado por Schoner[230], era, pues, producto de un espíritu sistemático y de las falsas ideas acerca de la expedición de Balboa. Sorprende ver que este error que indicamos durara tanto tiempo, pues lo hallo en un mapamundi del año 1546, que forma parte de una obra rara, Circuli Sphæræ cum quinque zonis, y que en nuestras bibliotecas públicas encuéntrase con frecuencia anejo al libro titulado Rudimentorum cosmograficorum Joan. Honteri Coronensis libri tres (Tig. 1578). En este mapamundi á Méjico se le llama Parias, y el repetir dicha falsa denominación en un globo muy antiguo de la biblioteca de Weimar, me hace creer que éste tiene alguna analogía de origen ó de época de redacción con la obra de Schoner ó el mapamundi de 1546. Acaso todos estos trabajos gráficos no sean más que copias de un mapa más antiguo sepultado en algún archivo de Italia ó de España.

El globo de Weimar, que figura en el catálogo como más antiguo que otro que lleva la fecha de 1534, presenta á Parias ó la masa septentrional de América separada á los 42° de latitud Sur por un estrecho de la tierra antártica á que da el nombre de Brasiliæ Regio, y que rodea una gran parte del polo austral. Además de este estrecho meridional, hay otro en el istmo de Panamá, á los 10° de latitud al norte del Ecuador, bastante ancho para que las olas de ambos mares sean figuradas sin interrupción. Un gran buque, saliendo del mar del Sur, ha atravesado felizmente el estrecho y viene de Zipangri (ubi auri copia), situado á unos 10° al Oeste del estrecho, y formando una isla entre los 12° y los 30° de latitud.

Estas fantasías llegaron hasta la China, como lo prueba el curioso mapamundi, cuyo conocimiento debemos á M. Klaproth[231], y que se funda en el Tratado de la esfera de un jesuíta portugués, el Padre Manuel Díaz (Yang mano). El autor del mapa publicado en Cantón en 1820, combina las nociones actuales de los europeos con lo que se conocía de cosmografía en la época de las dinastías de los Yuan, de los Ming y de los Mandchus. Figura tres pasos entre el Atlántico y el mar del Sur, á saber: el estrecho de Magallanes, y dos estrechos en el istmo de Panamá. Este istmo forma una isla llamada isla de San Andrés (Ching Ngan te tao), y deja, por tanto, dos pasos; uno al norte separado de la Vera Paz (Tching phing ngan, la verdadera paz) y otro al Sur, separado de Darien (Ta lian wan) y de Castilla del Oro. Véase, pues, un error en la denominación del estrecho (terrestre ó pelásgico) figurando hasta en los mapas chinos modernos; error antiguo, porque en Grecia ἰσθμὸς por catacresis significaba también algunas veces un brazo de mar[232].


XI.

Motivos que impulsaban al descubrimiento de América
á fines del siglo XV.

Los detalles de la historia de las ciencias sólo son útiles cuando se los reune y sistematiza, porque la acumulación de hechos aislados sería de una aridez fatigosa, si la investigación de los hechos no se hiciera con algún propósito de generalizar respecto á los progresos de la ciencia ó á la marcha de la civilización.

Los gérmenes que hemos descubierto en las obras de los escritores antiguos fueron fecundados por corto número de sabios de gran talento que brillan en la Edad Media.

En cada siglo existe un trabajo oculto, cuyo resultado en ideas, convicciones y esperanzas acrece insensiblemente el poder del hombre, y se manifiesta en acción cuando circunstancias aparentemente accidentales (coincidencias que revelan una necesidad en los destinos del mundo) favorecen el movimiento exteriormente.